“Perdonen. Confiesense. Oren con el corazón. Oren con todo su ser. Oren con amor. Oren con alegría. Oren más. Oren, oren, oren. No con sus labios. No mecánicamente. Busquen un tiempo especial para la plegaria y para Dios. Empiecen a vivir la oración. Hablen menos y trabajen más en ustedes mismos. Trabajen en ustedes para que se reconozca en ustedes un signo visible de “El tiempo en que vivimos es un tiempo de mucha responsabilidad, para la evangelización de las familias y de los jóvenes. Sólo cuando las familias empiezan a rezar juntos volviendo a poner Dios en primer lugar pueden curarse.
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