El Salmo 119 o 118, se presenta el amor a la voluntad de Dios. Este unirse completamente al designio de Dios, se muestra como una cosa más fuerte que lo que pueden dar los ancianos y lo que pueden dar los maestros. Es algo que está por encima de toda palabra humana.
¡Ven, entonces, Señor Jesús! ¡Ven con tu amor y con tu poder! ¡Ven a nosotros! ¡Danos la experiencia tremenda, apasionante, fascinante del Espíritu! ¡Danos la sabiduría que sólo brota de la Cruz!
¡Danos, Señor, esa confianza radical en lo que tú puedes hacer! ¡Danos palabras que dejen a las personas suspendidas, colgadas completamente de tu designio! ¡Danos, Señor, palabras que inflamen los corazones, palabras que los dejen deseosos de amar y convencidos de que son amados!
Así lo suplico, así lo pido, Señor Jesús, en unión con mis hermanos. Porque tú nos has mostrado amor, porque tú llegaste hasta el extremo y porque la memoria de ese amor está con nosotros cada vez que celebramos el Santo Sacrificio.
En tus amorosos brazos yo deposito mi hijos, para que por medio de tu poderosa intercesión puedan alcanzar una genuina conversión a Cristo Nuestro Señor.
A ti también apelo, madre de las madres, para que pidas a nuestro Señor me conceda el mismo espíritu de oración incesante que a ti te concedió.
Todo esto te lo pido en atención a los méritos del mismo Cristo, Nuestro Señor. Amén.
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