miércoles, 24 de agosto de 2016

San Pablo

Bendito sea Dios que nos permite saberlo. El Apóstol Pablo es elocuente en sus palabras: "He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe" 2 Timoteo 4,7 , él mira el conjunto de su vida, y de hecho puede hacer ese balance, está lleno de confianza y de paz, tanta confianza como la que podía tener el Apóstol Pedro, que un día antes de que lo mataran, estaba durmiendo. Cómo cumple de bien el Apóstol Pedro aquello que dice el Salmo; "En paz me acuesto y en seguida me duermo" Salmo 4,8, es el salmo de las personas en buena conciencia. San Pablo, a las puertas de la muerte, utiliza expresiones que denotan la misma confianza: "Me aguarda la corona merecida con la que el Señor me premiará en aquel día, y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida" 2 Timoteo 4,8. Miren estas palabras que Dios nos conceda decir al final de nuestros días. "El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, Él me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo" 2 Timoteo 4,18. El Apóstol, a las puertas de la muerte, sabe que no es un bocado para el abismo, no es alimento para el vientre insaciable de la muerte, sino que, más bien, es alimento de la proclamación del Evangelio, su muerte va a ser fecunda. En otras ocasiones, apresado entre cadenas, había dicho el Apóstol San Pablo: "Yo estoy apresado, pero la Palabra de Dios no está encadenada" 2 Timoteo 2,9. Él quería, a toda costa, que el Evangelio se difundiese, esa es una primera enseñanza que podemos tomar de esta hermosa fiesta. Fundados en Jesucristo, con su muerte, con su testimonio de sangre, le dan piso a nuestra fe. ¡Benditos Apóstoles!

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