Por eso hay un avance real entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, y ese avance está marcado, realmente, por una palabra que es la palabra Evangelio. En el Antiguo Testamento, fe y fidelidad parecían lo mismo.
El que le cree a Dios, es el que se comporta delante de Dios, es el que vive delante de Dios como una persona fiel, que respeta y obedece y cumple la Ley, y eso es en el fondo lo que estaba diciendo Abacuc.
A pesar de todas las cosas que sucedan, pues el que permanezca en la fidelidad, ese vivirá. Es decir, lo de Abacuc tiene una invitación a perseverar, a permanecer en total confianza frente a Dios, y eso está muy bien.
La Buena noticia, que es Jesucristo y que viene con Jesucristo, entendemos que es para llegar a la fidelidad, necesitamos primero la fe, necesitamos aceptar la buena noticia, necesitamos primero acoger la Buena Noticia, para que esa noticia nos transforme y haga posible que seamos obedientes a Dios. En el fondo, escuchar y obedecer.
La palabra escuchar, como nos dice Pablo “La fe viene de la escucha” Carta a los Romanos 10,17, y la palabra obedecer, “Esa palabra reclama de nosotros la obediencia de la fe" Carta a los Romanos 10,17.
Otros hablan del modo indicativo y el modo imperativo. El modo indicativo es la noticia, es aquello que se nos cuenta. “Jesús ha venido al mundo para darte vida”; eso es modo indicativo, de ahí surge un imperativo: “Así como tú has recibido vida, transmite vida a tus hermanos a través de tu testimonio, a través de tu justicia, tu amor, tu solidaridad, tu predicación”. Que la gloria y la alabanza sean para Dios, de quien procede todo don perfecto.
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