Ninguna palabra es más efectiva que la Palabra de Dios, de eso trata el capítulo cincuenta y cinco del profeta Isaías.
En el Génesis, encontramos que todo fue creado por el poder de la Palabra. "Dios lo dijo, y existió; Él lo mandó, y surgió" Salmo 32,9, así resume un salmo la obra creadora de Dios, como aparece en el Génesis: "Dijo Dios: "Haya", y hubo" Génesis 1,3-31.
La Palabra de Dios es eficaz. Santa Teresa de Jesús decía: "Las Palabras de Dios son obras, Él habla y obra".
La Palabra con "P" mayúscula, la Palabra que Dios nos da, Palabra que es sobre todo Jesucristo mismo. Nos hemos desprendido de la Palabra de Dios, por eso a menudo tenemos solamente palabritas.
Nuestro corazón y nuestros labios pueden llenarse también de esa Palabra eficaz. El capítulo sexto de San Mateo, donde se presenta cómo Cristo nos enseña a orar. Por favor, reflexionemos unos instantes en lo que esto quiere decir.
Cristo, que es la oración más perfecta, que es el Hombre hecho oración, que es la plenitud de lo que puede significar la palabra "orar", nos está enseñando su oración, nos está introduciendo en el secreto de su Corazón, para que nosotros, entrando en el ámbito de Cristo, en la atmósfera de Cristo, y con las palabras de Cristo, podamos aprender a hablar.
Dice el Apóstol San Pablo que "Cristo es la nueva creación, que en Cristo, entonces, todos nosotros somos nuevas criaturas" 2 Corintios 5,17.
Eso también quiere decir, que si somos nuevos, tenemos que aprender a amar como Cristo, pensar como Cristo, sonreír como Cristo y, sobre todo, orar como Cristo, porque en esa oración está nuestra conexión con el Padre Celstial, así como Cristo es uno con el Padre.
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