viernes, 30 de mayo de 2014

Israel


El Magníficat propone a nuestra meditación y a nuestra adoración el realismo más extremo de la Encarnación en su condición más secreta y más débil. Nos coloca ante la realidad carnal, humana del Verbo de Dios hecho hombre: Dios mismo quiere hacerse presente entre nosotros en aquella quien, en este momento de la historia de la salvación es “el tabernáculo de Dios entre los hombres” (Ap. 21,3), figura de la Iglesia.

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