La Escritura Sagrada habla para que nuestro corazón y nuestra mente humana entienda que ha de ponerse en camino, entiendan en qué dirección y hacia dónde está ese Infinito para el que hemos sido creados.
La Escritura Sagrada, cuya plenitud es Jesucristo, se hace camino con nosotros. Puesto que el ser humano es peregrino, Dios también se hizo peregrino con su Palabra.
Acompaña con su predicación nuestros pasos, continuamente, iluminando nuestro corazón. Calentando nuestro corazón en su amor, lo va dirigiendo hacia el Infinito. De ese modo transcurren los días en esta tierra, hasta que más allá de esta tierra, ya sin ruido de palabras, podamos encontrarnos con la Palabra.
Para que ya no sean muchos los amores ni muchas las providencias, sino uno sólo el don y uno sólo el amor. Después de haber oído todas estas palabras en la tierra, será una sóla palabra, su Verbo, el que en el Cielo nos declare que Él es Dios.
Luego de haber experimentado de tantos modos su ternura y su solicitud en esta tierra, será un sólo amor, un sólo viento y una sóla llama, su Espíritu, el que nos incendie en éso mismo que Él es.
El soldado atraviesa el Corazón de Cristo, atraviesa el costado de Cristo. San Juan nos dice, que, "ahí se cumplió lo de la Escritura: Mirarán al que traspasaron" San Juan 19,36-37.
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