viernes, 30 de mayo de 2014

Delèitense


De manera que Cristo va a rogar al Padre para que nos dé el Espíritu y el Espíritu viene a nosotros para que conozcamos y amemos a Cristo. Quienes amen el misterio Trinitario, deléitense en estas palabras. Miren esto: Cristo ruega al Padre que nos dé el Espíritu y el Espíritu viene a nosotros para que amemos a Cristo, y así guardemos la voluntad del Padre.
Esto está como para que lo escribamos en un papelito chiquito para que no se nos olvide, porque son relaciones en la obra de las divinas Personas.
Al final dice nuestro Señor: “entonces” San Juan 14,18, ¿cuándo es ese entonces? “No os dejaré desamparados, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo” San Juan 14,19.

“Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis”, y si Cristo dice: “No os dejaré desamparados, volveré” San Juan 14,18, quiere decir que Él vuelve para que no estemos desamparados.
Si esa vuelta fuera solo la del final, habría mucho cristiano que le iría allá. Ya, después de todas las batallas, tentaciones, pecados, ahora vuelve, pues quiere decir que estuvimos desamparados durante toda la historia, desde el día de su ascensión hasta su retorno, entonces habríamos quedado desamparados.
Ese "volveré" no creo que se refiera al retorno al final de los tiempos, ese "volveré", como lo interpreta la Doctora de la Iglesia, Santa Catalina de Siena, se refiere a la presencia que Cristo tiene en nosotros por virtud de la vida del Espíritu.
Ahí se comprende, vuelve el Espíritu de Cristo, es decir, viene el Espíritu que Cristo le pidió al Padre, y ese Espíritu viene cargado de toda la presencia del mismo Jesucristo.
Entonces el Padre celestial, por la oración de Cristo, envía al Espíritu, y el Espíritu enviado por el Padre, por la oración de Cristo, llega a nosotros cargado de la presencia de Jesucristo. Cuando esto sucede, ¿qué sucede? “Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros” San Juan 14,20.
Tenemos un argumento muy fuerte para pedirle Dios que nos dé el Espíritu Santo, muy fuerte. Podemos decirle a Dios Padre: “Tu Hijo te está rogando el don del Espíritu, escucha la súplica de tu propio Hijo, danos el Espíritu Santo, escucha la oración de tu propio y Santísimo Hijo, danos la gracia del Espíritu Santo".
Con ese amor en nosotros, con esa presencia del mismo Cristo en nosotros, podremos guardar los mandamientos.
Es evidente que Cristo no tiene pecados, Cristo guardó los mandamientos, Cristo guarda los mandamientos, para Él son como connaturales: “De que pecado podréis argüirme?” San Juan 8,29, decía en alguna discusión con los judíos. Él no tiene pecado.
Viene el Espíritu Santo a nosotros, vive Cristo en nosotros y con ese Cristo vivo en nosotros es imposible el pecado. El pecado queda excluido, porque Cristo está reinando.
Es anhelo de Jesucristo que el Espíritu venga a nosotros para que se complete, para que se cumpla la voluntad de Dios Padre en nosotros. La persona de Jesucristo nos llena de admiración, yo creo que no amamos más a Cristo porque no lo conocemos tanto, porque cuanto más uno trata de conocerlo, más grande le parece, y a la vez más sencillo, más humilde.
Jordan ri
ver

No hay comentarios:

Publicar un comentario