domingo, 14 de septiembre de 2014

Señor Dios, infúndenos ese Espíritu de amor que nos haga libres de cualquier otra motivación, de manera que cualquier persona que nos conozca tenga que decir: "Lo que está haciendo, lo está haciendo por amor, debe estar muy enamorado de Dios para hacer lo que hace. Dios existe y está amando, y yo le he visto".
La esperanza activa es el mantener el corazón en Dios, pero a la vez reconocer que el tiempo que Dios nos da, no puede ser un tiempo inútil. Es tiempo para sembrar el mensaje, es tiempo para dar testimonio, es tiempo para formar nuestro corazón profundizando en su Palabra, es tiempo para atender a los desvalidos, para cultivar y acrecentar la esperanza también en ellos.
La esperanza activa es nuestro lema, es nuestra posición, es nuestra actitud. Y lo propio de esta esperanza:
Nosotros evitamos el materialismo y el espiritualismo. Buscamos algo distinto, que es la genuina espiritualidad, la convicción de lo que Dios ha hecho y está haciendo por nosotros como preludio de lo que Él y solamente Él, hará al final de los tiempos. Esa es nuestra fe.
Se resume muy bien en aquello que proclamamos después de la Consagración Eucarística. Porque es una mirada al pasado, el presente y el futuro: "Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!"
"Anunciamos tu muerte", es el reconocimiento de lo que Dios ha hecho. "Proclamamos tu Resurrección", es porque anunciamos que Él vive; en el presente vive resucitado de entre los muertos. "¡Ven, Señor Jesús!", es la súplica para que se complete esa obra, es la súplica para que ese futuro, que sólo viene de Dios, nos alcance.

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