viernes, 12 de agosto de 2016

Expresiones

Expresiones de castigo y de dureza, estas expresiones de alegría en la venganza pueden causarnos extrañeza; poedemos sentirlas lejanas de la ternura y de la mansedumbre de Jesús Nuestro Señor. Conviene recordar que la revelación de Dios que nos ofrece la Sagrada Escritura, es siempre revelación de Dios, pero va como progresivamente. Nínive, en cuanto a imagen del pecado, nos ayuda a comprender eso. Podemos decir que la enseñanza es que nunca se peca impunemente, que nunca se peca en vano, que el pecado trae su propia consecuencia y esa consecuencia recae sobre el pecador. Esto significa que cada pecador es en realidad un culpable, pero además de culpable y casi por encima de ser culpable, es una víctima de su propio pecado. Esa lectura que nos parece tan cruel y tan drástica, tan violenta, ya trae una semilla de compasión, porque en la medida que nos enseña que el pecador es la primera víctima de su propio pecado, nos está invitando también a que tengamos un sentimiento distinto con respecto a aquel que se equivoca, aquel que es violento, aquel que es víctima de su pecado. En el Evangelio encontramos otro género de dureza. Ha pasado el tiempo y la revelación de Dios, que como he dicho es progresiva, ha dado nuevas y nuevas luces hasta alcanzar el sol definitivo en Cristo Nuestro señor. Cristo quiere que cada uno de nosotros ya no busque, ya deje de buscar una Nínive que sea como la imagen de los pecados. Ya ahora no hay que buscar a alguien fuera de nosotros para alegrarnos de su ruina, ya no hay que reconcentrar toda nuestra antipatía contra el pecado de una persona y decir: "Este es el culpable", "esta es la culpable". Ahora Cristo quiere que entendamos, dando un paso más, que en realidad el gran drama de la humanidad se vive en cada uno de nosotros y en cada corazón. Y que la victoria no hay que lograrla sobre otras personas, sino la victoria hay que lograrla sobre esa superación del corazón sobre sí mismos. La gran lucha, por consiguiente, la gran victoria es la lucha consigo mismo, y la gran victoria es la victoria sobre sí mismo. Claro que alguien podría decir: "Bueno, pero si yo venzo sobre mí mismo quiere decir que yo también perdí". Pues sí, eso es cierto. Y por eso la gran victoria es también la gran pérdida.

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