domingo, 14 de agosto de 2016

Cristo

Cristo, Cristo, Es el Hombre del corazón inmenso, nosotros hablamos del Sagrado corazón de Jesús, pero también podríamos hablar del Bellísimo Corazón de Jesús, del Santo Corazón de Jesús, o del Inmenso Corazón de Jesús. Cada vez me gusta pensar más en Jesucristo como aquel que tiene el corazón inmenso, el corazón sin fronteras, el corazón sin barreras, ese es Jesucristo. Jesucristo es aquel que supo abrirle espacio a todos, a la prostituta, y al publicano, y al leproso, y al excluido; Jesucristo es el que no esconde la mirada cuando el leproso le dice: “Oiga, yo existo”; Jesucristo es el que no retrae los pies cuando la pecadora lo besa; Jesucristo es el que no se esconde cuando Zaqueo, el publicano, pecador quiere abrazarlo; Jesucristo es el que está ahí para recibir el abrazo del pecador y el beso de la prostituta. Yo me alegro de que ese sea Jesús, porque eso significa que yo también puedo besarlo, y yo también puedo abrazarlo. Ese es mi Jesús, ese es mi Señor, ese es mi Salvador. Aprender a recibir, aprender a acoger personas, aprender a abrirle espacio a las personas, es algo que a mí me llama mucho la atención, es algo que a mí me impresiona, especialmente de la misión del Papa. Demos gracias, por el santísimo, bellísimo, pero también inmenso corazón de Jesucristo, porque sólo un corazón así podía salvarnos. A Él la gloria y el honor por lo siglos

No hay comentarios:

Publicar un comentario