Vamos a darle permiso en la Eucaristía, vamos a darle permiso a Dios de que cambie la decoración, de que organice, pinte, limpie y cambie, y que nos haga semejantes Él. Para eso lo único que se necesita es que Él esté algo más que una noche, algo más que un día; hay que dejarlo vivir días y días. Ninguna casa se decora en un instante, ninguna vida cambia así, simplemente, en un momento.
Dejemos que pasen unos días con Dios adentro, y veremos lo que es la luz y veremos lo que es amor.
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