Evangelizar no es llevarle cargas a las personas, evangelizar es decirles: "La victoria ya está concedida, Ya tienes una fuerza, una vida, un perdón a tu favor, ¿quieres aceptarlo, crees que es así?" si la persona acepta, en ese momento empieza a ser cristiana.
Ese primer encuentro, ese primer nacimiento en la fe y por la fe, es el único camino, pero atención, la Iglesia Católica con alguna frecuencia recuerda que ese es el único camino.
La misma gracia que hay en Cristo se comunica por el don del Espíritu Santo, precisamente esa misma gracia se comunica, entonces un buen cristiano tiene que, comunicar la misma gracia que ha recibido de Cristo.
San Pablo, al hablar así, no está reemplazando a Cristo, sino que está teniendo la misma gracia de Cristo.
Cuando nosotros caemos en la cuenta de que es la misma gracia, el mismo Espíritu de Jesucristo el que hace que San Pablo hable como habló en esta Carta a los Romanos, y es esa misma gracia la que llena de belleza, de sabiduría y de poder a la presencia de la Virgen María en nuestra historia, entonces se descubre que esas mediaciones no reemplazan a la mediación de Cristo, sino que más bien manifiestan el poder redentor de la mediación de Cristo.
Las redenciones ya realizadas, las redenciones ya concedidas, la plena santidad de la Virgen María, esas redenciones se convierten en sendos argumentos para que crea más, para que espere más y para que ame más a Cristo.
La plenitud de santificación, de intercesión y en cierto modo de mediación que tiene la Virgen María en la historia humana, esa plenitud de mediación, de intercesión, de auxilio que tiene la Virgen María, no le quita nada a Cristo; al contrario, muestra el poder de la redención de Cristo y muestra cómo esa gracia realmente es eficaz.
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