domingo, 14 de junio de 2015

Revelación

Contigo, lo podemos hacer todo, Señor el profeta Abacuc nos presenta ese versículo que, seguramente, recordamos por algunos textos del Evangelio. “¿El justo vivirá por la fe”? Habacuc 2,4; Carta a los Romanos 1,17; Carta a los Gálatas 3,11; Hechos de los Apóstoles 3,38.
Resulta que Jesús insiste en el tema de la fe muchas veces, también en el evangelio de hoy: “Si tuviera fe como un granito de mostaza” San Mateo 17,20; si tuvieras aunque fuera esa fe, esa fe pues se convertiría en un árbol robusto, en un árbol grande en tu vida.
Pero, Jesús habla de la fe, y Abacuc habla de la fe. Tengamos en cuenta que en la lengua hebrea la fe y la fidelidad están tan relacionadas, que prácticamente utilizan la misma palabra, y ambas están relacionadas con una actitud de radical confianza.
La idea fundamental cuando se habla de fe. son una serie de afirmaciones: “Creo en Dios Uno y Trino, creo en la presencia de Cristo en la Eucaristía, creo que Dios ha creado Ángeles, Creo en una vida eterna junto a Dios”.
La fe, en primer lugar, se refiere más bien a una actitud de vida de aquel, que por describirlo con las palabras del Apóstol Pedro, “se arroja en las manos de Dios”. Aquel que arroja sus preocupaciones, y se arroja él mismo en las manos de Dios. Es una actitud de entrega. La palabra fundamental es esa: es como esa confianza, esa entrega, saber en quién puedo apoyarme y vivir apoyado en Él. Una persona es creyente, bueno, porque acepta, porque acoge lo que Dios le ha dicho. Entonces, fíjate que si aparece ahí una diferencia, esa diferencia no estaba originalmente en la lengua hebrea.
Pero a medida que va avanzando la revelación, nos vamos dando cuenta que sí hay una diferencia entre fe y fidelidad, porque lo propio de quien tiene fe es ser creyente, y lo propio de quien tiene fidelidad es ser fiel. Ser fiel y ser creyente, y lo que venimos a descubrir es: sólo si empezamos siendo creyentes, llegaremos a ser fieles.

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