sábado, 1 de noviembre de 2014

Santidad


La santidad, está resumido por el mismo Señor Jesucristo: "Amarás a Dios sobre todas las cosas y amarás al prójimo como a ti mismo" San Marcos 12,33.
 "¿Qué es lo más importante?" San Marcos 12,28, y Él responde: "Lo esencial, lo fundamental es el amor, el amor a Dios y el amor al prójimo" San Marcos 12,33. Ese amor no se puede quedar ni en palabra ni en sentimiento; ese amor se traduce en realidades concretas y que han transformado y que van transformando la vida de la persona, esto significa que sin virtudes, sin virtudes reales y comprobables, no se puede hablar de santidad; pero no son estas virtudes las que hacen santa a la persona, sino la santidad la que hace virtuosa a la persona.
La Iglesia a la que pertenecemos, decimos que es una Iglesia santa, católica y apostólica.
Hay una santidad en la Iglesia. Antes de celebrar el heroísmo más o menos visible de una u otra persona, la santidad que la Iglesia celebra es la presencia eficaz del Espíritu en ella misma; la santidad que la Iglesia celebra no es solamente la esperanza de llegar a ser santo, sino la certeza de que el Espíritu de Cristo es indefectible en su obra dentro de la misma Iglesia.
La obra de la santificación o la obra de la santidad nos une en un lazo de caridad con muchas otras personas, tanto vivas en esta tierra como vivas en la gloria del cielo; esa unión de caridad que traspasa las barreras y las culturas y que llega a todo género de personas, a esa unión la llamamos la "comunión de los santos".

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