jueves, 22 de mayo de 2014

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 ¿Qué dice este corazón amado y amante? ¿Qué dice el corazón de San Juan? Pues. Lo que se dice es solamente para una causa, por una causa: para que nosotros creamos y tengamos vida en su nombre. En este mismo evangelio aparecen esas palabras.
Dice por allá más adelante el autor: "Muchas más cosas hizo Jesús, pero estas se han escrito para que creáis que Él es el enviado de Dios y para que creyendo tengáis vida eterna, tengáis vida en su nombre" San Juan 20,30.
Las palabras que escuchamos en la Santa Misa, las palabras que escuchamos especialmente, son palabras para que nosotros tengamos vida, es decir, estas palabras se leen en la iglesia para que también nuestros corazones se inflamen en amor y para que también ellos graben el testimonio del amor de Dios que es Jesucristo.
Por eso en la iglesia cada persona sale en cierto modo como entra: si entró con poca fe y con poco amor, se parece a un granito o piso de estos, en el cual es muy difícil escribir y la persona saldrá casi vacía. Pero si la persona viene con amor, si la persona viene con fe viva en Jesucristo, el corazón será como cera blanda, y Cristo podrá escribir en ese corazón una palabra, y esa palabra permanecerá.
¿Qué nos ha dicho Jesús en este evangelio? En estas palabras de despedida que han sido grabadas primero por el discípulo amado y que esperan encontrar un sitio en nuestro propio amor y en nuestro propio corazón, ¿qué nos ha dicho Cristo? Algo muy sencillo pero infinitamente profundo: “El que me ve a mí, ha visto al Padre" San Juan 14,9.
Cristo nos está diciendo que Él precisamente es la máxima manifestación de Dios. Sobre esto se podrían decir tantas cosas tan hermosas. Yo quiero decir una, quizá no sea la más bella. Quisiera responder a una pregunta un poco suspicaz. Bueno, esto que dice Cristo: “Yo soy el camino, la verdad, la vida” San Juan 14,6, ¿no será el colmo de la presunción?
Si una persona dice: “Yo tengo la verdad”, seguramente lo vamos a tratar de dogmático o de iluso. Y si una persona llegara a decir: “Es que yo soy la vida”, pues creo que no le daríamos más importancia que a cualquier loco. Y si una persona dice: “Yo soy el camino” lo trataríamos de psicorrígido.
 “Yo soy el camino, la verdad y la vida” San Juan 14,6.
Se trata de una roca. Cristo es roca, porque los ataques que se le hacen, no producen sino engrandecer el misterio de su amor, de su misericordia y de su unión con Dios.
Cuanto más se atacaba a Cristo, más brillaba el amor, la obediencia y la misericordia. De modo que las blasfemias, los azotes, las espinas, los insultos, todo lo que se le ocurrió a Satanás contra Jesucristo, no hizo sino desnudar el misterio de una unión con Dios, que es la perdición del mismo Satanás.
Este es el gran misterio de la Cruz, y por tanto, en ninguna otra faceta, en ningún otro momento de la vida del Señor, podemos sentirnos tan orgullosos de Él, tan felices de Él y tan firmes en Él.
Las otras cosas de Cristo son bellas, pero la roca está en la Cruz. Porque en la Cruz, cuanto más despedazadas las manos, cuanto más destruidos los pies, cuanto más reseca la boca, cuanto más destruida la piel, más desnudo está el misterio de ese núcleo, de ese centro de amor, que une a Jesucristo con el Padre.
En esa unión de Jesús con el Padre, se manifiesta la voluntad salvífica del Padre, se manifiesta la obediencia perfecta del Hijo, se manifiesta la compasión de Dios por la humanidad, y se manifiesta la derrota de Satanás, que atacando, parecía vencer, pero estaba desnudando el misterio de su derrota.
Jesucristo Crucificado es la roca. Se puede tomar la sustancia más dura de este mundo, el diamante; pero se puede destruir el diamante. El hierro más duro, el acero más templado, el diamante más fino se pueden destruir.
El concreto más grande se puede destruir,  hemos visto en nuestro tiempo caer edificios gigantescos por la violencia de los hombres, o por la violencia de la naturaleza. Pero esta Roca, si uno la ataca, se vuelve más firme.

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