Después de esa predicación, que tal vez no se diera toda en el mismo día, pero en todo caso, después de ella, Jesús pasa a la sanación.
Con sus palabras vence nuestra ignorancia, así como con su poder vence nuestras enfermedades. Y es que en verdad, la ignorancia es como la enfermedad del alma. Y en verdad, sanando nuestras enfermedades, manifiesta también la verdad de sus divinas palabras.
Presentándose así, como médico, muestra hasta dónde es Médico de nuestro entendimiento; es decir, hasta dónde es realmente Maestro nuestro. La humilde súplica que hace el leproso, es como un modelo de lo que es la verdadera oración de petición, de aquella que pone toda su confianza en el poder del Señor, de aquella que no oculta la herida, de aquella que no teme el ridículo ni se detiene por respetos humanos.
Miremos lo que ha hecho el leproso, y encontraremos ahí todo un modelo para nuestra propia vida.
"Lo siguió muchísima gente" San Mateo 8,1. Sabemos que los leprosos estaban excluidos
de las multitudes. Incluso de acuerdo con alguno de los textos de la Ley, tenían que ir gritando: "¡Impuro! ¡Impuro!", para que se alejara la gente, para que no estuvieran con él.
Pero, este hombre, llevando la Ley a su plenitud, movido de profunda confianza en quien puede sanarlo, se acerca. Y así dice el evangelio: "Se le acercó un leproso" San Mateo 8,2.
No le importa la gente, no le importa lo que digan los demás. Él sabe lo que necesita, y por eso se acerca donde Aquel que puede sanarlo. "Se arrodilla" San Mateo 8,2; este es el gesto de humildad, el gesto de humillación.
Expresa su súplica, convierte en palabra su dolor: "Señor" San Mateo 8,2, le llama a Cristo; es la apelación de aquel que se reconoce siervo.
"Si tú quieres,..." San Mateo 8,2; con estas palabras, pone toda su confianza en la voluntad de Dios y no alega mérito alguno. No reniega de su suerte, no maldice de lo que le ha sucedido, no le echa la culpa a nadie.
Simplemente, se pone en manos del que puede hacerle bien, sin importarle quién le haya hecho mal. "Si quieres, puedes limpiarme" San Mateo 8,2.
¡Esta es la súplica! "Si quieres, puedes limpiarme" San Mateo 8,2. ¡Venga a nosotros el mismo Espíritu que movió a este leproso a suplicar y a obtener sanación!
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