jueves, 30 de enero de 2014

Arca

 
El arca de la alianza en medio de los ejércitos israelitas, es uno de los primeros ejemplos, el primero de todos, de cómo Dios no soporta ser tratado supersticiosamente. Se puede relacionar este pasaje con la manera como hablaban del templo los judíos en tiempos de Jeremías. "No andéis diciendo", -predica Jeremías-, "es el templo del Señor, es el templo del Señor" Jeremías 7,4. Le parecía imposible a mucha gente, que Jerusalén fuera tomada por Nabucodonosor, porque ahí estaba el templo del Señor.
También les parecía imposible a estos israelitas, que los fueran a vencer los filisteos, si tenían en medio el arca de la alianza.
Pero la segunda derrota que tuvieron, según la narración , fue peor, mucho peor que la primera, no sólo por haber perdido el arca, sino porque junto con el arca, se perdieron muchas más vidas, treinta mil, -primero habían sido cuatro mil-; junto con el arca y con esas vidas, se perdieron dos sacerdotes, los principales sacerdotes de Siló: Hofní y Finees.
Dios no soporta, Dios no admite ser tratado como un talismán, como un seguro de vida. Eso es volver a Dios una cosa, y Dios no es una cosa, ni una fuerza, ni una energía, ni un seguro como los seguros de vida.
Cuando empezamos a tratar a Dios como un seguro, como un talismán, entonces estamos en el terreno de la magia y no en el terreno de la fe; estamos en el terreno de la superstición y no en el terreno de la alianza; estamos pretendiendo que Dios esté en nuestras manos, y no estamos poniéndonos en las manos de Dios.
Seguramente nosotros diremos: "Bueno, pero esas supersticiones se daban sólo en el Antiguo Testamento, por la continua tentación de idolatría de aquella pobre gente". ¡No! El Nuevo Testamento también nos habla de las falsas seguridades, y son también seguridades religiosas.
Jesús dice: "No todo el que me diga "Señor, Señor", entrará en el Reino de los Cielos" San Mateo 7,21. O sea que también el nombre de Dios puede convertirse en una falsa seguridad, así como lo ha sido el templo de Dios, o el arca de la alianza de Dios.
 "Señor, Señor"; hay que hacer la voluntad del Padre. Hacer la voluntad del Padre no es obedecer servilmente, ciegamente, es entrar en la alianza. Dios no quiere ser tratado como una superstición, sino como un Dios vivo. ¡Un Dios vivo!
En el Nuevo Testamento. Jesús dice, que algunos que tocarán, no podrán entrar al Reino de los Cielos; tocarán a la puerta, pero no pasarán de la puerta. Serán de aquellos que habrán hecho milagros: "En tu Nombre expulsamos demonios" San Mateo 7,22.
Uno puede tener la fe muy clara y muy muerta. Nos advierte efectivamente la Carta de Santiago, que "la fe sin obras está muerta" Carta de Santiago 2,17; Carta de Santiago 2,26.
Entonces este acontecimiento no es un simple accidente, no es una simple anécdota del pueblo de Israel; es como una especie de, llamémoslo así, ley en nuestro trato o amistad con Dios, una especie de ley.

"¡Ah! Entonces se trata de proclamar al Señor. Pero los que dicen "Señor, Señor", tampoco". Luego, ¿en qué puede apoyarse uno? ¿En qué puede tener uno una cierta seguridad?
Después de la primera derrota, dice aquí: "Se reunieron; los ancianos de Israel se reunieron y deliberaron: ¿Por qué el Señor nos ha hecho sufrir hoy una derrota a manos de los filisteos?" 1 Samuel 4,3. ¿Por qué? Deliberaron.
"Los ancianos deliberaron: ¿Por qué el Señor nos ha hecho sufrir hoy una derrota a manos de los filisteos?" 1 Samuel 4,3. En el mismo renglón sigue: "Vamos a Siló a traer el arca de la alianza del Señor" 1 Samuel 4,3.
"¿Por qué hoy el Señor nos ha hecho sufrir una derrota a manos de los filisteos?" 1 Samuel 4,3; aparece un signo de interrogación. Después hay un pequeño espacio, el espacio que hay entre palabra y palabra, y sigue: "Vamos a Siló a traer el arca de la alianza del Señor" 1 Samuel 4,3. O sea que ellos se preguntaron, y ellos se respondieron.
Ellos deliberaron entre ellos. Hablan del Señor, pero no hablan con el Señor. Fíjate: "¿Por qué el Señor nos ha hecho sufrir hoy?" 1 Samuel 4,3; ese "el Señor nos ha hecho...", si no nos falla la gramática, eso se llama tercera persona. "El Señor nos ha hecho sufrir..."; allá está el Señor.
"El Señor nos ha hecho sufrir una derrota". "¿Por qué?" 1 Samuel 4,3. Pero no responden, no se responden, ni tampoco le buscan una respuesta en Dios, sino que inmediatamente toman una decisión: "Vamos a Siló a traer el arca de la alianza del Señor, para que esté entre nosotros" 1 Samuel 4,3.
Ellos se preguntaron y ellos se respondieron. Hablaron del Señor, pero no hablaron con el Señor. No tenían una relación viva con Dios. En una relación viva con Dios, el corazón se humilla, habla y calla, atiende y confía, escucha y obedece. Una relación viva con Dios, una realidad llena de luz, es una realidad en la que Dios obra.

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