jueves, 11 de junio de 2015

cCuerdas humanas

"Cuando Israel era joven, le amé" Oseas 11,1. "Con cuerdas humanas, con correas de amor lo atraía" Oseas 11,4.
En esta parte se nos describe el cuidado que Dios tiene de su pueblo, como el cuidado que tiene un padre de su hijo, o como el que tiene un amado de su amada.
 "Se me revuelve el corazón, se me conmueven las entrañas. No cederé al ardor de mi cólera, que soy Dios y no hombre" Oseas 11,8-9.
Habla a la manera humana para que le entendamos. Mas, nos dice que no es humano, para que confiemos en Él, más de lo que confiamos en nosotros mismos.
Se manifiesta con sentimientos humanos, se presenta con entrañas capaces de conmoverte. Pero, luego nos muestra que la conmoción de sus entrañas y que la altura de su amor, superan lo que alcanzan nuestros anhelos y lo que pueden nuestras entrañas.
Así es también la revelación en la Sagrada Escritura. Dios habla de manera humana; dice que extiende su brazo, dice que arde en cólera. Y sin embargo, siendo Dios, ni entra en cólera, ni tiene un brazo para extender.
Hablándonos así, se aproxima a nuestra humanidad y hace que nosotros de alguna forma comprendamos el mensaje. En el momento decisivo, no obstante, también nos hace entender que ese lenguaje nuestro, no es suficiente; que ningún brazo tiene el poder que tiene Dios, que ningún perdón, que ningún olvido humano, se asemeja al perdón de Dios.
Es lo que nos ha mencionado la segunda lectura. Dice San Pablo, que, "pide a Dios, nos conceda robustecernos en lo profundo de nuestro ser, para que abarquemos lo mismo que los Santos: lo ancho, lo largo, lo alto, lo profundo, comprendiendo lo que trasciende toda filosofía, el amor cristiano" Carta a los Efesios 3,16-18.

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