“La Congregación para la Evangelización de los Pueblos y las Obras Misionales Pontificias tienen el privilegio de ser proyectadas más allá de las fronteras de sus iglesias locales y de su propia patria”, aseguró el purpurado.
“Nuestro servicio misionero y nuestras instituciones están en el corazón de la Iglesia”. El cardenal hizo hincapié en tres eventos significativos. En primer lugar el Año de la Vida Consagrada, “que debe fomentar un impulso de la evangelización del hombre contemporáneo, a través del testimonio de Cristo con una radicalidad evangélica renovada, con la creatividad de la caridad, y el papel profético, necesario y urgente en nuestro tiempo”.
El Jubileo extraordinario de la Misericordia, que “puede ser una razón de peso para impulsar con más coraje nuestras actividades”. Señaló el 50 aniversario de la publicación del Decreto conciliar Ad Gentes sobre la actividad misionera de la Iglesia, a la que ya se han dedicado varias iniciativas y que será el tema de la sesión plenaria de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, en noviembre. Este evento “será un momento fuerte, destinado a estimular una lectura de la situación de las Iglesias en los territorios de misión, de la obra de la evangelización, de las dificultades que hay que afrontar hoy y del servicio especial que requieren de la Congregación”.
Se reflexionó sobre el tema de la sesión pastoral de la Asamblea, “Cómo sostener la misión de hoy y de mañana”, leído a la luz de la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, subrayó la necesidad de que “en esta búsqueda regresemos a lo esencial”. A propósito de los criterios adecuados para la cooperación misionera moderna, observó que ésta “no puede agotarse en la recogida de donaciones, que sin embargo son necesarias para financiar y ayudar a las Iglesias locales para hacer su servicio en el cuidado pastoral y la evangelización”.“Hay que formar a las personas al verdadero significado de la Iglesia, tal como expresaba el beato Pablo VI”.
Se habló de la importancia de la cooperación eclesial. Al respecto indicó que los nuevos sujetos misioneros y los diversos organismos eclesiales nacidos sobre todo después del Concilio “tienen todos como objetivo la actividad evangelizadora y la ayuda a las Iglesias de los territorios de misión”, las Obras Misionales Pontificias “deben insertarse en esta programación misionera, conscientes de que la responsabilidad misionera, que han ayudado a crear en toda la Iglesia, ahora es un elemento que caracteriza a todas las Iglesias locales
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