viernes, 31 de enero de 2014

Soplo


    Un soplo, proveniente de esas columnas, reparaba al instante todos los daños…
Miré una gran batalla en el mar: el navío de Pedro, pilotado por el Papa debía apoyar el asalto de varios otros contingentes que atacaban. El viento en dirección contraria y el mar agitado parecían favorecer al enemigo.

Pero en medio del mar, vi emerger dos columnas muy altas, en la primera una gran Hostia: la Eucaristía con esta inscripción: “salud de los creyentes” y en la otra (más baja) aparecía un rosario y una estatua de la Virgen Inmaculada con estas palabras: Auxiliura christianorum ("Socorro de los Cristianos").

El navío del Papa no tenía medio humano de defensa. Era una suerte de soplo que provenía de esas dos columnas el que defendía al navío y reparaba al instante todos los daños causados. Una primera vez el papa fue gravemente herido, pero enseguida se repuso, en la segunda vez resultó muerto, mientras los enemigos triunfaban.

El nuevo papa, electo inmediatamente después, toma de nuevo el timón y consigue llegar a las dos columnas, ata el navío con dos cadenas y lo salva, mientras los barcos enemigos huyen, se destruyen recíprocamente.

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