domingo, 14 de agosto de 2016
Ezequìas
Cuando Ezequías se sabe enfermo, "se vuelve hacia la pared" Isaías 38,2 .En eso se ve un simbolismo muy bello.
Ezequías oye la palabra, oye el diagnóstico de su enfermedad mortal, pero él da la espalda a las voces de los hombres. Ese volverse hacia la pared, es un acto muy sencillo, pero que sirve para ilustrar una actitud muy profunda.
Ezequías oye el diagnóstico del mundo, pero le da la espalda a eso. Se vuelve hacia la pared y hace oración. Tratemos de aplicar este hecho a nuestras vidas, como una enseñanza .
Muchas veces se ha dado sentencia de muerte a la Iglesia. Los sumos sacerdotes, ya en tiempo de los Apóstoles, decretaron sentencia de muerte: "Hay que acabar con esas sectas perniciosas"Hechos de los Apóstoles 5,33, y declararon que se tenían que morir.
Entre ellos, un hombre, Gamaliel, dijo: "¡Un momento! Si esto es de Dios, esto permanece, esto sale adelante, esto pervive" Hechos de los Apóstoles 5,38-39.
"Las puertas del infierno no prevalecen contra la Iglesia" San Mateo 16,18
Son casos en que tenemos que hacer lo que hizo Ezequías: Ya oí lo que me dijeron; ahora yo me vuelvo hacia Dios y a Dios le clamo, le ruego: Señor, tú sabes lo que hay en mí." "Con largo llanto" Isaías 38,3, como Ezequías, se pide misericordia y Dios da su respuesta.
Pero aunque nosotros no estemos en ese caso, -y Dios nos libre-, sí tenemos la experiencia de que el pecado llega como esa enfermedad de Ezequías. Es que la enfermedad llegó donde Ezequías pisando fuerte: "Aquí llegué y hasta que te mate". Ezequías oyó la sentencia, dio la espalda a esa sentencia, se volvió hacia la pared, "como entrando en su aposento" San Mateo 6,6, según diría después Jesucristo, e "hizo oración y largo llanto"Isaías 38,2-3.
Se humilló en la presencia de Dios. Le dijo: "Tú lo sabes todo, tú sabes cuál es mi corazón y aquí estoy" Isaías 38,3, y Dios lo libró de esta enfermedad, la enfermedad prepotente que pretendía recortarle la vida a Ezequías.
Ezequías no se resignó, se rebeló frente a la enfermedad que había llegado con prepotencia a su cuerpo, diciendo: "Bueno, eso será lo que dice la enfermedad, pero ahora voy a hablar con Dios". Ante Dios se humilló, porque su fuerza no estuvo en él, su fuerza estuvo en el llanto, en la oración, en postrarse, en rogar hasta el fondo. Así pidió y así obtuvo respuesta: "Tú lo sabes todo, Señor, voy a pedirte".
Ezequías tomó sus medidas, para ver que la palabra que le iba a llegar, era la Palabra de Dios. Porque sólo Dios puede hacer retroceder la sombra en un reloj de sol. "A mí no me engaña cualquiera. Que venga la palabra de parte de Dios, y ahí sabré que Dios me ha respondido".
Nosotros somos esperanzados . Luego, uno también tiene que pedirle al Señor señales claras.
Lo primero, la actitud viril, la actitud fuerte, la actitud vigorosa frente al pecado, hacerle fórmula de lanzamiento y "no nos vamos a resignar". Pero, segunda parte, tenemos que buscar la señal de Dios, la de Dios, el Creador y Redentor.
¡Busca sólo a Dios y lo que Dios sólo puede hacer! ¡Frente al pecado, rebélate! En la oración humilde, la oración arrepentida, la perfecta abnegación y renuncia de nosotros, la búsqueda de la voluntad de Dios como Él quiera, cuando Él quiera y porque Él lo quiere.
Que Dios en su misericordia traiga su Espíritu a nuestros corazones, ilumine nuestras mentes y nos permita reconocer su paso, su bendito paso en nuestras vidas.
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