martes, 16 de septiembre de 2014

Rayo


No sabías nada del pequeño niño que crecía dentro de ti como un rayo de luz, sin embargo, nos lo has dado, en el primer ciclo de invierno, y guardabas en tu corazón la espera de lo que te diría.

Nuestra Señora de los tiempos secretos del Evangelio, ayúdanos a ver la cosecha madurando. No entendemos completamente las tempestades de donde surgen estos tiempos nuevos, estos tiempos en los que muchos de nuestros hermanos lloran de solitud y de pobreza, en los que nuestros hermanos son las primeras mazorcas cosechadas, a veces en la tormenta y en la gracia.

Nuestra Señora para siempre vestida del esplendor del despertar de tu Hijo, ven a ayudarnos a llevar la larga paciencia donde nace el Reino, ven a enseñarnos a tu Hijo Mediante las lágrimas de María, Dios nos dice que Él participa en “las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las ansiedades de los hombres” (Gaudium et spes, 1).

El lenguaje de las lágrimas es un lenguaje universal, que manifiesta la compasión de Dios. Y la Iglesia, que recibe de María este mensaje, es llamada a ser su embajadora .

Las lágrimas de María nos curan de la ceguera de la pereza, de la impaciencia y de la tristeza. Son lágrimas de compasión, que nos impiden caminar, indiferentes cuando vemos a una persona en dificultad, y nos llevan a estar cerca de la gente.

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