jueves, 2 de enero de 2014

Enviado

Ha enviado a su Hijo y que lo ha manifestado en nuestra carne. No cabe duda de que necesitamos radicalidadad seamos una presencia clara de Dios. El énfasis de la primera Carta de San Juan es provechoso para nuestros días. Se necesita, una obra de justicia, no solamente de justicia social, de justicia conmutativa o distributiva, se necesita esa especia de justicia interior y profunda integral que es la de aquél que le da la gloria a Dios, que le da la paz al prójimo, que le da la verdad al mundo,que se nos pueda decir .Muéstrame a Dios, dame algo de Dios. Ser de Dios,ser de Dios es conducir la gente hacia Cristo, pero lo maravilloso es comprobar que sólo Cristo es capaz de hacernos discípulos de Él y es capaz de hacer que nosotros traigamos otros discípulos a Él. Ser de Dios, ser verdaderamente bautizados y consagrados es conducir a las personas hasta Jesús. Sobre este texto del evangelio, comenta San Juan Crisóstomo que Andrés, en breve tiempo, comunica lo que ha aprendido, pero lleva a su hermano a los pies de Aquél que puede enseñarle mejor. Que puede conducirlos a Cristo, y el Señor sea su riqueza, su tesoro, su ciencia, su vida, su libertad. Con ese propósito, con esa certeza de haber sido ganados por Cristo y alcanzados por Él y de querer conducirle otros para que también sean ganados por Él. Él, cada día nos da el pan, la verdad y la luz para para ese día; en la Eucaristía también lo realiza, así logra Él la gloria del Padre.

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