No sabías nada del pequeño niño que crecía dentro de ti como un rayo de luz, sin embargo, nos lo has dado, en el primer ciclo de invierno, y guardabas en tu corazón la espera de lo que te diría.
Nuestra Señora de los tiempos secretos del Evangelio, ayúdanos a ver la cosecha madurando. No entendemos completamente las tempestades de donde surgen estos tiempos nuevos, estos tiempos en los que muchos de nuestros hermanos lloran de solitud y de pobreza, en los que nuestros hermanos son las primeras mazorcas cosechadas, a veces en la tormenta y en la gracia.
Nuestra Señora para siempre vestida del esplendor del despertar de tu Hijo, ven a ayudarnos a llevar la larga paciencia donde nace el Reino, ven a enseñarnos a tu Hijo Mediante las lágrimas de María, Dios nos dice que Él participa en “las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las ansiedades de los hombres” (Gaudium et spes, 1).
El lenguaje de las lágrimas es un lenguaje universal, que manifiesta la compasión de Dios. Y la Iglesia, que recibe de María este mensaje, es llamada a ser su embajadora .
Las lágrimas de María nos curan de la ceguera de la pereza, de la impaciencia y de la tristeza. Son lágrimas de compasión, que nos impiden caminar, indiferentes cuando vemos a una persona en dificultad, y nos llevan a estar cerca de la gente.
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