¡Ah, benditos nosotros si el Espíritu Santo nos trae ese apetito, ese deseo de Jesús, esa hambre de Jesús! Y bienaventurados no sólo por el Padre y por el Espíritu Santo, sino bienaventurados por el mismo Cristo, porque Él dijo: “Si uno viene a mi yo no lo echaré fuera” San Juan 6,37
Bienaventurado tú si tienes hambre de Jesucristo, porque el Padre te está moviendo, porque el Espíritu te está dando hambre y porque Jesús mismo te habrá de recibir, te habrá de atender y te habrá de responder; pero claro, la pregunta es: ¿sientes esa hambre de Jesucristo? ¿Sientes que te falta Jesús? ¿Sientes que Él es tu alimento y quieres ser tocado por Él? “Levántame, me hace falta tu vida; levántame, me hace falta tu luz; levántame, me hace falta tu ternura, tu perdón, tu salud”.
Señor, me haces falta tú, esa es la oración, ese es el apetito, ese es el impulso que trae el Espíritu Santo a nuestra vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario