viernes, 30 de mayo de 2014

San Juan 17,11.

 
En el capítulo diecisiete de este mismo evangelio, cuando Jesús le está orando al Padre Celestial le dice: “Guárdalos. Mientras yo estaba con ellos yo los guardaba” San Juan 17,11-12, ahora los encomienda al cuidado del Padre Celestial y le dice: “Guárdalos” San Juan 17,11.
Jesús guardaba a ese pequeño rebaño, así lo llamó una vez, Jesús guardaba al pequeño rebaño, pero ahora se va, ellos pueden sentirse, tal vez se sienten casi desamparados.
Jesús guardaba el pequeño rebaño significa, que mientras Jesús estaba con ellos, ellos podían guardar los mandamientos, ellos podían permanecer unidos a Dios; mientras Cristo estaba con ellos, Cristo los guardaba.
Los guardaba del pecado, los guardaba de las insidias del mal, los guardaba de caer en tentación, los guardaba entonces en la amistad con Dios, los guardaba en el querer de Dios, en la voluntad de Dios, hacía entonces que ellos guardaran los mandamientos de Dios.
Junto a Cristo es muy difícil pecar, cuando Judas fue a pecar tuvo que irse de Cristo y dice el evangelio de Juan: “Y era de noche” San Juan 13,30; junto a Cristo, al lado de Cristo, sintiendo el palpitar del Corazón de Cristo y teniendo sus ojos encima, es muy difícil pecar.
Estaban defendidos al lado de Cristo, pero ahora Cristo se va, entonces ¿quién los va a defender? Pues hubo un Defensor que Cristo le va a pedir al Padre Celestial y ese Defensor, que es otro Defensor en las palabras de Cristo, es el que va a venir para que ellos puedan guardar los mandamientos.
“Si me amáis, guardareis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor” San Juan 14,15-16.
Si nuestra interpretación es correcta, lo que va a hacer ese otro Defensor es infundir en nosotros un amor hacia Jesucristo, un amor tal, que nos hace posible que nosotros guardemos los mandamientos.
De manera que este amor a Cristo, este amor que es tan fuerte que hace que guardemos los mandamientos.
“Si me améis” San Juan 14,15, hay amor que está aquí de por medio, pues la manera digna, fuerte y vigorosa de amar a Jesucristo, es con ese Defensor que recuerda en nosotros las palabras de Cristo y que nos conduce hacia la verdad completa, es decir, es la verdadera manera de amar a Cristo, es según esa gracia del Espíritu.

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