El 03/05/2014, a las 10:10 a.m.,
"maria eugenia chavarria viquez" <
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Padre HÉCTOR PERNÍA sdb (Mfd) escribió: "Hola Maria.. espero tu hijo
mejore pronto. Hoy oraré por tu hijo Alberto."
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La perfección de nuestro Señor, en su naturaleza humana, alcanzó su punto más alto en una palabra. Su silencio era probablemente una perfección adorable, pero había algo más sublime en este grito que salió de sus labios: ¡Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Fue entonces cuando su Pasión llegó a los últimos límites de su humanidad.
Cristo, da vida. "A mí nadie me la quita" San Juan 10,17, nos dice en el evangelio. Cristo da la vida, Él, Él mismo. Cristo puede llegar vivo a nosotros. Por eso nosotros, que nos alimentamos de Cristo, en realidad, quedamos en poder de esa vida que sólo Él tiene y que nadie más tiene. este signo del alimento alcanza su plenitud cuando nosotros nos alimentamos del que es la vida , ¿qué sucederá cuando nos alimentamos con este Pan, que es Pan de fuertes, que es Pan de vida? Tendremos vida dentro de nosotros. Nosotros tenemos certeza de Resurrección. Comer a Jesucristo es comer Resurrección, es comer algo que ya no muere. Cada vez que nos unimos, particularmente en el Banquete Eucarístico, a este Cuerpo santísimo, a esta Sangre salutífera; cuando nos unimos a este Cuerpo y a esta Sangre, comemos y bebemos, Alguien que ha vencido a la muerte.
Bien decía San Agustín: "Comed el precio de vuestra redención para que no os depreciéis". Hay que saber alimentarse de Jesús y recibir, en ese Cristo, eternidad, bienaventuranza y victoria sobre la muerte.
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