viernes, 17 de enero de 2014
2 Cor 12,9
"Te basta mi gracia, en la debilidad se muestra perfecta mi fortaleza" 2 Corintios 12,9. San Pablo tenía muchas fortalezas, había muchos aspectos de su vida en los que Él podía sentirse fuerte, sano, justo.
“No necesitan médico los sanos; no he venido a llamar a los justos" San Marcos 2,17. San Pablo tenía muchas áreas en su vida en las que estaba muy sano y muy fuerte,sin lugar a dudas, era una persona inteligente.
Por lo pronto, hablaba dos idiomas, si no tres: sabemos que hablaba arameo, que era la lengua de Jesús, la que se hablaba en Palestina; sabemos que hablaba griego, griego koiné, que era la lengua común en el Mediterráneo, probablemente sabía también latín, que era el idioma del Imperio Romano porque el mismo San Pablo era ciudadano romano.
Así que era un hombre inteligente, con dos o tres idiomas; una preparación intelectual sobresaliente, partamos de la base de que era un hombre que sabía leer y escribir en una época en que eso debía ser considerado un privilegio; un hombre fuerte, más bien de buena salud, aunque tuvo sus quebrantos; un hombre inteligente que sabía abrirse paso, que sabía trabajar con sus propias manos y que se movía en la cuenca del Mediterráneo
Pero todas esas fortalezas tenían que convivir con esa otra debilidad, ese aguijón extraño que él tenía. Y la tendencia de San Pablo era despreciar ese aspecto de su vida, quería deshacerse de eso: "¡Quítame eso! Quítamelo, Señor!" Dios no le hizo caso, como diciendo: "Necesito que tú aprendas a reconocer tu debilidad, necesito que no te me sientas fuerte por todas partes, necesito que no te me creas demasiado, necesito que haya algo en tu vida que también te humille para que también tu, lo mismo que los demás, puedas suplicar con la sinceridad del corazón: "¿Ayúdame, Señor, sin ti nada puedo!"
Porque es que aquellos aspectos de nuestra vida en los que estamos más necesitados, en lo que nos sentimos más débiles, en los que nos sentimos más enfermos, en esos aspectos de la vida es donde la oración se vuelve un hilo de oro, un hilo de súplica dorada; es ahí, ahí donde nos sentimos más débiles, ahí donde nos sentimos más enfermos, es ahí donde aprendemos a orar con el corazón, no a orar simplemente por decir unas palabras, por quedar bien, por cumplir con una norma.
sucedió que un sobrino que yo tengo, nació con una deficiencia, vamos a llamarlo una deficiencia, yo no sé cuál es el nombre técnico de eso, es autista.
Y uno hace muchas oraciones, como religioso, como sacerdote, uno hace muchas oraciones. Aquí estas monjitas viven haciendo oraciones por todo el mundo, pero el día que le tocan la vida, la salud a esa monjita, la familia a esa monjita, ah, esas oraciones quizás salen con otro tono, porque en ese momento uno siente algo diferente. Y eso me pasó a mí cuando mi familia tuvo que enfrentar esa situación.
Poco a poco, en mi familia hemos ido aprendiendo que Dios estaba bendiciendo, estaba bendiciendo nuestro hogar con ese niño, pero eso toma tiempo para entenderlo, eso no es de un día para otro, y mientras tanto uno tiene que aprender a orar de otra manera.
Y por supuesto que nuestra primera súplica cuando apareció ese diagnóstico era: "¡Señor, quítanos, quítanos eso! Que desaparezca esa enfermedad, que no tengamos ese problema, que eso se vaya". Uno obra de ese modo, pero a través de ese camino Dios ha hecho toda una transformación de corazones en mi hogar, en mi familia.
Jesús nos dice: "No necesitan médicos los sanos, sino los enfermos" San Marcos 2,17. En la persona de Jesucristo. ¿Y cómo encontrarse con Jesucristo? En la realidad de nuestras deficiencias, de nuestras enfermedades, ahí donde nos sentimos débiles.
Una vez le preguntaron a San Francisco de Asís:Y la respuesta de San Francisco fue: "Porque no encontró otro peor"; él mismo se consideraba expresión viva de la misericordia divina, él mismo consideraba que él era parte de esos que la sociedad llamaría: los enfermos, los que no cuentan, por muchas razones: a veces por pobres, a veces por pecadores, a veces por incoherentes; él mismo se sentía más del lado de los réprobos, y por eso, quizás, tenía tanta sensibilidad al milagro de la gracia.
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