miércoles, 3 de agosto de 2016

Rescatarte

San Pablo que él se alegra y que él contempla el misterio escondido durante siglos y lo resume él diciendo: “También los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo por el Evangelio”Carta a los Efesios 3,6. Es muy importante porque siempre que en la Biblia se hable de los gentiles, nos están hablando a nosotros, nos están diciendo algo a nosotros. Nosotros somos "coherederos, somos miembros del Cuerpo de Cristo y somos partícipes de la promesa" Carta a los Efesios 3,6. “Mediante la Iglesia los principados y potestades en el cielo conocen ahora la multiforme sabiduría de Dios" Carta a los Efesios 3,10. Es un derroche del amor de Dios y de la sabiduría de Dios que nosotros podamos tener la misma herencia que el pueblo de la Alianza, es decir, del pueblo de Abraham, Isaac y Jacob. "La riqueza insondable que es Cristo, según el designio eterno realizado en Cristo Jesús, por quien tenemos libre y confiado acceso a Dios por la fe en Él" Carta a los Efesios 3,11-12. El Evangelio viene a traer para nosotros una manera nueva de relacionarnos con Dios y nosotros podemos y debemos orar así. En nuestras necesidades, en nuestros agradecimientos, en nuestras esperanzas, nosotros debemos invocar la cláusula de la Alianza, esta palabra de la Carta a los Efesios y decirle a Dios: "Yo tengo libre y confiado acceso a ti, porque yo tengo fe en Jesucristo". Yo tengo libre y confiado acceso a ti, porque yo creo en tu Hijo Jesucristo, Yo quiero que tú me hagas participar de las riquezas insondables de tu Hijo, yo quiero que tú me permitas experimentar cuáles son esas riquezas. El corazón humano tiene nostalgia del paraíso, el corazón humano tiene el anhelo secreto de pasarla bien, sin ninguna preocupación, sin que nadie se meta conmigo. Jesús habló no del paraíso, sino habló del Reino de Dios, habló del reinado de Dios, habló de la búsqueda, de la presencia majestuosa y sobrerana de Dios en medio de nosotros. El Reino de Dios, hasta cierto punto, es el contraste, es la otra cara del paraíso. La idea del Reino de Dios es tan ancha como las necesidades del mundo, es tan ancha como el número de los pobres, es tan amplia como el número de los enfermos, es suficiente para que quepamos todos nosotros los necesitados. Sólo si ellos caben, cabe Jesús, "porque lo que hicisteis a uno de estos mis más humildes hermanos, a mí me lo hicisteis" San Mateo 25,40. Jesús escogió amarrar su suerte, amarrar su vida, amarrar su presencia a los más pequeños, a los siempre despreciados, a los que excluimos de primeros, Jesús escogió amarrar su suerte a ellos. Sólo puedes reconocer que Jesús es tu Salvador, sólo puedes reconocer que Dios es tu Señor y tu Salvador, si en lo peor de tus momentos tiene todavía fe suficiente para admitir que el Señor de la gloria es tu Redentor. Pero cuando llegue el peor de tus momentos, cuando estés agonizando, o cuando te llegue una ruina, Dios no lo quiera, o una enfermedad, no te la deseo, pero esas cosas suceden, cuando estés ahí en lo peor de tu vida, ahí necesitas poder creer que hay un Dios que es capaza de abajarse y rescatarte.

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