Buscarle
El que llega con plenitud de hambre de ese Dios, el que llega con plenitud de gozo y gratitud de ese Dios, como si hubiera multiplicado sus talentos, se alimenta por la eternidad de su Creador y Redentor, de su Amor, de su Santificador. Esta Eucaristía, entonces, que nos une a la fuente misma del amor, no sólo sea alimento para nosotros, sino sea aumento de hambre de Él, porque Él sacia sin hastío, colma nuestra esperanza y nuestro deseo; pero deja siempre en nosotros la capacidad de desearle más, de buscarle 
más, de servirle mejor.
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