viernes, 12 de agosto de 2016
Enseñanza
Jesús no oculta este aspecto de su enseñanza: "El que quiera salvar la vida, la perderá" San Mateo 10,39; el que no quiera perder nada, termina perdiéndolo todo. Porque el que no quiere perder nada, no se da cuenta de que en sí mismo lleva mala semilla, y como no quiere ser limpiado, como no quiere que le quiten nada, pues tampoco le quitan su semilla de pecado, y por eso vive las consecuencias de su desgracia y termina por arruinarse enteramente.
Al contrario, "el que pierda su vida" San Mateo 10,39, dice Cristo.
Necesitamos como renunciar a todas las cosas, no olvidándolas, sino como dejándolas, como superándolas; tenemos que dejar todas las cosas para buscar al que es Hacedor y Restaurador de todas las cosas. De este modo, Jesús completa la enseñanza de los Profetas, o mejor, la lleva a plenitud.
El Profeta nos ha enseñado que el pecador es víctima de su pecado; Cristo nos enseña que con su gracia, ya no tenemos que buscar enemigos ni competidores afuera de nosotros, sino que el gran drama se vivirá dentro de nosotros.
Por supuesto que Nínive logra redimirse a sí mismo. Las palabras de Cristo son una invitación a acoger la gracia de Dios, una invitación a sabernos, también nosotros, víctimas de nuestros propios pecados. Orgullo sería y de mala ley, orgullo sería extrañarnos de que hayamos pecado; lo rarísimo sería que no lo hubiéramos hecho.
Cristo no nos da este lenguaje para que nos extrañemos de nuestro pasado, sino para que con su gracia nos abramos a un futuro, en el cual, en cierto modo, lo dejamos todo, pero en el cual, ciertamente, ganamos todo con Él. Bendito sea su Santísimo Nombre, bendita sea la gracia de su Espíritu.
Que Él que nos da esta enseñanza, la imprima, la escriba en nuestro corazón. Que sepamos nosotros también, que si un día logramos vencer sobre nosotros mismos, la victoria fue de Él, el triunfo fue suyo y la gloria es de su Nombre.
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