Dejarnos conducir por EL MARCO de Cuaresma. Nos llega como momento providencial de misericordia, que es recuperar la capacidad de reaccionar ante la llamada apremiante,ACCIÒN PRIMORDIAL Para profundizar nuestro Bautismo,que nos uniò a Cristo por ello queremos caminar con EL, Cristo nos pide negarnos a nosotros mismos,como lo hizo con sus discípulos y nos pide predicar el Evangelio a todos los
pueblos. “
La Iglesia existe para evangelizar. Es ésta su identidad más profundaLa llamada a la evangelización no está descontex-tualizada ni desencarnada de nuestro entorno y circunstancias. Llevamos adelante una tarea en una época y en un lugar determinados;
inmersos en un tiempo de gracia especial de la vida de la Iglesia, yen una parcela “regada” y “abonada” por quienes nos han precedido es para nosotros unsólido punto de referencia en el que deseamos entroncar la realidad presente el motor y el reflejo de un recorrido tenaz emprendido impulsando un estilo abierto a la renovación por el Espìritu, procurando la cercanía y la actitud de acogida; caminando hacia la paz por la comunión fraterna, y acompañando a los que sufren. La llamada a la caridad se presenta con toda su fuerza bajo el grito desgarrador de los pobres. No dudemos de que nuestra respuesta a ésta y a
otras urgencias, será una prueba de la autenticidad de nuestro ser
cristiano. El grito de los pobres forma parte de la llamada que Dios
nos dirige, para sanar nuestro egoísmo y nuestro narcisismo y para
centrarnos en lo fundamental.La llamada a la caridad se
presenta igualmente, en la defensa de la vida humana, desde su
concepción hasta su muerte natural. El cristiano no puede por me-
nos de rebelarse frente al utilitarismo con el que la concepción
materialista manipula la vida humana. No podemos acostumbrarnos
a la destrucción despiadada de los seres humanos antes de su naci-
miento. El grito de los inocentes no deja de llegar a Dios, y reclama
de nosotros un compromiso inequívoco con la “cultura de la vida”
frente a la “cultura de la muerte” que se extiende solapada en un falso
progresismo.
Llamada a la caridad por una familia estable:
Otro drama y reto al que hacemos frente es la crisis familiar y la gran cantidad
de rupturas matrimoniales. La madurez del ser humano se sustenta
en gran parte en la estabilidad familiar. Hemos sido creados por Dios
para la comunión en el amor, por lo que, si falla ésta, se tambalean
los cimientos de nuestra felicidad. La Iglesia en su conjunto, y cada
uno de nosotros en particular, estamos llamados a dar testimonio
de que el amor cristiano no tiene fecha de caducidad, sino que, por
el contrario, tiene la capacidad de hacer de nuestra vida una dona-
ción generosa de amor, abrazando las cruces y gozando, al mismo
tiempo, de las grandes y pequeñas alegrías de nuestra existencia
La Palabra de Dios
Cristo es la Palabra de Dios (Jn1,1). Con toda la Iglesia, quere-mos profundizar en nuestra relación con la Palabra, porque “a lo
largo de toda su historia, el Pueblo de Dios ha encontrado siempre
en ella su fuerza y la comunidad eclesial crece también hoy en la
escucha, en la celebración y en el estudio de la Palabra de Dios”
(Verbum Domini, 3).
Nuestros objetivos son:
1.- Respetar el lugar de la Palabra de Dios en la Liturgia.
2.- Potenciar la lectura personal y comunitaria de la Palabra de
Dios
2. La Palabra de Dios
Cristo es la Palabra de Dios (
Jn (1,1). Con toda la Iglesia, quere-
mos profundizar en nuestra relación con la Palabra, porque “a lo
largo de toda su historia, el Pueblo de Dios ha encontrado siempre
en ella su fuerza y la comunidad eclesial crece también hoy en la
escucha, en la celebración y en el estudio de la Palabra de Dios”
(Verbum Domini)
La oración contemplativa
Somos conscientes de que el corazón de la misión de la Iglesia
late en la vida contemplativa: en el deseo de Dios (
Sal
63,2)
Potenciar la oración en familia.
Los Ejercicios y los retiros espirituales
Sabemos que “necesitamos cuidar más la escucha del Espíritu
en todo trabajo y actividad eclesial, estando más atentos a su acción
y respondiendo a sus llamadas”, lo cual “exige cultivar más la expe-
riencia de Dios y la atención a los signos de su acción salvadora”
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