sábado, 27 de agosto de 2016
Levantar
Cristo lo que hace es levantar la tela que cubre la herida y decirle: “Mira que tú también necesitas de mí"; por eso digo, llegamos a la sorprendente conclusión de que Cristo, cuando denuncia estos pecados a los fariseos, los está amando”. Porque los está poniendo en situación de conocerse a sí mismos, y de saber que necesitan salvación.
Cristo, que infundió el Espíritu Santo en San Pablo, para que Pablo pudiera decir: “El amor no lleva cuentas” 1 Corintios 13,4-7, capítulo trece, Primera Corintios. Cristo, que es el Ungido por ese mismo Espíritu de amor .
Cristo ama a todas las personas; entonces, al leproso lo ama y lo sana; a Mateo lo ama y lo llama al apostolado; a la adúltera la ama y la perdona; al fariseo lo ama y lo regaña; a la viuda la ama y le resucita el hijo.
Cristo es el Hijo del Altísimo; y ese Altísimo es aquel que hiere y venda la herida; es el que da la muerte y la vida; es el que no tiene problema en llevarse a un fulano para el desierto hasta que se muera, o sacarlo del desierto para que viva.
Todo lo hará Dios, todo lo hará en nuestras vidas con tal de conducirnos a su salvación; muy bueno que estén estas palabras aquì.
Este evangelio nos invita y nos anima a reconocer nuestras propias necesidades, lo cual nos economiza muchos regaños, y lo cual facilita que conozcamos mejor la piedad, la misericordia de Dios.
Dios nos ama, que ha manifestado todo su amor en Cristo, y que en este Cristo dará remedio a nuestras necesidades, a veces con bálsamo, a veces con fuego.
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