¡Qué lenguaje tan suave! Pablo habla de la necesidad o de la puerta abierta al consuelo, porque su alma está desconsolada, Pablo estaba encarcelado en ese momento, la Carta a los filipenses fue redactada, fue dictada y escrita desde la cárcel.
El prisionero por Cristo como él le llamaba, le escribe a su comunidad amiga y les pide un consuelo, no el consuelo de que luchen por la libertad de él, -ya Pablo vivía casi despreocupado de lo que a él le sucediera-, lo que a él le consuela, lo que él busca no es ni su salud, ni su libertad, ni su felicidad, ni su bienestar, todo eso el lo tenía ya de alguna manera encomendado en las manos de Cristo.
“Si queréis darme el consuelo de Cristo si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas…” Carta a los Filipenses 2,1. Cuando uno sabe que Pablo estaba encarcelado, se imagina que lo que va a decir es: “Sáquenme de aquí”, pero él no dice eso; “Si tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría, mantenéos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir” Carta a los Filipenses 2,1-2.
El consuelo que el pide, la alegría que el pide no es ni su bienestar, ni su salud, ni su libertad, cosas tan preciadas y tan preciosas, lo que el pide es: “Sean concordes, sean unánimes” Carta a los Filipenses 2,2.
Es un mensaje que hoy Dios nos envía, envía la gran alegría, la gran manifestación de la gloria de Dios está en esto “manteneos unánimes y concordes”.
Unir distintas voluntades en un solo corazón, hacer caminar en un mismo ritmo a distintas personas, llevar por una misma senda, por un mismo trabajo y hacia un mismo fruto a diferentes hombres y mujeres, esa es una obra que sólo Dios puede hacer.
Pablo no pide para sí mismo ni para esta comunidad, no pide ni la salud, ni la libertad, ni el bienestar; lo que él quiere ver, lo que los ojos de este anciano Apóstol quiere contemplar, lo que puede ser verdadera alegría para uno que ame a Cristo, no es ver salud, a pesar que Dios hace milagros y cura enfermos.
Lo único que consuela los ojos de Pablo, metido en un calabozo,es la unidad, esa no la crea nadie, solo Dios.
La unidad, la concordia sólo la puede crear Dios, sólo Dios es capaz de crear unidad, sólo un Dios podemos encontrarnos y sentir, que siendo distintos no estamos distantes; sólo Dios puede hacer esa maravilla, y ese es el gran mensaje que Dios quiere que nosotros recibamos .
San Pablo, en la penumbra, tal vez en la oscuridad de ese calabozo, ora y llora por su amada comunidad de Filipos y de esa oración y de ese amor nació esta carta y mire lo que dice, “para que aprendamos como se logra la unanimidad no obréis por rivalidad ni por ostentación” Carta a los Filipenses 2,3.
La ostentación divide, si yo quiero figurar no quiero que nadie más aparezca, todo el que aparezca me estorba, necesito estar solo; “no os dejéis llevar por la ostentación” Carta a los Filipenses 2,3, y la ostentación nos tienta a todos.
¿Qué pista nos da San Pablo desde su calabozo, desde su oración, desde sus lágrimas? ¿Qué pista nos da san Pablo? La pista que nos da es esta: “Dejaos guiar por la humildad” Carta a los Filipenses 2,3.
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