viernes, 7 de marzo de 2014

Aleluya






 


•  Padre HÉCTOR PERNÍA sdb (Mfd) comentó tu publicación: muchisimas gracias Ma Eugenia.. todo por Dios,... 12:00
 


Padre HÉCTOR PERNÍA sdb (Mfd) comentó tu publicación: "GRACIAS, MUCHÍSIMAS GRACIAS, Ma EUGENIA." 11:59
 

 

Alejandro Bermúdez Rosell comentó tu publicación: "Mil gracias! Sigamos unidos en la oración!"
A James Favaud le gusta tu publicación en su biografía: James que alegre tu...

La palabra esperanza que es inseparable de la palabra vigilancia. Nuestra esperanza es al mismo tiempo nuestra vigilancia, vigilar, en su sentido original, quiere decir estar despiertos.
¡Qué advertencia tan saludable! "Tengan en cuenta en qué tiempo vivimos" 
Jesús pidió, muchas veces a sus discípulos que conocieran la señal del tiempo. Incluso alguna vez los reprendió duramente; les dijo: “Ustedes saben cuándo va a llover, cuándo va a hacer buen tiempo, pero no reconocen los signos del tiempo” San Lucas 54,56.
 Necesitamos el auxilio del Espíritu Santo y una gran apertura de corazón para obedecer lo que dijo el Apóstol San Pablo: “Tengan en cuenta en qué tiempo vivimos” Carta a los Romanos 13,11.
Dios es siempre el Señor de nuestra historia y Él guía de modos misteriosos, Él guía nuestra historia;  que podamos encontrarnos con el Salvador.
 “Nadie viene a mí si el Padre no lo atrae” San Juan 6,44. El Padre celestial, a través de su divino Espíritu, nos va empujando suavemente, nos va poniendo en el camino en el que un día aparece Jesús.
 Dios Padre, de un modo oculto a nuestro conocimiento, pero bien conocido por Él, nos va como empujando, nos va como llevando hasta que un día nos encontramos con Cristo.
Dios detrás de mí me va empujando, Dios delante de mí me sale al encuentro. Yo quedo apresando el amor, de gracia y de salvación. Cuando nos damos cuenta estamos envueltos en Dios, estamos envuelto en su amor, está recubierto por su gracia, está bañado en su Sangre, está salvado por su poder, por su Espíritu.
Es momento de cantar aleluya y proclamar la gloria del Señor, porque hizo posible ese momento. Ese momento lo hemos vivido muchos de nosotros, y queremos que nuestra vida sea eso siempre, Dios que me mueve y Dios que me atrae, Dios que me empuja y Dios que me llama, Dios que no quiere que nos quedemos quietos y Dios que me llama para que me ponga en camino. Esa es la vida cristiana.
 Con toda razón comparamos la vida cristiana con una peregrinación, con un caminar. Vamos efectivamente así como en camino. Empujados por los caminos, empujados por su Providencia y atraídos por la obra de su misericordia y su poder.
Cada uno de nosotros, tiene una historia que contar en este sentido. Cómo me empujó Dios. Dios tuvo que empujarme de mi casa, tuvo que sacarme de mi cama, tuvo que sacarme de toda distracción.
 “Nadie viene a mí si el Padre no lo atrae” San Juan 6,44. A través de todas esas historias, y cada uno de nosotros tiene una historia distinta que contar, Dios me va empujando,por la presencia de la providencia del Padre celestial, nos encontramos con Jesús, sucede algo maravilloso, sucede que descubro el encanto, la belleza, la luz que hay en el Señor Jesucristo.
 “Vengan, subamos al monte del Señor, al templo del Dios de Jacob, para que Él nos enseñe sus caminos, y podamos andar en sus senderos” Isaías 2,3.
La realidad que Dios nos anuncia es hermosa, es una realidad de paz. “Hazme mensajero de la paz”.
Él es nuestra paz, Él es la paz de las naciones, Él es la paz de las familias, Él es la paz de los corazones. No hay remedio sino repetir la frase inmortal de San Agustín: “Nos hiciste para ti, Señor, y nuestro corazón andará inquieto hasta que descanse en Tì."



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