jueves, 13 de noviembre de 2014

Velemos

Claro que la oración es mucho más que un recurso de defensa frente a la tentación o el pecado; la oración es la vida del alma; la oración es el camino privilegiado, no el único, pero es el camino privilegiado, el camino real de la gracia en nuestras vidas.
La oración es mucho más que un arma o que una herramienta, pero las palabras de Nuestro Señor hoy, esas palabras dramáticas dichas en el contexto de una despedida, nos invitan a que consideremos especialmente este aspecto de la oración, la oración como herramienta, como arma, como anticuerpo. Como el ataque a esa fortaleza que es el alma, como ese ataque tiene una dimensión fundamentalmente espiritual, más sutil que toda inteligencia, más penetrante que, incluso, nuestro propio inconsciente o subconsciente, o lo que digan los psicólogos.
Puesto que el ataque tiene esa sutileza y esa capacidad de penetración, muy pobre es nuestra defensa, si creemos que con nuestros manoteos racionales, emocionales o de costumbre nos lograremos defender.  Siendo Cristo quien era, cuando llegó el momento de la tentación allá en el desierto, venció. Venció en la oración y venció en la Palabra de Dios, pero yo quiero destacar otro hecho.
Dice el texto del Evangelista Lucas precisamente que, “el enemigo se retiró esperando el momento apropiado” San Lucas 4,13, así también sucede con nuestra propia vida, hay que saber que ninguna tentación está definitivamente vencida.
Aunque parecieran vencidas, incluso en nuestro pensamiento las raíces de toda tentación, siempre habrá una nueva sugerencia, una nueva sutileza, un nuevo desánimo que puede llevarnos o a desesperar de la salvación, o a desinteresarnos de la salvación de los demás, o a despreocuparnos de la gloria de Dios, o a preocuparnos sólo de nosotros mismos, o a engreírnos en las virtudes pasadas, o en fin, a no reconocer el paso de la gracia y del Espíritu en nuestras vidas.
Nos dice el Señor Jesucristo: "Aunque el único rostro de Dios que venga a nuestra mente sea el rostro de un juez desinteresado, inicuo, despreocupado de nuestro futuro, aunque eso suceda, hay que seguir golpeando a la puerta de ese juez”.
Hay que seguir golpeando su puerta, porque dice el Señor: “Aunque no lo haga por misericordia, lo hará para que dejemos de fastidiarlo” San Lucas 18,5. No es que Dios llegue a fastidiarse, sino que cuando uno está deprimido, está desanimado, así es como mira a Dios.
Al entrar en ese corazón descubrirás que no era ese el rostro de Dios. Lo importante es que siendo vencida la tentación y habiendo encontrado fortaleza y gracia en Él, ya podrás agradecerle, ya podrás bendecirle y glorificarle.
 Cristo resuene en nuestros oídos: “Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?” San Lucas 18,8. Profunda pregunta para que nadie se fíe ni siquiera de su capacidad de orar en las horas de desánimo, que nadie crea que ya tiene tan manejado todos los desánimos y depresiones que eso no le va a tocar a él.
Velemos y oremos, y que esta pregunta final de Cristo nos ponga en humildad, en sus manos, como dijo Jesús en otro contexto: “Para los hombres es imposible, pero Dios todo lo puede.

No hay comentarios:

Publicar un comentario