jueves, 25 de junio de 2015

Alianza

Jesús dijo: "Este es el Cáliz de la alianza nueva y eterna". A esa nueva alianza, a la alianza de Jesús, ya no le siguen más alianzas, por una sola razón: porque es una alianza que sí resulta efectiva, y sí resulta efectiva porque ahora Dios está en los dos lados de la alianza. Él permanece fiel, desde luego, pero Él también concede su fidelidad obrando en nuestros corazones y transformándolos según su designio, según su voluntad, según su amor. Eso es lo que nos trae de nuevo esa alianza de la que nos ha hablado Jeremías.
Hermanos míos, el Sacrificio Eucarístico, la Santa Misa, ¿qué es la Santa Misa? Es precisamente la actualización, no es ni siquiera una renovación, no es que estemos repitiendo, es que estamos actualizando, nos estamos uniendo al sacrificio único de Jesucristo.
Como dijo San Juan Crisóstomo: "Es un solo sacrificio", porque no es que en cada Misa sacrifiquemos un Cordero distinto. Siempre es el único Cordero de Dios sacrificado en el Calvario, hecho presente para nosotros en este bendito y saludable sacramento.
Agradezcamos a Dios por su misericordia, agradezcamos a Dios por su piedad, y abramos ampliamente las puertas del corazón, para que el poder del Espíritu escriba las cláusulas de la nueva alianza, allí donde Dios quiere llegar a nosotros.
. lectura del profeta Abacuc nos presenta ese versículo que, seguramente, recordamos por algunos textos del Evangelio. ¿Te acuerdas de: “¿El justo vivirá por la fe”? Habacuc 2,4; Carta a los Romanos 1,17; Carta a los Gálatas 3,11; Hechos de los Apóstoles 3,38.
Resulta que Jesús insiste en el tema de la fe muchas veces, también en el evangelio de hoy: “Si tuviera fe como un granito de mostaza” San Mateo 17,20; si tuvieras aunque fuera esa fe, esa fe pues se convertiría en un árbol robusto, en un árbol grande en tu vida.
Pero, Jesús habla de la fe, y Abacuc habla de la fe. Tengamos en cuenta que en la lengua hebrea la fe y la fidelidad están tan relacionadas, que prácticamente utilizan la misma palabra, y ambas están relacionadas con una actitud de radical confianza.
La idea fundamental cuando se habla de fe en la lengua hebrea, no es un credo, no es una serie de afirmaciones como cuando nosotros decimos: “Creo en Dios Uno y Trino, creo en la presencia de Cristo en la Eucaristía, creo que Dios ha creado Ángeles, Creo en una vida eterna junto a Dios”.
La fe, en primer lugar, no se refiere ahí a unos contenidos, sino se refiere más bien a una actitud de vida de aquel, que por describirlo con las palabras del Apóstol Pedro, “se arroja en las manos de Dios”. Aquel que arroja sus preocupaciones, y se arroja él mismo en las manos de Dios.

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