domingo, 28 de septiembre de 2014
Sin tí no puedo
Donde mi vida se hace tenue, donde mi fe se hace vacilante, ahí donde soy dependiente, ahí donde puedo decir y tengo que decir: "Señor, sin ti no puedo", allí encontré el puente, ese es el puente de mi vida. cuando tú le muestras a Cristo tus llagas, Cristo te muestra sus Llagas, y Cristo dice: “Ahora somos de los mismos, ahora somos iguales, ahora nos entendemos”. ¡Que misterio este! La unión con Dios no se logró en el espectáculo ruidoso y glorioso del Sinaí sino se logró en Sión, el monte humilde, donde el rey humilde que no monta en caballo sino en un borrico, que no tiene lanza para herir sino bálsamo para curar, ahí donde está ese rey humilde, ahí se realizó el plan de Dios, allí se proclamó la Ley de Dios. Dice Santo Tomás de Aquino, que el gobierno del alma y el gobierno de todo nuestro ser de nuestras pasiones no se puede hacer como un tirano o un déspota. El gobierno de nosotros mismos tiene que llegar a través como de una comprensión de nosotros mismos, comprensión que no es permisividad, es ser comprensivos, es tener cariño para lo más débil que hay en nosotros, ese es el puente, entonces no lo destruyas, es tu puente. Segunda consecuencia. De aquí, tiene que surgir un amor inmenso a las Llagas de Nuestro Señor Jesucristo. Yo les pido que se enamoren de toda imagen de Cristo donde aparezcan las Llagas, y les pido que no se enamoren tanto donde no aparezcan sus Llagas. Las Llagas, la Sangre. Las Llagas de Cristo. Es tan necesario, así como usted le muestra a Cristo las llagas de usted, que Cristo le muestre las de Él. Hay santos que han tenido unas experiencias preciosas con las Llagas de Cristo. Gocémonos en la contemplación de Cristo, no por el dolor, sino por el amor que lleva hasta ese dolor. La tercera enseñanza es,como Cristo entra a tu alma por lo más humilde de tu alma, por lo más sucio de tu alma, estáte atento, igual puede pasar en una familia, igual puede pasar en una comunidad, igual puede pasar como pasó en el evangelio, a través de pequeños y de humildes. Estemos atentos, volvamos nuestra mirada a los humildes, seguramente Cristo nos está diciendo palabra. El prólogo del juicio de Cristo sobre tu vida. ¿No dice Él que “lo que hicieseis a uno de tus humildes hermanos, a mí me lo hicisteis"? San Mateo 25,40. Acerquémonos a los humildes, oigamos la voz de los humildes, estamos haciendo muchas cosas. Hay que pedirle mucho a Dios por los obispos, por caridad, por las entrañas de Cristo, Dios Santo, infunde tu sabiduría en nuestros corazones. Yo te clamo, Padre Celestial, envía el rocío de tu Espíritu sobre nuestras vidas. Perdóname a mí, perdóname, perdóname, que en lo que yo soy, debería callarme el resto de mi vida y dedicarme sólo a hacer penitencia y a orar. Señor, iluminar mi palabra y dígnate iluminar los corazones que oyen estas palabras. Dígnate, Señor, darnos la sabiduría de los humildes; danos el oído atento y permite que ya nunca más reneguemos de aquello en lo que somos débiles, porque ese es el puente que nos une contigo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)