"Hoy ha sido, dice Jesús, la salvación de esta casa, también este es hijo de Abraham” San Lucas 19,9. “Ha entrado a casa de un pecador” San Lucas 19,6. para cobrar los Hay que tener claro este rostro de Zaqueo, hay que tener este rostro claro para admirarnos de la escena que hoy nos ofrece el evangelio: “Atravesaba la ciudad Jesús, y Zaqueo trataba de distinguir quién era Jesús” San Lucas 19,1-3. ¿Quién era Jesús? En esa inquietud, en esa especie de curiosidad ya había una primera obra de misericordia, puesto que Jesús era un mendigo trashumante.
Este corazón acostumbrado a ver lágrimas de dolor y de súplica, sin conmoverse. Las lágrimas de los pobres que le imploraban por Abrahám, por Isaac, por Yahvé que no fuera traidor, que no fuera miserable, que tuviera un poco de humanidad.
En el evangelio aparece, en otro registro, aparece una idea semejante. Los saduceos, la clase religiosa y política más establecida, la más amarrada a esta tierra, siente que el cielo es una amenaza.
Como es sabido de todos seguramente, los saduceos negaban espíritus, Ángeles, alma, resurrección, todo lo que tuviera que ver con levantarse un milímetro de las realidades de esta tierra, porque ellos habían logrado un equilibrio difícil, pero sumamente conveniente para ellos, con la clase dominante.
Eran los aliados de los herodianos, eran el engranaje fundamental que permitía al Imperio Romano permanecer en Palestina sin arrasarlo todo. Y de hecho, la historia mostró que cuando ese engranaje falló, pues los romanos entraron y despedazaron el Templo y lo que quedaba de aquella cultura judía.
Los saduceos eran conscientes de ese papel de puente que tenían, eran verdaderamente los pontífices, pero no por su vocación sacerdotal, porque ya no eran puentes hacia Dios, sino que eran puentes entre la realidad política de Palestina y el Imperio opresor.
Y desde esa realidad de puentes, sentían que cualquier predicación de cielo era una amenaza; de ellos surgió ese coro asustado el día de la Pasión de Cristo: “No tenemos más rey que el César” San Juan 19,15; "no nos podemos levantar de esta realidad terrena".
Desde esa perspectiva, le plantean esta burla que hemos escuchado en el evangelio: "¿Qué cielo puede haber ahí? ¿Cómo va a ser esa mujer casada con tantos hombres?" San Lucas 20,28-33.
Cristo toma el chiste, Cristo toma la burla y les presenta una realidad que los deja en silencio, que los deja sin respuesta, se trata de una participación en lo que Él mismo es: “Son como hijos de Dios” San Lucas 20,36; y en esta afirmación está retratándose Él mismo.
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