viernes, 17 de enero de 2014
Mc 2,17.
No necesitan médico los sanos sino los enfermos” San Marcos 2,17, y dice Él mismo: “No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores" San Marcos 2,17.
Nos encontramos con Jesús en la parte enferma de nuestra vida, nos encontramos con Jesús en la parte enferma de nuestra familia, nos encontramos con Jesús en la parte enferma de la comunidad, nos encontramos con Jesús en la parte enferma de la sociedad.
Jesús estará siempre cerca de la parte enferma. La parte enferma de la sociedad de su tiempo eran los publicanos, es decir, los cobradores de impuestos y también todo tipo de pecadores.
Los cobradores de impuestos eran pecadores públicos porque ellos trabajaban para el enemigo, trabajaban para el Imperio Romano. Eso quiere decir que ellos eran la parte enferma de la sociedad, ellos eran aquella parte que era despreciada, aquella parte que era maltratada, podríamos decir, por el resto de la sociedad. Ahí cerca está Jesús.
¿Cómo encontrarse con Dios? En la persona de Jesucristo. ¿Cómo encontrarse con Jesucristo? En la parte enferma. Cada uno tiene que buscar entonces cuál es la parte enferma de su propia vida. Y la pregunta se puede seguir haciendo; ¿Cuál es la parte enferma de mi cuerpo? ¿Cuál es la parte de mi cuerpo que yo rechazo? ¿Cuál es la parte de mi historia que yo no acepto? ¿Cuál es la parte de mi pasado de la que me avergüenzo? Cuál es la parte de mi barrio, de mi ciudad que yo no tolero, que yo no aguanto, que yo no soporto? Jesús no está lejos de esa parte.
El Apóstol San Pablo vivió en una época, una especie de aguijón, esa es la palabra que él utiliza. Él cuenta de eso en la Segunda Carta a los Corintios. Un aguijón en su carne, no sabemos exactamente de qué se trataba, pero era algo que a él le fastidiaba, era algo que a él le incomodaba, era algo de lo que él quería deshacerse. Y cuenta que tres veces le pidió al Señor que lo liberara de ese aguijón, y lo llama aguijón de Satanás.
No sabemos: ¿Una tentación? ¿Una enfermedad? ¿dificultades con sus hermanos de raza? ¿Una falla, podríamos decir, de su temperamento? No sabemos exactamente de qué se trataba, pero en todo caso, lo que si sabemos, es que San Pablo miraba a ese aspecto de su vida, o de su personalidad, o de su historia, lo miraba como la parte enferma y quería deshacerse de eso, quería que eso desapareciera.
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