La humildad une ¿y en donde recibimos la humildad San Pablo dirige nuestros ojos al misterio de la humillación Carta a los Filipenses 2,5.
Encontraremos el camino de la humildad no mirando a los otros y comparándonos con los otros: “A ver, empiece usted por la humildad y sigo yo”, “vaya adelante y yo sigo”, “pongámonos de acuerdo y seamos humildes todos: ya, desde mañana temprano, todos humildes”, eso no funciona.
La humildad no nace así. San Pablo, que conoce tan bien el misterio de Cristo y que conoce tan bien el alma humana, nos dice lo siguiente: “El camino de la humildad se encuentra en la calle de la humillación” Carta a los Filipenses 2,5-10.
Pero a ninguno de nosotros nos gusta que nos humillen, San Pablo no habla de la humillación de nosotros, la humildad de nosotros y este es el misterio más grande, tal vez, del día de hoy; la humildad de nosotros se encuentra en la humillación de Jesús, la humillación de Jesús es la que nos lleva a ser humildes nosotros.
Cuando uno mira a Jesús como está en estas estaciones del Vía Crucis, por ejemplo, como está en los misterios del Rosario, como está en el pesebre de Belén, como está en la humildad y la humillación de la Hostia y del Sagrario.
Como está el abajamiento de Cristo regalando perdones por manos de un sacerdote, cuando uno mira a Jesucristo en ese tamaño de humildad, uno se siente un payaso, ridículo por todas las cosas por las que uno ha pretendido ser orgulloso y vanidoso y aplastar a otros.
San Pablo dice: “tened entre nosotros los sentimientos de Cristo” Carta a los Filipenses 2,5, y entonces transcribe un himno, que según los entendidos, tal vez ya existía aquella época: “A pesar de su condición divina no hizo alarde de su categoría de Dios; actuando como un hombre cualquiera se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y muerte de cruz” Carta a los Filipenses 2,6-8.
Lo más interesante es cuando nos damos cuenta de qué es lo que sí vale la pena, eso es madurar humanamente, eso es crecer cristianamente, porque las dos cosas tienen que ir unidas, la madurez humana y al mismo tiempo el crecimiento espiritual.
El crecimiento en Cristo, el crecimiento cristiano, las dos cosas tienen que ir juntas y las dos cosas crecen cuando uno se da cuenta qué es lo que vale la pena discutir y qué es lo que no vale la pena discutir; a través de la humildad llegamos a la unidad, y a través de la humillación de Cristo llegamos a la humildad nuestra.
El misterio de la Cruz de Jesús es el misterio de la humillación de Jesús, contemplado se vuelve misterio de humildad que derriba todos mis ídolos y me muestra la verdad de mi alma, me permite por fin reírme de mí y ganar un poquito de humildad, y cuando ganamos humildad empezamos a descubrir una cosa que es bellísima.
El Espíritu Santo llega nos empieza a colmar del recuerdo, de la memoria y del perfume de Jesús, y empezamos a sentir lo que es ese amor que tuvo Cristo y la grandeza que tuvo cuando más abajo lo tenían, y empezamos a sentir que somos todos unos grandes payasos y unos grandes ridículos, y empezamos todos a reírnos de los ridículos que hemos sido.
El camino de la Cruz, de la humillación de Jesús me permite la unidad de mi corazón poder derribar mis ídolos para poder abrazar a mis hermanos, para poder encontrarme con ellos y amarlos, , esa es una experiencia de unidad, es una experiencia maravillosa.
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