miércoles, 31 de agosto de 2016

Orar

En cambio la persona que reconoce su problema, que reconoce su pecado, la persona que duerme mal porque sabe que está mal, esa persona de pronto está más cerca de darle un sí a Jesucristo, de pronto está más cerca de aceptar al Señor, y de pronto está más cerca del Reino de los Cielos. El día que podamos decir eso, ese día sí nos podemos llamar cristianos. que las enseñanzas tienen que ser prácticas y aquí estamos diciendo, uno no puede quedarse con las fórmulas, pero utilizar fórmulas como el Santo Rosario, como las novenas aprobadas por la Iglesia, los devocionales aprobados por la Iglesia, las oraciones de los santos y sobre todo los salmos y los cánticos de la Sagrada Escritura, orar así educa al corazón para que no me invente a Dios; yo necesito un Dios no sólo que me apruebe, sino que me corrija, no sólo que me consienta, sino que me guíe. La mejor manera de aprender a orar, por ejemplo, con el Padre Nuestro, que hoy nos ha enseñado Jesucristo, o con otras oraciones semejantes; la mejor manera e aprender a orar se resume en una estrategia sencillita, orar despacio, es todo lo que se necesita, cuando uno ora a altas velocidades ni entiende uno ni logra nada. Queridos amigos, Jesús nos invita hoy a orar, a orar con constancia, a orar con amor a orar con fuerza, a orar con fe, y Abraham nos ha enseñado que incluso en un caso tan grave como el de Sodoma y Gomorra, la oración de intercesión Dios la escucha, y Dios sabrá sacar a su pueblo adelante.

Niños

Cristo hace tres elogios de los niños. Primero: dice que hay que ser como niños para entrar en el Reino de los Cielos. Los niños tienen visa para entrar en el Reino de los Cielos. Quienes se hacen como niños, quienes aprenden a ser como niños, entran al Reino de los Cielos. Los Ángeles que protegen a los niños contemplan el rostro del Padre Celestial. Hay aliados poderosos entonces para los niños. Si un niño se pierde, Dios es capaz de dejar noventa y nueve ovejas en el campo por buscar su ovejita perdida, y hay mucha alegría cuando recupera a esa oveja. Dios busca a los niños que se pierden. En la sociedad en la que vivió Cristo, dos cosas sobre todo eran apreciadas: el poder trabajar y el poder dar un buen consejo. Pero los niños no tienen fuerzas, ni tienen sabiduría; los niños comen mucho, ocupan mucho tiempo, gastan muchas cosas y producen muy poquito. Por eso los niños eran despreciados en la época de Cristo, por ejemplo cuando Cristo estaba bendiciendo a algunos niños, los Apóstoles sentían que eso era como perder tiempo, hacerle perder tiempo a Cristo, "¡quiten a esos niños de ahí!". Bendecir niños es como perder el tiempo; los niños son molestosos, los niños no se concentran, se demoran para aprender, no producen nada, gastan mucho, no sirven para aconsejar, "¡quiten a esos niños!" Jesucristo toma al niño y lo pone como modelo. "Quién es el más importante" San Mateo 18,1, le preguntan, y Él toma el niño, lo pone en medio y dice: "Hay que ser como este niño" San Mateo 18,3. Démonos cuenta, mis hermanos, que esta manera de obrar de Jesucristo se parece a otras cosas que Él hizo. Por ejemplo, en tiempos de Cristo eran despreciados los publicanos, es decir, los cobradores de impuestos, eran vistos como enemigos públicos, y Cristo tomó una parábola para poner como ejemplo a un publicano, cuando habló de la oración del fariseo y del publicano. El fariseo era supuestamente el hombre piadoso, el hombre religioso, mientras que el publicano era un condenado, era un desgraciado. Pero en la parábola del fariseo y el publicano, es el publicano el que queda en la mitad como modelo para los demás. Y también eran despreciados en la época de Jesucristo los samaritanos. Los habitantes de Judea, con la capital Jerusalén, despreciaban a los habitantes de Samaría, a los de la región de Samaría. Consideraban que los samaritanos ya habían perdido la fe verdadera, y no contaban para nada, y por eso no se entendían los judíos y los samaritanos, como sabemos, por ejemplo, por aquella historia de la mujer samaritana. No se entendían. Pero Cristo, cuando fue a explicar quién es el verdadero prójimo, ¿a quién puso de modelo? A un samaritano, y dijo: "Pasó un sacerdote al lado de un hombre que habían atracado, pasó un sacerdote, se hizo el de la vista gorda, y siguió derecho. Pasó un levita, pasó mucha gente y nadie veía al enfermo, nadie veía al herido. Pasó un samaritano, y sí lo vio". De manera que en este caso también, Cristo pone como modelo a una persona en la que nadie creía y una persona a la que todo el mundo despreciaba. Alberto Aguilera V alader Juan Gabriel Paracuaro Michoacàn Divo de Mèxico, Gracias y buen dìa Mi recuerdo con Juan Ga Había mujeres que eran consideradas en peor condición que las condenadas a muerte, eran la prostitutas, como quien dice, matar a piedras a una prostituta, era desperdiciar piedras, ni siquiera se ocupaban de matar a esas mujeres, eran lo peor de lo peor. Y sin embargo, Cristo dijo alguna vez: "Os aseguro que los publicanos y las prostitutas van delante de vosotros en el Reino de los Cielos" San Mateo 21,31. Es decir que definitivamente Jesucristo se empeña en romper nuestras leyes de exclusión, porque todavía hay más ejemplos: los pobres eran despreciados, siempre han sido despreciados; los leprosos eran despreciados, peor que los enfermos de sida hoy. Pero decididamente Cristo tiene una opción, podríamos decir, Cristo tiene una opción por los despreciados, por los marginados; Cristo se empeña en mostrarnos que el Reino de Dios no se parece a los esquemas que nosotros utilizamos.

lunes, 29 de agosto de 2016

Ezequiel

Ezequiel es un sacerdote que contempla la gloria de Dios, que percibe la infinita distancia entre Dios y el hombre. Ezequiel es aquel Profeta que muchas veces es llamado por Dios "hijo del hombre", expresión que en el caso de Ezequiel, destaca la distancia entre la divinidad y nuestra condición humana. Ezequiel queda sobrecogido por las visiones que tiene, muchas de ellas difíciles de representar; no está seguro de que sus palabras retraten lo que ha visto, y por eso abundan las expresiones que ya hemos escuchado en este día: "Vi algo así como"Ezequiel 1,27. "De lo que parecía su cintura para arriba" Ezequiel 1,27, "era semejante a..."Ezequiel 1,7-24. Sus palabras no pueden alcanzar la estatura de la visión que ha tenido. El libro de Ezequiel diciendo que es la historia de Dios con los hombres. Lo fundamental es la historia de la gloria de Dios en el pueblo de Israel, por eso los momentos culminantes tienen que ver con esa manifestación del Dios glorioso en medio de su pueblo, del Dios que se va de su pueblo por las prevaricaciones, por los pecados, y el Dios que vuelve a su pueblo y que promete un nuevo templo perfectísimo en el que sí podrá habitar esa gloria de Dios. Ezequiel obra como todo un sacerdote, y hasta cierto punto su libro se parece mucho a la introducción, al prefacio. Es una especie de "El Señor esté con vosotros", y de "levantemos el corazón", y de "demos gracias al Señor". Que ese sacerdote, agobiado y maravillado y enamorado de la gloria de Dios, comunique de su celo, de su fe, de su esperanza y de su amor a nuestras vidas

sábado, 27 de agosto de 2016

Gloria

"La gloria del Señor llenó el templo, y una palabra impresionante se dejó oír: "Éste es el sitio de mi trono, el sitio de las plantas de mis pies, donde voy a residir para siempre en medio de los hijos de Israel" Ezequiel 43,7. Estas palabras de Ezequiel deben tener un sentido más profundo, un sentido diferente que resulte compatible con el verdadero Templo, que es el Cuerpo de Cristo, en donde habita verdaderamente la gloria de Dios. El Evangelista Juan, cuando aquellas palabras de Cristo: "Destruid este templo" San Juan 2,19, en esa ocasión el Evangelista Juan dice: "Estaba hablando del Templo de su propio Cuerpo" San Juan 2,21. Hemos sido convocados, a una vida gloriosa, a que nuestra vida sea templo y a que nuestras obras sean tales, que quien nos conozca pueda saber algo de Dios, y quien nos ame pueda elevarse hacia el amor divino. Que la humilde gloria de este alimento acompañe nuestros pasos en esta tierra, y nos conduzca un día a la contemplación del Cielo. De manera que debemos interpretar estas palabras dentro de su contexto, y ver que toda esa economía, toda esa distribución de gracia, de amor y de providencia que tenía que ver con el templo, todo eso pasó al Cuerpo de Jesucristo, que es el verdadero Templo en donde reside la gloria de Dios. Esa es una manera de interpretar esto. Ezequiel las refiere al Templo de Jerusalén. Pero nosotros podemos también entenderlas desde este otro modo: allí donde verdaderamente reside Dios, allí donde habita Dios, allí es donde está su gloria. Cuando Dios habita dentro de nosotros, entonces el esplendor de la gloria de Dios, que no es otra cosa sino la manifestación de esa presencia. Una invitación a llevar una vida digna de la gloria de Dios; llevar una vida, podríamos decir, una vida gloriosa, no por una especie de esfuerzo imitativo nuestro, sino por una lógica consecuencia de la presencia de Dios en nosotros. Recordando lo que nos dice San Pablo, que "nosotros somos templo del Espíritu" 1 Corintios 3,16, nos invite a llevar una vida gloriosa. De ella nos habló Cristo. Dijo que, "fueran tales nuestras obras, que, la gente al verlas, diera gloria a Dios" San Mateo 5,16. Esa es una vida gloriosa, una vida impregnada de la gloria de Dios. Deseo continuo de que Dios sea conocido y de que Dios sea amado. No es tanto el deseo de que no me conozcan a mí, sino el deseo de que sí conozca Dios; no es tanto el deseo de que no me amen a mí, sino el deseo de que amen a Dios. Este deseo de que amen a Dios, de alguna manera me lleva a mí mismo a desaparecer, y es lo que nos dice Cristo: "El que se humilla será enaltecido" San Juan 18,14, y también advierte: "El que se enaltece será humillado" San Juan 18,14. Hemos sido convocados, pues, a una vida gloriosa, a que nuestra vida sea templo y a que nuestras obras sean tales, que quien nos conozca pueda saber algo de Dios, y quien nos ame pueda elevarse hacia el amor divino. Recibiendo nosotros el Alimento Eucarístico, somos habitados por Dios. Que la humilde gloria de ese alimento, acompañe nuestros pasos en este tierra, y nos conduzca un día a la contemplación del Cielo.

Levantar

Cristo lo que hace es levantar la tela que cubre la herida y decirle: “Mira que tú también necesitas de mí"; por eso digo, llegamos a la sorprendente conclusión de que Cristo, cuando denuncia estos pecados a los fariseos, los está amando”. Porque los está poniendo en situación de conocerse a sí mismos, y de saber que necesitan salvación. Cristo, que infundió el Espíritu Santo en San Pablo, para que Pablo pudiera decir: “El amor no lleva cuentas” 1 Corintios 13,4-7, capítulo trece, Primera Corintios. Cristo, que es el Ungido por ese mismo Espíritu de amor . Cristo ama a todas las personas; entonces, al leproso lo ama y lo sana; a Mateo lo ama y lo llama al apostolado; a la adúltera la ama y la perdona; al fariseo lo ama y lo regaña; a la viuda la ama y le resucita el hijo. Cristo es el Hijo del Altísimo; y ese Altísimo es aquel que hiere y venda la herida; es el que da la muerte y la vida; es el que no tiene problema en llevarse a un fulano para el desierto hasta que se muera, o sacarlo del desierto para que viva. Todo lo hará Dios, todo lo hará en nuestras vidas con tal de conducirnos a su salvación; muy bueno que estén estas palabras aquì. Este evangelio nos invita y nos anima a reconocer nuestras propias necesidades, lo cual nos economiza muchos regaños, y lo cual facilita que conozcamos mejor la piedad, la misericordia de Dios. Dios nos ama, que ha manifestado todo su amor en Cristo, y que en este Cristo dará remedio a nuestras necesidades, a veces con bálsamo, a veces con fuego.

viernes, 26 de agosto de 2016

Santos

Los Santos son para nosotros motivo de gran esperanza y de gran alegría porque son como demostraciones vivas de que le Evangelio es posible, y en medio de las dificultades, en medio de las crisis, las caídas, también en los momentos alegres y esperanzadores que tiene nuestra vida, mirar hacia los santos es recobrar aliento, porque en ellos encontramos también desengaños, encontramos tentaciones, encontramos que son profundamente humanos y que los rodeo los mismo que nos rodea a nosotros.En esta humanidad doliente, precisamente los obstáculos sirven para mostrar cómo Dios está por encima de todos, Dios es el Señor de todos. Sabemos que el que llegó a ser cura en Ars, fue primero estudiante con graves dificultades, graves dificultades de orden intelectual, parece que sobre todo por la lengua en la que se estudiaba hasta no hace mucho toda la Teología y la formación sacerdotal, es decir, el latín. Tuvo dificultades intelectuales con todo lo que esto conlleva, con el desprecio y con la marginación, con ese sentimiento de humillación que da el no poder responder de la mejor manera a las tareas encomendadas. Ciertamente no fue falta de diligencia dé él, sino que su inteligencia, que indudablemente la tenía, pues no era particularmente fácil para los idiomas o para lo que llamaríamos el pensamiento lógico. Con un poco más de psicología diríamos que el cura de Ars tenía inteligencia intuitiva, una inteligencia holística,es decir, una facilidad de comprensión del todo y de lo que hay en los corazones y de lo que hay en los ambientes y de qué es lo mejor que se puede hacer. El cura de Ars fue enviado a este poblado, Ars, que era el lugar de la diócesis a donde nadie quería ir. Percibamos, por favor, en su crudeza lo que significa vivir esto. Allí había motivaciones humanas. Realmente el responsable, pienso yo, el obispo, no conozco detalles de la biografía, el responsable de la asignación a este cargo no quería arriesgar un lugar importante, sino que tomó un lugar donde casi no había nada que perder porque casi todo estaba perdido; era un lugar conocido por su escaso culto, por su frialdad de témpano, por sus pésimas costumbres sobre todo en términos de alcohol y de prostitución, un lugar pobre y feo. El cura de Ars, Juan María, tuvo que darse cuenta de por qué lo habían asignado allá y tenía dos alternativas: una era haberse quedado revolviendo con amargura en su corazón que le hubieran destinado un sitio tan difícil, esto es quedarse mirando sólo las motivaciones humanas; o hubiera podido hacer, y esto fue lo que le inspiró el Espíritu Santo, fue lo que a la postre lo condujo hacia la santidad, o pudo haber visto, y vio de hecho en esto una señal de la misericordia de Dios, una señal de la providencia de Dios. Si este sacerdote joven, bueno, relativamente joven, si Juan María, ya ordenado cuando fue asignado a Ars, se hubiera quedado revolviendo la amargura de su alma, discutiendo con el obispo, protestando, revelándose, probablemente hubiera logrado su propósito, le hubieran dado una parroquia más prestante, con mejores recursos económicos, con una situación eclesial menos grave, él hubiera logrado su propósito, pero con toda seguridad la Iglesia se hubiera perdido este santo. Aunque hoy celebramos no sólo como santo y como sacerdote, sino como Patrono de los párrocos. Figura, pues, propuesta por los Papas como modelo de celo pastoral, como dice la oración del comienzo de la Santa Misa. De manera que ahí hay una enseñanza para nosotros. Ese saber percibir. No se trata de ser tontos ni de ser ingenuos. Uno muchas veces se da cuenta de las cosas, -estamos entre humanos-, uno se da cuenta de los problemas, se da cuenta de las limitaciones. ¿Quién puede decir, por favor, que tiene un corazón imparcial, completamente justo? Probablemente no hay superior, no hay provincial, no hay maestro, no hay obispo que pueda tener este corazón, y si uno va a esperar a que aparezca un superior así, perfecto, para irle a hacer caso, nunca va a hacer caso y lo grave es que vamos a privar a la Iglesia de nuevos santos. Un último ejemplo que creo que podemos rescatar de esta figura tan simpática, yo creo que se puede sacar de una frase de San Juan de la Cruz que dice que: "El alma enamorada que busca a Jesucristo, cuando entra en la espesura, llega un momento en el que sólo la sed alumbra". Me decía el Padre Campo Elías Claro, que de Dios goce, que para él esa era la metáfora más forzada de toda la lengua castellana: La sed que alumbra. Pero es forzada porque implica describir una realidad que, quien la ha vivido, la conoce; como diría San Juan de la Cruz, sólo la sed alumbra. Es decir, en esa noche de la fe donde muchas veces no se encuentra camino, donde muchas veces lo único que hay son las motivaciones humanas, las debilidades de uno, los problemas, las crisis; sólo el que tenga sed de Dios, increíble sed de Dios, sólo ese podrá ir viendo camino, nos enseña San Juan de la Cruz. Y si nosotros repasamos la biografía de Juan Maria Vianney, nos encontramos que esa situación casi desesperada de esa pobre parroquia en Ars, este cura lo que hizo fue dejarse alumbrar por la sed, dejarse alumbrar por el hambre de Dios, el hambre de la gloria de Dios, o como diría nuestra hermana Santa Catalina de Siena, por el "alma de las almas". Muchas veces uno cree que si no tiene todos lo métodos a mano, todos los recursos a punto y en su momento, si no tiene, pues, todos los instrumentos de trabajo, usted no puede hacer nada. Juan María Vianney fue puesto por Dios y por su obispo, en una situación en la que no tenía prácticamente nada, donde no tenía prácticamente cómo trabajar. Pero en esa oscuridad, en esa espesura, como siguiendo el consejo de Juan de la Cruz, se dejó alumbrar por la sed. No nos quejemos de los medios que nos hacen falta, bendigamos al Señor por los medios que tenemos, y esto yo creo que se puede aplicar a muchas cosas. Yo mismo, mientras digo esto, voy haciendo como un examen de conciencia de todas las tonterías que uno dice muchas veces. Cuánto tiempo perdimos criticando a la Iglesia, criticando a la provincia, que este Padre, que la falta de padres, que la abundancia de padre, que el mal testimonio de los padres, que lo que pasa, que lo que no pasa. Si este tiempo lo utilizáramos en ahondar en el amor a Dios y ahondar en el amor, pero un amor apasionado por la salvación de las almas, como nos lo enseño Santo Domingo, con un amor así, seguro que encontramos caminos. La sed nos va alumbrar, y también nosotros le entregaremos a Jesucristo, unidos a la Eucaristía, pues, un precioso rebaño lleno de la gracia, lleno del Espíritu Santo. Amigos, mientras nos alimentamos de este Cuerpo y de esta Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, pidamos que nuestra vida quede completamente en manos de la Providencia, y que el amor y la sed nos alumbren.

miércoles, 24 de agosto de 2016

San Pablo

Bendito sea Dios que nos permite saberlo. El Apóstol Pablo es elocuente en sus palabras: "He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe" 2 Timoteo 4,7 , él mira el conjunto de su vida, y de hecho puede hacer ese balance, está lleno de confianza y de paz, tanta confianza como la que podía tener el Apóstol Pedro, que un día antes de que lo mataran, estaba durmiendo. Cómo cumple de bien el Apóstol Pedro aquello que dice el Salmo; "En paz me acuesto y en seguida me duermo" Salmo 4,8, es el salmo de las personas en buena conciencia. San Pablo, a las puertas de la muerte, utiliza expresiones que denotan la misma confianza: "Me aguarda la corona merecida con la que el Señor me premiará en aquel día, y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida" 2 Timoteo 4,8. Miren estas palabras que Dios nos conceda decir al final de nuestros días. "El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, Él me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo" 2 Timoteo 4,18. El Apóstol, a las puertas de la muerte, sabe que no es un bocado para el abismo, no es alimento para el vientre insaciable de la muerte, sino que, más bien, es alimento de la proclamación del Evangelio, su muerte va a ser fecunda. En otras ocasiones, apresado entre cadenas, había dicho el Apóstol San Pablo: "Yo estoy apresado, pero la Palabra de Dios no está encadenada" 2 Timoteo 2,9. Él quería, a toda costa, que el Evangelio se difundiese, esa es una primera enseñanza que podemos tomar de esta hermosa fiesta. Fundados en Jesucristo, con su muerte, con su testimonio de sangre, le dan piso a nuestra fe. ¡Benditos Apóstoles!

Revela

Lo más grande de Dios, siendo grande toda su obra, lo más grande de Dios. Las fuerzas que Dios puso en juego el día de la redención; una fuerza más grande y una maravilla más grande, y por consiguiente, una admiración más grande hay en el perdón que Dios otorga. Dios revela más su grandeza perdonando a uno cualquiera de nosotros, que somos unos pecadores; Dios revela más su grandeza perdonándolo a usted o a mí, ahí se muestra más grande, que moviendo al más grande y al más impresionante de los astros que en el cielo podamos imaginar. Esa es una grandeza mayor, explica un ungido predicador, explica este misterio o esta paradoja cualquiera de nosotros, pequeñitos, y débiles, y frágiles, y contingentes, y breves como somos, cualquiera de nosotros sí es capaz de decirle a Dios: a base de "lazos de amor", "cuando con las correas de la gracia",Oseas 11,4, diríamos parodiando al profeta Oseas; cuando con las correas y los lazos del amor Dios trae a un corazón, y ese corazón finalmente le dice: "Sí, sí, tú eres misericordia; sí, Señor, yo quiero obedecer tu voluntad", en ese momento sucede algo más grande que lo que ha sucedido en la creación del mundo. Un solo corazón que acepte a Dios, una sola persona que le diga con toda la fuerza y la fe de su alma: "Sí, te acepto", eso vale más que cualquier cosa. Es la misma enseñanza que nos tiene el evangelio: "Oye, tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo" San Mateo 12,47. Cuando aquí en los Evangelios se dice "hermanos", es porque tanto en griego como en hebreo, esta palabra se utiliza en general para "parientes"; ahí no se está hablando de hermanos en el sentido de hijos de la Virgen María. "Tu madre y tus hermanos están fuera", "tus parientes están fuera" San Mateo 12,47. Jesús dice: "El que quiera ser pariente que crea, que acepte, que medite y que cumpla la voluntad de Dios, que cumpla la voluntad de Dios" San Mateo 12,50. Lo único que quiere Jesús, por eso vino a la tierra, por eso hizo milagros, por eso predicó, por eso murió en la cruz, y por eso resucitó, y por eso envió al Espíritu Santo, todo lo hizo Cristo sólo por este pasaje que hemos escuchado : para que la voluntad de Dios se realice en el corazón humano.

domingo, 21 de agosto de 2016

Salva

Lo que dice Jesús es muy claro, dice Jesús que, "hay que hacer la voluntad del Padre" San Mateo 7,21; dice Jesús que no es asunto de fiarse, "yo soy descendencia de Abraham", ni es asunto de fiarse de que, "yo he comido y bebido contigo". Lo único que nos salva es hacer la voluntad del Padre y la voluntad del Padre es, sobre todo, que creamos en el que Él ha enviado, que nos fiemos de Él y que seamos obedientes a Él, porque el que dice que cree en Jesús, y el que dice que es cristiano, pues ha de decirlo también con sus obras. Jesucristo lo que está contándole a este hombre es: "Mira, si te sientes preocupado por tu salvación, no te metas a estudiar con qué criterios va a decidir el Padre celestial para decir: "Yo como ya estoy excluido, ya puedo hacer lo que yo quiera, o yo como ya estoy salvado, yo puedo hacer lo que yo quiera. El camino es que no te fíes de aquello que te podría hacer sentir seguro, y que en la humildad y recibiendo como una gracia y como un regalo lo que Dios te ha dado, y creyendo en el que Él ha enviado, allí encuentres vida y vida perdurable. Que Dios Nuestro Señor se glorifique en nosotros para que esas puertas de misericordia, que se abren a todos los pueblos, sean puertas por las que nosotros podemos entrar y celebrar la gracia que nos da la salvación.

domingo, 14 de agosto de 2016

Cristo

Cristo, Cristo, Es el Hombre del corazón inmenso, nosotros hablamos del Sagrado corazón de Jesús, pero también podríamos hablar del Bellísimo Corazón de Jesús, del Santo Corazón de Jesús, o del Inmenso Corazón de Jesús. Cada vez me gusta pensar más en Jesucristo como aquel que tiene el corazón inmenso, el corazón sin fronteras, el corazón sin barreras, ese es Jesucristo. Jesucristo es aquel que supo abrirle espacio a todos, a la prostituta, y al publicano, y al leproso, y al excluido; Jesucristo es el que no esconde la mirada cuando el leproso le dice: “Oiga, yo existo”; Jesucristo es el que no retrae los pies cuando la pecadora lo besa; Jesucristo es el que no se esconde cuando Zaqueo, el publicano, pecador quiere abrazarlo; Jesucristo es el que está ahí para recibir el abrazo del pecador y el beso de la prostituta. Yo me alegro de que ese sea Jesús, porque eso significa que yo también puedo besarlo, y yo también puedo abrazarlo. Ese es mi Jesús, ese es mi Señor, ese es mi Salvador. Aprender a recibir, aprender a acoger personas, aprender a abrirle espacio a las personas, es algo que a mí me llama mucho la atención, es algo que a mí me impresiona, especialmente de la misión del Papa. Demos gracias, por el santísimo, bellísimo, pero también inmenso corazón de Jesucristo, porque sólo un corazón así podía salvarnos. A Él la gloria y el honor por lo siglos

hospitalidad

Por encima de una vida, llamémosla de mayor actividad o incluso de apostolado, siempre parece que es más importante dejar que Dios obre en nosotros, antes que presentarle nosotros obras a Dios. Las obras que nosotros le presentamos a Dios, pues son del tamaño nuestro; las obras que El hace en nosotros, son del tamaño de Él. Cuando nosotros estamos siendo transformados por la oración, ahí Dios está obrando a su tamaño; cuando nosotros estamos presentándole obras al Señor, muchas veces son únicamente de nuestro tamaño. La Iglesia siempre ha reconocido el valor que tiene lo que se llama la vida contemplativa, es decir, esa actitud del corazón abierto que se enamora de la Palabra, así como María de Betania en este pasaje. Esta María era hermana de Marta y hermana de Lázaro, estos tres hermanos eran como una familia para Jesús, entonces María representa aquí esa actitud de la persona que tiene hambre de Dios, que quiere escuchar su palabra, que quiere dejarse formar por El, y esta actitud recibe un elogio de parte de Cristo. 222Lo que hace Abraham, en el texto de la primera lectura tomada del Génesis, es acoger, brindar hospitalidad a esos hombres, esos personajes que iban de camino. Abraham abre su casa, da de su tiempo, saca de sus bienes y se pone al servicio, todo esto implica la hospitalidad. Abre su casa, da de su tiempo, saca de sus bienes y se pone al servicio de aquellos desconocidos. Eso es la hospitalidad. Y en el evangelio lo que encontramos es una familia que fue hospitalaria, una familia que fue acogedora para Jesús, una familia que supo recibir a Jesús, no aparecen ni el papá ni la mamá sino sólo los tres hermanos, Lázaro Martha y María. Pero estos tres hermanos recibieron a Jesús como uno de su familia, abrieron su hogar a Jesús, también ellos abrieron su casa, dieron de su tiempo, sacaron de sus bienes, se pusieron al servicio de Jesús. La hospitalidad aparece recordada en una de las obras de misericordia materiales. Jesús era un peregrino, le dieron posada. Esos tres personajes del libro del Génesis eran peregrinos y Abraham les dio posada. Es decir, cuando se apoya, una casa de misericordia, una casa de acogida, un orfanato, un hogar para indigentes, un lugar para huérfanos, tú no puedes seguramente tomar a un desconocido y meterlo en tu casa; pero tú sí puedes apoyar esa clase de obras, y a través de esas obras, estamos dando posada al peregrino. Porque fíjate que dijimos que la hospitalidad consiste en abrir la casa, en dar del propio tiempo, en sacar de los propios bienes y en ponerse uno al servicio, todo eso es hospitalidad. Tienen una dimensión espiritual muy grande. Acoger a una persona es abrirle espacio en mi corazón, es hacer que me importe a esa persona, eso es la acogida, eso es la hospitalidad. La obra de misericordia: "dar posada al peregrino", o abrir la casa, tiene que ver también con el tiempo que yo le doy a la persona que requiere un poco de ese tiempo mío, la persona que me invita a salir de mi egoísmo, la persona que me saca de mi mundo armado y cómodo.
Cuando nosotros recibimos la Sagrada Comunión en la Eucaristía, estamos tomando a Jesús, pero sobre todo, Él nos está tomando a nosotros. En la Eucaristía, aparentemente, Jesús está en nuestro poder, porque está en nuestras manos, porque está en nuestra boca. Pero es sólo la apariencia. No está Él en nuestro poder, sino que a través de la Sagrada Comunión, nosotros quedamos en su poder, y es poder de amor, y es poder de salvación, para gloria y alabanza del Padre, que vive y reina por los siglos.

Amigo

Jesús fue a la casa de Marta, María y Lázaro, que eran hermanos, y sabemos que fue a esa casa, porque los sentía amigos. No es sólo el hecho de recibir a Jesús en la casa, es sobre todo, el hecho de ser amigo del Señor. Marta y María reciben a Jesús, pero hay una diferencia entre estas dos hermanas. Marta quiere hacer algo por Jesús; María quiere dejar que Jesús haga algo por ella. En ambos casos hay un sentimiento, hay un afecto; podemos decir, hay un amor. Pero ese amor tiene como dos expresiones diferentes. Una es: "Voy a hacer algo por Jesús". Otra es: "Voy a dejar a Jesús que haga algo por mí". La actitud de María puede parecer pasiva, incluso cómoda. Sentada a los pies del Maestro, recibe la Palabra; simplemente escucha, simplemente se deja alimentar. Marta, en cambio, está pensando en alimentar a Jesús, está pensando en cuidar de Él. Se preocupa por la humanidad de Jesús, y quiere que la casa, quiere que las cosas estén lo mejor posible para Él. Marta quiere que María la ayude en el oficio de la casa, quiere que la casa esté de la mejor manera para Jesucristo, un sentimiento noble. Marta se pone al servicio de Jesucristo, pero de un modo tal, que priva a Jesucristo de ponerse al servicio de ella. Hay algo muy profundo y muy hermoso aquí. No debemos servir de tal manera a Jesús, que le privemos del divino derecho que tiene de servirnos Él a nosotros. Jesús es celoso de su título y de su misión de siervo, de servidor, y no quiere que nadie le sirva de un modo tal, que prive a Jesús del privilegio de servir más, de servir primero, de servir mejor. Si María se levantaba para servir a Jesús, le quitaba a Jesús la oportunidad de servirla a ella. Jesús quiere ser el primero en el servicio, y hay un título de Jesús que ninguno de nosotros puede quitarle, Él es el servidor por excelencia. La vida contemplativa, entonces, esa vida que, fundamentalmente, se abre para recibir el poder de la Palabra y el poder del Espíritu de Jesucristo, esa vida contemplativa, le da la gloria a Dios, porque le permite realizar en plenitud, la obra que Él quiere hacer. Todos los bautizados y todos los redimidos, estamos llamados a ser contemplativos. Es verdad que hay quienes reciben como una vocación, como un llamado especial para orientarse de la mejor manera, de la manera más continua y profunda, a ese aspecto de la vida cristiana. Pero todos nosotros tenemos el deber de recibir el servicio de Cristo, acoger la presencia y la acción de Cristo en nosotros. Y eso es ser contemplativos. Dejar a Cristo obrar a plenitud en nosotros; eso es ser contemplativos. Dejar que Cristo haga completamente su obra en nosotros, que su Palabra se apodere de nosotros, que su amor se adueñe de nosotros; eso es ser contemplativo. Jesucristo quiere ser recibido. Quiere ser recibido y quiere ser servido de tal manera, que sea Él quien pueda prestarnos siempre ese servicio. Esa es la grandeza de la visita de Jesucristo. Quiere venir para ser útil siervo, útil servidor de todos nosotros. Y con divino amor, y con maravillosa diligencia, Cristo se ocupará, precisamente, de hacer ese servicio en nosotros. Porque nos ama, y porque ama al Padre. El gran servicio que hace Cristo en nosotros es limpiar con la acción de su Palabra, con la fuerza de su Espíritu, con el baño saludable de su Sangre redentora, el corazón, para que resplandezca la imagen del Padre. Jesucristo está obrando en nosotros, para que la imagen de Papá Dios aparezca plena, perfecta, para que nosotros seamos, verdaderamente, imagen del Padre Celestial. Por amor al Padre, entonces, y por amor a nosotros, viene Cristo como servidor. Y por eso no quiere que esa misión suya sea confundida, sea aplazada, sea postergada, o pase a segundo lugar. Cristo quiere que esa obra se haga a plenitud, porque en ello está la gloria del Padre Celestial.

Paz

La paz se construye día a día en la búsqueda del orden querido por Dios y sólo puede florecer cuando cada uno reconoce la propia responsabilidad para promoverla. Para prevenir conflictos y violencias, es absolutamente necesario que la paz comience a vivirse como un valor en el interior de cada persona: así podrá extenderse a las familias y a las diversas formas de agregación social, hasta alcanzar a toda la comunidad política. En un dilatado clima de concordia y respeto de la justicia, puede madurar una auténtica cultura de paz, capaz de extenderse también a la Comunidad Internacional. La paz es, por tanto, « el fruto del orden plantado en la sociedad humana por su divino Fundador, y que los hombres, sedientos siempre de una justicia más perfecta, han de llevar a cabo ». Este ideal de paz « no se puede lograr si no se asegura el bien de las personas y la comunicación espontánea entre los hombres de sus riquezas de orden intelectual y espiritual »

Ezequìas

Cuando Ezequías se sabe enfermo, "se vuelve hacia la pared" Isaías 38,2 .En eso se ve un simbolismo muy bello. Ezequías oye la palabra, oye el diagnóstico de su enfermedad mortal, pero él da la espalda a las voces de los hombres. Ese volverse hacia la pared, es un acto muy sencillo, pero que sirve para ilustrar una actitud muy profunda. Ezequías oye el diagnóstico del mundo, pero le da la espalda a eso. Se vuelve hacia la pared y hace oración. Tratemos de aplicar este hecho a nuestras vidas, como una enseñanza . Muchas veces se ha dado sentencia de muerte a la Iglesia. Los sumos sacerdotes, ya en tiempo de los Apóstoles, decretaron sentencia de muerte: "Hay que acabar con esas sectas perniciosas"Hechos de los Apóstoles 5,33, y declararon que se tenían que morir. Entre ellos, un hombre, Gamaliel, dijo: "¡Un momento! Si esto es de Dios, esto permanece, esto sale adelante, esto pervive" Hechos de los Apóstoles 5,38-39. "Las puertas del infierno no prevalecen contra la Iglesia" San Mateo 16,18 Son casos en que tenemos que hacer lo que hizo Ezequías: Ya oí lo que me dijeron; ahora yo me vuelvo hacia Dios y a Dios le clamo, le ruego: Señor, tú sabes lo que hay en mí." "Con largo llanto" Isaías 38,3, como Ezequías, se pide misericordia y Dios da su respuesta. Pero aunque nosotros no estemos en ese caso, -y Dios nos libre-, sí tenemos la experiencia de que el pecado llega como esa enfermedad de Ezequías. Es que la enfermedad llegó donde Ezequías pisando fuerte: "Aquí llegué y hasta que te mate". Ezequías oyó la sentencia, dio la espalda a esa sentencia, se volvió hacia la pared, "como entrando en su aposento" San Mateo 6,6, según diría después Jesucristo, e "hizo oración y largo llanto"Isaías 38,2-3. Se humilló en la presencia de Dios. Le dijo: "Tú lo sabes todo, tú sabes cuál es mi corazón y aquí estoy" Isaías 38,3, y Dios lo libró de esta enfermedad, la enfermedad prepotente que pretendía recortarle la vida a Ezequías. Ezequías no se resignó, se rebeló frente a la enfermedad que había llegado con prepotencia a su cuerpo, diciendo: "Bueno, eso será lo que dice la enfermedad, pero ahora voy a hablar con Dios". Ante Dios se humilló, porque su fuerza no estuvo en él, su fuerza estuvo en el llanto, en la oración, en postrarse, en rogar hasta el fondo. Así pidió y así obtuvo respuesta: "Tú lo sabes todo, Señor, voy a pedirte". Ezequías tomó sus medidas, para ver que la palabra que le iba a llegar, era la Palabra de Dios. Porque sólo Dios puede hacer retroceder la sombra en un reloj de sol. "A mí no me engaña cualquiera. Que venga la palabra de parte de Dios, y ahí sabré que Dios me ha respondido". Nosotros somos esperanzados . Luego, uno también tiene que pedirle al Señor señales claras. Lo primero, la actitud viril, la actitud fuerte, la actitud vigorosa frente al pecado, hacerle fórmula de lanzamiento y "no nos vamos a resignar". Pero, segunda parte, tenemos que buscar la señal de Dios, la de Dios, el Creador y Redentor. ¡Busca sólo a Dios y lo que Dios sólo puede hacer! ¡Frente al pecado, rebélate! En la oración humilde, la oración arrepentida, la perfecta abnegación y renuncia de nosotros, la búsqueda de la voluntad de Dios como Él quiera, cuando Él quiera y porque Él lo quiere. Que Dios en su misericordia traiga su Espíritu a nuestros corazones, ilumine nuestras mentes y nos permita reconocer su paso, su bendito paso en nuestras vidas.

viernes, 12 de agosto de 2016

Ternuras

Las ternuras y ternezas del amor no deben hacernos creer que sea fácil o trivial vivir en el amor. El evangelio de hoy nos recuerda de modo agudo, casi agresivo, las infinitas exigencias del amor, que no sabe darse todo sin pedirlo, así como es verdad que nada pide sino entregándose El amor nos trae todos los derechos pero por todo ello pide un precio: nosotros mismos. No hay alternativa. La alternativa sería no amar, que equivale a amar la muerte. Una vida sin ataduras, una vida en absoluta independencia, es una vida desatada de la vida, es decir: un monumento a la muerte. Catalina de Siena llegó a decir que el alma estaba "hecha" de amor. No puede dejar de amar sin morir. Pero al amar necesita desposeerse, arriesgarse, hacerse vulnerable, entregarse. Entonces todo el tema de esta vida nuestra es ese: ¿por qué o para quién va a ser la vida que vas a entregar? Y Cristo nos dice que en él, que es Fuente de todo Amor, y en su Evangelio, que es Palabra Máxima sobre el Amor, está el único lugar justo para poner esa carga cuasi divina que llevamos por ser humanos y que se llama amor. Así entendemos que su "exigencia" de cruz es en realidad una "bendición", pues al llamarnos y acogernos Cristo está dando una ruta, en realidad, la única y verdadera ruta a nuestro propio ser de hombres o mujeres necesitados de amor y de amar.

Enseñanza

Jesús no oculta este aspecto de su enseñanza: "El que quiera salvar la vida, la perderá" San Mateo 10,39; el que no quiera perder nada, termina perdiéndolo todo. Porque el que no quiere perder nada, no se da cuenta de que en sí mismo lleva mala semilla, y como no quiere ser limpiado, como no quiere que le quiten nada, pues tampoco le quitan su semilla de pecado, y por eso vive las consecuencias de su desgracia y termina por arruinarse enteramente. Al contrario, "el que pierda su vida" San Mateo 10,39, dice Cristo. Necesitamos como renunciar a todas las cosas, no olvidándolas, sino como dejándolas, como superándolas; tenemos que dejar todas las cosas para buscar al que es Hacedor y Restaurador de todas las cosas. De este modo, Jesús completa la enseñanza de los Profetas, o mejor, la lleva a plenitud. El Profeta nos ha enseñado que el pecador es víctima de su pecado; Cristo nos enseña que con su gracia, ya no tenemos que buscar enemigos ni competidores afuera de nosotros, sino que el gran drama se vivirá dentro de nosotros. Por supuesto que Nínive logra redimirse a sí mismo. Las palabras de Cristo son una invitación a acoger la gracia de Dios, una invitación a sabernos, también nosotros, víctimas de nuestros propios pecados. Orgullo sería y de mala ley, orgullo sería extrañarnos de que hayamos pecado; lo rarísimo sería que no lo hubiéramos hecho. Cristo no nos da este lenguaje para que nos extrañemos de nuestro pasado, sino para que con su gracia nos abramos a un futuro, en el cual, en cierto modo, lo dejamos todo, pero en el cual, ciertamente, ganamos todo con Él. Bendito sea su Santísimo Nombre, bendita sea la gracia de su Espíritu. Que Él que nos da esta enseñanza, la imprima, la escriba en nuestro corazón. Que sepamos nosotros también, que si un día logramos vencer sobre nosotros mismos, la victoria fue de Él, el triunfo fue suyo y la gloria es de su Nombre.

Expresiones

Expresiones de castigo y de dureza, estas expresiones de alegría en la venganza pueden causarnos extrañeza; poedemos sentirlas lejanas de la ternura y de la mansedumbre de Jesús Nuestro Señor. Conviene recordar que la revelación de Dios que nos ofrece la Sagrada Escritura, es siempre revelación de Dios, pero va como progresivamente. Nínive, en cuanto a imagen del pecado, nos ayuda a comprender eso. Podemos decir que la enseñanza es que nunca se peca impunemente, que nunca se peca en vano, que el pecado trae su propia consecuencia y esa consecuencia recae sobre el pecador. Esto significa que cada pecador es en realidad un culpable, pero además de culpable y casi por encima de ser culpable, es una víctima de su propio pecado. Esa lectura que nos parece tan cruel y tan drástica, tan violenta, ya trae una semilla de compasión, porque en la medida que nos enseña que el pecador es la primera víctima de su propio pecado, nos está invitando también a que tengamos un sentimiento distinto con respecto a aquel que se equivoca, aquel que es violento, aquel que es víctima de su pecado. En el Evangelio encontramos otro género de dureza. Ha pasado el tiempo y la revelación de Dios, que como he dicho es progresiva, ha dado nuevas y nuevas luces hasta alcanzar el sol definitivo en Cristo Nuestro señor. Cristo quiere que cada uno de nosotros ya no busque, ya deje de buscar una Nínive que sea como la imagen de los pecados. Ya ahora no hay que buscar a alguien fuera de nosotros para alegrarnos de su ruina, ya no hay que reconcentrar toda nuestra antipatía contra el pecado de una persona y decir: "Este es el culpable", "esta es la culpable". Ahora Cristo quiere que entendamos, dando un paso más, que en realidad el gran drama de la humanidad se vive en cada uno de nosotros y en cada corazón. Y que la victoria no hay que lograrla sobre otras personas, sino la victoria hay que lograrla sobre esa superación del corazón sobre sí mismos. La gran lucha, por consiguiente, la gran victoria es la lucha consigo mismo, y la gran victoria es la victoria sobre sí mismo. Claro que alguien podría decir: "Bueno, pero si yo venzo sobre mí mismo quiere decir que yo también perdí". Pues sí, eso es cierto. Y por eso la gran victoria es también la gran pérdida.

viernes, 5 de agosto de 2016

Señales

Es Dios el que da señales.Si ustedes acogemos esas señales", la mayor de las cuales es el mismo Cristo, "llegamos a la fe y a la salvación". Sin embargo, hay una señal que Dios da a todos. Esa señal no es otra sino la muerte y la Resurrección de Jesucristo, a la cual alude precisamente Nuestro Señor, con la imagen aquella de Jonás. Dice Cristo, que esa es una señal que Él va a dar: "A esta generación perversa y adúltera, no se le dará más señal que la del Profeta Jonás" San Mateo 12,39. Es decir, que en medio de todos los hombres de todas las culturas y de todas las religiones, hay una señal que se levanta, la señal de la Cruz, la señal de la muerte, la señal de la Pascua. Lo hemos descubierto a través del Sacrificio Pascual. No empezó a ser en la Cruz, pero nosotros sólo lo descubrimos a través del sacrificio de la Cruz y la Eucaristía. Jesucristo se levanta como único, el Único, el único del que se dice que murió y resucitó, el único del que se dice que es Dios y Hombre, el único del que se dice que alimenta con su propio Cuerpo y con su propia Sangre a su pueblo. De nadie más se asegura eso. Esa absoluta unicidad de Jesucristo, se levanta en medio de la humanidad y es una señal para que todos la vean, para que todos la reconozcan. Jesucristo es señal absoluta, única, de algo que no ha acontecido, que no acontece y que no va a acontecer en ninguna otra parte. Dios es libre en dar sus señales, y las da como quiere, donde quiere y cuando quiere. Pretender obligarlo, es entrar en los terrenos pavorosos, los terrenos resbaladizos, los terrenos diabólicos de la magia. Las señales son las señales que Dios me dé, y la gran señal es Jesucristo. Esa señal es única, incluso comparada con cualquier otra religión. Porque sólo de Cristo se predica esa muerte, esa Resurrección, la verdad de su divinidad y su presencia eucarística. Dios, en su amor, nos confirme en esta fe, y con ese gozo sepamos lo que tenemos para anunciarle al mundo. Revistámonos de este gozo, revistámonos de esta verdad, y salgamos con esa certeza a contar y a cantar lo que Dios nos ha concedido creer. Porque éso, éso que creemos, es realmente único

Lugar

Ligia Rodrìguez Bolaños le gusta tu publicaciòn James favaud mencionò tu comentario A Gabriel Estrada le gusta tu publicaciòn A mayra Rojas le gusta tu publicaciòn A TERESITA FERNANDEZ Irma fernandez ATere Mora Villalobos le gusta tu publicaciòn El lugar de los Apóstoles, ellos son las primicias de la redención por la Sangre de Cristo, son las primicias de la obra maravillosa del amor, que es la Sangre derramada en el mundo por obra del Espíritu y son, por eso, los primeros incendiados, los primeros que arden en el fuego del Espíritu, y por ellos el mundo ha conocido el fuego que había en el Corazón de Nuestro Salvador. Somos llamados hoy por la Iglesia a comulgar en la misma Sangre de Cristo, a convertirnos también nosotros en testigos de ese amor grande, a dejar de ser solamente responsables de que el plan de Dios no se realice, para convertirnos en redimidos, y esto es, en testigos de la realización de ese mismo plan. Comulgar con provecho, es darle la gloria a Dios y es convertirnos en pueblo de su redención. A la vista, pues, del amor intenso, ardoroso de Santiago Apóstol, a la vista de ese amor, cada uno discierna su corazón y participe con provecho del Banquete redentor.

Sueño

¡Sueña! ¡Sueña grande! ¡El problema de tus sueños no es que sean difíciles. ¡Sueña en grande! ¡Sueña del tamaño de la cabeza de Dios! ¡Sueña en grande! Sueña, sueña con que tu corazón se puede ensanchar. Jesús soñó así. Jesús soñó que su corazón se podía ensanchar. Jesús soñó que podía tocar a todos, que podía bendecir a todos, que podía besar a todos, y del sueño de Jesús nació la Eucaristía. Por eso, del sueño de Jesús y del poder de Dios, hoy tiene ese Pan Vivo que llega a tu boca para besarte, a tu corazón para santificarte y a tu cuerpo para sanarte. Por eso, por el sueño de Jesús, porque Él no se limitó ahí a lo pequeñito, "voy a ver si controlo todo", no; "yo no voy a controlarlo todo, voy a entrar en el control de Dios; yo no voy a imponer mi voluntad, voy a entrar en la voluntad de mi Señor". Dios es el Dios de las sorpresas, porque no podemos meterlo dentro de nuestros esquemas, porque no podemos predecirlo, porque como el verdadero amor, el Señor Dios nos lleva por caminos inesperados, nos da regalos maravillosos, o nos envía por terrenos y parajes oscuros, donde nos visitan el sufrimiento y por qué no decirlo, la traición. Jeremías se queja ante Dios y recibe una respuesta: "Si vuelves, te haré Volver a mí; estarás en mi presencia" Jereremías 15,19. Dios no se disculpa con Jeremías, sino que lo invita a un amor más grande, a una adhesión más plena: "Para que yo no sea un extraño para ti, pégate más a mí. "Únete más, fúndete más conmigo y comprenderás el misterio, comprenderás lo que está sucediendo, descubrirás la fuerza de mi amor y la sabiduría de mi designio"Jereremías 15,19. Estas palabras son también para nosotros. También para nosotros es esa búsqueda, esa sensación de desconcierto, esas aguas inconstantes, ese no saber a qué atenerse. Todas estas son experiencias que muchas veces encontramos en nuestra vida. Pero el Señor tiene por toda respuesta: "¡Pégate a mí! Separa la basura de lo precioso y tú serás como mi boca" Jereremías 15,19.

Contempla

San Pablo que él se alegra y que él contempla el misterio escondido durante siglos y lo resume él diciendo: “También los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo por el Evangelio”Carta a los Efesios 3,6. Es muy importante porque siempre que en la Biblia se hable de los gentiles, nos están hablando a nosotros, nos están diciendo algo a nosotros. Nosotros somos "coherederos, somos miembros del Cuerpo de Cristo y somos partícipes de la promesa" Carta a los Efesios 3,6. “Mediante la Iglesia los principados y potestades en el cielo conocen ahora la multiforme sabiduría de Dios" Carta a los Efesios 3,10. Es un derroche del amor de Dios y de la sabiduría de Dios que nosotros podamos tener la misma herencia que el pueblo de la Alianza, es decir, del pueblo de Abraham, Isaac y Jacob. "La riqueza insondable que es Cristo, según el designio eterno realizado en Cristo Jesús, por quien tenemos libre y confiado acceso a Dios por la fe en Él" Carta a los Efesios 3,11-12. El Evangelio viene a traer para nosotros una manera nueva de relacionarnos con Dios y nosotros podemos y debemos orar así. En nuestras necesidades, en nuestros agradecimientos, en nuestras esperanzas, nosotros debemos invocar la cláusula de la Alianza, esta palabra de la Carta a los Efesios y decirle a Dios: "Yo tengo libre y confiado acceso a ti, porque yo tengo fe en Jesucristo". Yo tengo libre y confiado acceso a ti, porque yo creo en tu Hijo Jesucristo, Yo quiero que tú me hagas participar de las riquezas insondables de tu Hijo, yo quiero que tú me permitas experimentar cuáles son esas riquezas.

jueves, 4 de agosto de 2016

Comulgar

James favaud mencionò tu comentario A Gabriel estrada le gusta tu publicaciòn A mayra rojas le gusta tu publicaciòn A Teresita Fernandez E Irma Fernandez les gusta tu publicaciòn. Comulgar con provecho, es darle la gloria a Dios y es convertirnos en pueblo de su redención; comulgar con indiferencia o con incredulidad, o simplemente no comulgar y separarnos del Banquete, es hacer inútil ese amor, es obstaculizar ese plan y es hacerse responsable de esa Sangre. A la vista, pues, del amor intenso, ardoroso de Santiago Apóstol, a la vista de ese amor, cada uno discierna su corazón y participe con provecho del Banquete redentor.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Sueña

Sueña, sueña hoy, sueña en grande, pero si en tu sueño no caben los que amó Jesús, no cabe Jesús; si en tu sueño no caben los tristes, tampoco cabrá tu trsiteza, y el día que estés triste tendrás que dejarle tu casa al dueño que tuvo desde el principio, ¿nombre? Satanás, serpiente que nunca salió del paraíso. Sueña, sueña en grande, sueña una empresa, pero una empresa que sea para servicio, para bien, que dé vida, que dé trabajo, que ayude, que desemprobleme a la gente, que ayude a otras personas. Sueña tú en grande. Hay una ventaja: si tú sueñas solo tu sueño, nadie te va a ayudar; su tú sueñas el sueño de Dios,Dios pondrá su gracía, su Espíritu, sus santos, sus amigos, su Providencia y sus Ángeles a favor tuyo, y eso va a darte la victoria. ¡Sueña! ¡Sueña grande! ¡El problema de tus sueños no es que sean difíciles, sino que son chiquitos! ¡Sueña en grande! ¡Sueña del tamaño de la cabeza de Dios! ¡Sueña en grande! No pienses únicamente en que "voy a ahacerle un bien a dos o a tres personas, y bueno ahí les dejo ese mundo menos malo de lo que lo encontré".

Rescatarte

San Pablo que él se alegra y que él contempla el misterio escondido durante siglos y lo resume él diciendo: “También los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo por el Evangelio”Carta a los Efesios 3,6. Es muy importante porque siempre que en la Biblia se hable de los gentiles, nos están hablando a nosotros, nos están diciendo algo a nosotros. Nosotros somos "coherederos, somos miembros del Cuerpo de Cristo y somos partícipes de la promesa" Carta a los Efesios 3,6. “Mediante la Iglesia los principados y potestades en el cielo conocen ahora la multiforme sabiduría de Dios" Carta a los Efesios 3,10. Es un derroche del amor de Dios y de la sabiduría de Dios que nosotros podamos tener la misma herencia que el pueblo de la Alianza, es decir, del pueblo de Abraham, Isaac y Jacob. "La riqueza insondable que es Cristo, según el designio eterno realizado en Cristo Jesús, por quien tenemos libre y confiado acceso a Dios por la fe en Él" Carta a los Efesios 3,11-12. El Evangelio viene a traer para nosotros una manera nueva de relacionarnos con Dios y nosotros podemos y debemos orar así. En nuestras necesidades, en nuestros agradecimientos, en nuestras esperanzas, nosotros debemos invocar la cláusula de la Alianza, esta palabra de la Carta a los Efesios y decirle a Dios: "Yo tengo libre y confiado acceso a ti, porque yo tengo fe en Jesucristo". Yo tengo libre y confiado acceso a ti, porque yo creo en tu Hijo Jesucristo, Yo quiero que tú me hagas participar de las riquezas insondables de tu Hijo, yo quiero que tú me permitas experimentar cuáles son esas riquezas. El corazón humano tiene nostalgia del paraíso, el corazón humano tiene el anhelo secreto de pasarla bien, sin ninguna preocupación, sin que nadie se meta conmigo. Jesús habló no del paraíso, sino habló del Reino de Dios, habló del reinado de Dios, habló de la búsqueda, de la presencia majestuosa y sobrerana de Dios en medio de nosotros. El Reino de Dios, hasta cierto punto, es el contraste, es la otra cara del paraíso. La idea del Reino de Dios es tan ancha como las necesidades del mundo, es tan ancha como el número de los pobres, es tan amplia como el número de los enfermos, es suficiente para que quepamos todos nosotros los necesitados. Sólo si ellos caben, cabe Jesús, "porque lo que hicisteis a uno de estos mis más humildes hermanos, a mí me lo hicisteis" San Mateo 25,40. Jesús escogió amarrar su suerte, amarrar su vida, amarrar su presencia a los más pequeños, a los siempre despreciados, a los que excluimos de primeros, Jesús escogió amarrar su suerte a ellos. Sólo puedes reconocer que Jesús es tu Salvador, sólo puedes reconocer que Dios es tu Señor y tu Salvador, si en lo peor de tus momentos tiene todavía fe suficiente para admitir que el Señor de la gloria es tu Redentor. Pero cuando llegue el peor de tus momentos, cuando estés agonizando, o cuando te llegue una ruina, Dios no lo quiera, o una enfermedad, no te la deseo, pero esas cosas suceden, cuando estés ahí en lo peor de tu vida, ahí necesitas poder creer que hay un Dios que es capaza de abajarse y rescatarte.