"El que se humilla será ensalzado y el que se ensalza será humillado" San Lucas 14,11.
El principio paulino: "No toméis la justicia por vuestra mano; dejad que obre el Señor" Carta a los Romanos 12,19.
Se cumple : "Sed santos como yo soy santo" Levítico 11,44;Levítico 11,45, y aquello de: "Que vuestro corazón sea todo para el Señor, como lo es hoy" Deuteronomio 4,39, que leemos en el libro del Deuteronomio.
Si el corazón no está del todo en Dios, esas ráfagas de Dios lo que van a ocasionar en nuestra vida es inestabilidad, la sensación a veces de que nos da demasiado y de que no podemos agradecerle, y la sensación otras veces de que nos exige demasiado y de que no podemos responderle.
En esa doble sensación, esa alternancia de que es demasiado bueno y nosotros demasiado malos, pero luego, que es demasiado exigente y nosotros demasiado débiles, esa alternancia de exigencias termina por desquiciar la mente, termina por hacerle sentir a uno, que uno es demasiado ingrato y que uno es demasiado impotente.
Esto produce amargura en el corazón, esto produce desesperación en el alma, esto produce finalmente el buscar otros poderes sobrehumanos que nos auxilien contra Dios.
Lamentablemente, ése será el desenlace en la vida de Saúl. Saúl terminará desobedeciendo descaradamente a Dios, para buscar a una espiritista, a una médium o medio que le invoque a Samuel, porque necesita por lo menos ese poder: la vida se le ha vuelto intolerable.
Que el ejemplo de David nos haga recordar que sólo la unción de Dios puede reinar en nosotros y nos invite a ser totalmente de Él, porque sólo así encontramos verdadera paz.
Todo para Él: esto significa, toda nuestra inteligencia, todo nuestro pasado, todos nuestros proyectos, todos nuestros miedos, toda nuestra imaginación, todos nuestros afectos.
De todo éso nos libre Dios y por la gracia de su Espíritu nos una a su Reino prefigurado en David, realizado en Jesucristo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario