domingo, 5 de enero de 2014
Voluntad
Hay un elemento de voluntad en el creer, la fuente de la fe no es el deseo de convencerse a sí mismo sino el fruto de recoger la palabra que interpela y los signos que invitan a pensar. El creer implica siempre saberse injertado en una historia que nos antecede y que a la vez abre un futuro. No cabe centrarse sólo en el presente, como un ab-soluto, desconectado de su raíz y sus consecuencias.
En la lectura humilde y creyente de la historia de fe compartida descubrimos las grandes palabras que llenan ya al Antiguo Testamento: fidelidad y misericordia. Para el creyente, fidelidad es saberse sostenido y misericordia es ayudar a sostener.
¿Cómo se relacionan el creer y el comprender? Son la noción de “signo.” La fe no brota de la oscuridad ni trae oscuridad. Es un llamado a recorrer el camino que va desde el beneficio al benefactor.
En el proceso de “comprender” lo que ha sucedido se da el proceso de “afianzarse” o “sostenerse.”
La fe, ofrece una verdad.
Por el camino de los signos y la lectura profunda de la propia vida, la fe nos lleva a otro tipo de verdad, vinculada a la memoria, al origen, a una realidad común que está a la vez más allá de nuestro control y más allá de la subjetividad.
La verdad que así aparece no es un puro contenido intelectual o conceptual: es noticia de amor; es buena nueva.
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