viernes, 17 de enero de 2014
Mc 2,17.
"No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores" San Marcos 2,17; "no necesitan de médico los sanos, sino los enfermos" San Marcos 2,17.
A veces nosotros quisiéramos que la Iglesia estuviera llena de gente como Saúl; a veces quisiéramos a nuestros pastores, a nuestros obispos, a nuestros superiores religiosos, a veces quisiéramos como ese Saúl, es decir, como gente fuerte, bien plantada, con el perfil perfecto, con todas las características para vencer.
Hoy, como ayer, sin embargo, Jesús sigue obrando paradójicamente y sigue llamando a personas que nosotros tal vez descartaríamos.
Lo importante es que nos reconozcamos a nosotros mismos como llamados por pura gracia, como enfermos que han recibido salud de este Médico, como pecadores que han recibido justificación y amor de este Nuestro Salvador.
Sólo así, la Iglesia, que entonces será Iglesia de redimidos, sólo así la Iglesia podrá ser señal de contradicción, pero al mismo tiempo sacramento de salvación para el mundo.
Hermanos, que la humillación, que la escandalosa humillación de Cristo en la Eucaristía, que su anonadamiento, su desaparecer, casi, ante nuestros ojos, en nuestra boca, nos revele el misterio y la paradoja del amor que donándose salva.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario