lunes, 10 de marzo de 2014

Santiago 5,16.

 
 "Confesáos mutuamente vuestros pecados" Santiago 5,16.
La iglesia Católica ha tomado este texto, entre otras cosas, para hablar del sacramento de la Confesión. El Apóstol Santiago nos dice: "Confesad al sacerdote vuestros pecados" ¿Quiere decir entonces que hace mal la Iglesia en aplicar este texto para la Confesión? No. Sino al contrario.
Es que la Iglesia está llamada a ser un lugar donde el pecado se reconoce. Lo que quiere decir es esto: una comunidad cristiana donde se reconoce con facilidad la miseria que cada uno de nosotros tiene dentro, es una comunidad cristiana que no tiene problemas en admitir el sacramento de la Confesión, más bien le parece natural el sacramento de la Confesión
Es que el sacramento de la Confesión, en cierto sentido, es una condensación de una característica que debe tener toda la Iglesia en cuanto tal. Es una Iglesia que confiesa las maravillas de Dios, que confiesa las misericordias de Dios y que confiesa sus propias miserias.
Una Iglesia que es así no tiene problema en admitir, en reconocer, en celebrar y en agradecer el sacramento de la Confesión. De manera que es una Iglesia orante, es una Iglesia humilde y es una Iglesia en estado de continua purificación.  Es una Iglesia habitada por la salvación de Dios. La salvación está siempre a las puertas, y creo que el versículo que mejor lo describe es aquel que está ala final: "Si alguno de vosotros se desvía de la verdad,y otro lo encamina, sabed que uno que convierte al pecador le salvará de la muerte" Santiago 5,20.
Es una Iglesia que habita en la salvación, es una Iglesia que vive en la salvación, la salvación del que se desvió y la salvación del que lo convirtió.
De manera que si en el resto de la Carta parece que el pecado, el error, el mal están a la puerta, la Carta termina diciéndonos: "La salvación está a la puertas", incluso el que se ha desviado puede volver, y el que recupera al que se ha desviado, trae salvación sobre si propia vida. 

Yo personalmente creo, casi sería como una especie de testimonio personal, que este texto es muy liberador. Tomémoslo en serio. "El que corrige a un pecador de su camino, cubre sus propios pecados" Santiago 5,20.
Esto es muy liberador, especialmente cuando tenemos cosas en nuestro pasado que nos acongojan, que nos deprimen, cosas que, "yo por que fui a hacer eso", "eso ya es irreparable".
Tomemos en serio la Palabra de Dios, tomemos en serio la fuerza liberadora que tiene ese texto: "El que corrige a un pecador de su pecado, cubre la multitud de sus propias culpas" Santiago 5,20.
Pensemos en lo que eso significa, pensemos en la fuerza que eso tiene para darle paz a nuestro corazón y para enfocar de una manera mucho más constructiva la culpa. Los psicólogos se quejan de que nosotros en la Iglesia Católica no sabemos manejar el tema de la culpa, la culpa se convierte en autodestrucción. Santiago nos abre una perspectiva muy diferente: que tu culpa sea ocasión de construcción del otro y de construcción de ti mismo.

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