domingo, 30 de octubre de 2016

Unigènito













En la Carta a los Efesios, en el primer texto, es un himno de alabanza que San Pablo hace al plan de Dios. Realmente necesitaríamos mucho tiempo para tomar un poquito de cada una de esas frases y saborearla.
Asimilemos lo que nos dice San Pablo: “Dios nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales” Carta a los Efesios 1,3.
Es como si San Pablo nos dijera: "Ea, venid todos, acercaos, hay una fuente en la que se encuentra el bien, sólo el bien y todo el bien". Enseñanza para nosotros: acerquémonos a Jesús buscando el bien, sólo el bien, todo el bien.
Qué maravilloso es acercarse a Jesús, porque es en la persona de Cristo donde Dios Padre nos ha regalado toda clase de bendiciones espirituales y celestiales; qué bueno acercarnos a la persona de Jesús y encontrar el bien, sólo el bien y todo el bien.
Decía una enamorada de Jesucristo,  Santa Catalina de Siena: "Tú eres dulce y no tienes mezcla de amargura"; Él es sólo el bien. Jesús es todo el bien.
Qué bueno acercarnos a Jesús y sentir que todo lo que podemos necesitar está en Jesús: nuestras necesidades corporales, nuestras necesidades materiales, laborales, económicas, de salud, nuestras necesidades afectivas, espirituales, mentales, familiares, sociales.
Acudamos más a Jesús, busquemos más su enseñanza, creamos más en su palabra, confiemos más en su poder, supliquemos más de su Espíritu, porque en Él esta todo.
Jesús es la fuente de los bienes, Jesús es sólo bien y es todo el bien; y no se le puede dar la espalda a Jesús impunemente, porque el que se niega a reconocer el señorío de Jesucristo, proclama en últimas el señorío del capricho, de la pasión, del dinero, del pecado o de cualquier otro ma
Por eso, Jesús es el lugar escogido por Dios para otorgarnos el bien, sólo el bien y todo el bien. Esa es una frase que podemos conservar.
 “Él nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos” Carta a los Efesios 1,5. Nuevamente nos habla San Pablo de la persona de Cristo, estamos destinados a compartir el destino de Cristo, Cristo es "el Hijo", y nosotros estamos llamados a ser "los hijos".
Cristo, que era el Único, el Unigénito, se ha convertido en el Primogénito; el Unigénito era único, pero ese Cristo, por obediencia de amor al Padre, por compasión con nosotros, sin dejar de ser Unigénito, ahora es Primogénito entre muchos hermanos.
Nos ha llamado este Jesús, nos ha llamado a compartir su propia herencia, nos ha llamado a recibir de sus propios bienes, ha querido que nosotros llamemos a Dios con la misma palabra cariñosa que Él utiliza: “Abbá”, Papá; que nosotros podamos sentir que Dios es tan Padre de nosotros como de Él.
En la oración sacerdotal del capítulo diecisiete de de San Juan, Jesús le pide a Dios Padre por los discípulos, es decir por nosotros, y dice: “Para que ellos se sientan, se sepan, para que sean amados con el mismo amor con que tú me amaste” San Juan 17,23.
Jesús no retuvo codiciosamente el ser el Unigénito sino que, compasivamente, quiso convertirse de Unigénito en Primogénito, para que todos nosotros, junto con Él, pudiéramos recibir el amor del Padre, y pudiéramos recibir la herencia.
Dios nos ha bendecido en la persona de Cristo. En Cristo puedo encontrar el bien, sólo el bien y todo el bien.
Cristo, el Hijo, nos hace hijos, porque el que era Unigénito, por compasión a nosotros ha querido convertirse en Primogénito entre muchos hermanos, para que todos, en Él y con Él, gocemos de su misma herencia.

A Él alabanza y honor por los siglos.

enviado






Cristo Palabra decisiva, como última Profecía, como último Enviado del Padre. Ese carácter último de Cristo, hace que Él haya sido llamado "el profeta Escatológico", el Profeta de los últimos tiempos, o quizá dicho más sencillamente, el Último Profeta.
Con Cristo nos acercamos así al final de una historia triste, pero también al principio de una historia de amor. Con Cristo nos acercamos al culmen rebosado de las maldades humanas, pero también a la palabra final, a la palabra decisiva de Dios, y esa palabra pronunciada en la Cruz, es misericordia, es perdón.
Cristo es el último de los Profetas, es la Palabra última de Dios, es la Palabra completa y decisiva del Padre, y por eso recibir a esa Palabra es ganarlo todo, y perder esa Palabra es perderlo todo.
"Que venga sobre nosotros, que caiga sobre nosotros su sangre" San Mateo 27,25, gritaba la ignorancia y la rabia del pueblo judío alebrestado por sus jefes, allí frente a Pilato.
"Que caiga su sangre sobre nosotros y nuestros hijos" San Mateo 27,25, es un modo semita de indicar: "Nosotros nos hacemos responsables de ese crímen".
Cuando así gritaban, quizá sin saberlo, estaban cumpliendo esta profecía: "Se le pedirá cuenta a esta generación" San Lucas 11,51.

Si bien se mira, "que caiga sobre nosotros su sangre" San Mateo 27,25, aunque fuera dicho con rabia o con ignorancia, era una hermosa súplica.

viernes, 28 de octubre de 2016

Voluntad

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Conformarse con la voluntad de Dios, es lo màs grande y lo màs meritorio que podemos hacer. La mansedumbre, la bondad, la  benevolencia, el perdón, sí. por grave que sea la crisis del hombre de nuestro tiempo y por mucho que el mundo parezca cada día en el punto de romperse se encuentra en el Evangelio, encarnado a través de los siglos en la Tradición de la Iglesia que constantemente desarrolla su misión sacramental, el único faro que puede ayudar al hombre, cada hombre, esa huella divina que lo distrae del horizonte terreno y lo hace, desde ahora, ciudadano de la Jerusalén celeste.

El  evangelio nos animan a todos, que somos pecadores y que tanto necesitamos de la misericordia de Dios, a confiar en Él. “A todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida”, “porque el Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad” (Salmo). Dios, no sólo nos perdona, sino que quiere entrar y comer El derecho judío mandaba devolver el doble de lo robado (. Ex 22, 4.7) con la excepción de la famosa oveja robada y, si sacrificaba, había que pagarle cuatro veces más (Ex 21, 37 con 20, 1). Sólo así Jesús “se hospedó”  en su “casa”, es decir, entró la gracia de Cristo en el alma de Zaqueo. Pero primero hubo contrición de corazón, propósito de enmienda, confesión de boca y satisfacción de obra. Adiós, Zaqueo, te seguimos en la leyenda, que nos informa que fuiste discípulo de san Pedro, que san Pedro te consagró obispo para Cesarea-

miércoles, 26 de octubre de 2016

Fundamental

Me amó a mí, también a tì, y se entregó a la muerte por mí.  Un aspecto fundamental de la vida espiritual es tomar enserio esta realidad; Dios y yo; Dios me ama a mí, muere por mí, viene a mí...  Un hombre, soy el centro del amor divino.  Lo que hace por mí, lo hace con infinito amor personal. En forma mucho más perfecta todavía Dios me ama a mí, y todo lo que hace lo hace por mí...
Si yo llegara a tomar en serio esta realidad.  ¡Jesús muere por mí!  ¡Qué arranques de amor sacaría de mi pobre alma, el comprender algo siquiera de lo que Cristo ha hecho por mí!  ¡Mi vida sería entonces entera para Él!  Si Él dio su vida por mí, dé yo mi vida por Él... y dándola como Él.
El Rosario 
Los pecadores obtienen el perdón.
2. Las almas sedientas se sacian.3. Los que están atados ven sus lazos desechos.4. Los que lloran hallan alegría.5. Los que son tentados hallan tranquilidad.6. Los pobres son socorridos.7. Los religiosos son reformados.
8. Es una petición lindísima, lo que Pablo pide es que esté en nosotros la efusión viva del Espíritu, la presencia viva de Cristo, para que tengamos raíz en el amor y para que alcancemos a conocer el amor, para que el amor sea nuestro principio, eso indica raíz, y para que el amor sea nuestra meta, y eso lo sugiere San Pablo cuando dice: "El amor de Cristo que excede todo conocimiento" Carta a los Efesios 3,19.
¡Qué hermosura de oración! La Eucaristía es la oración por excelencia de la Iglesia, en la Eucaristía llevamos todas nuestras intenciones.
Pidamos al Señor, por intercesión de San Pablo, que nos haga hombres y mujeres de oración, que nosotros, llenos de estos mismos sentimientos, aprendamos a orar.
Toda petición la va a recibir Dios, Él es un Padre amoroso, Él recibe, acoge nuestras palabras y nos va formando, educando, pero indudablemente, oraciones como éstas son raciones que acarician, cautivan, atraen de modo particular la bendición de Dios.

Que Él se glorifique en nuestra vidas y nos haga verdaderos orantes.

martes, 25 de octubre de 2016

Dejò


El cristianismo al que hemos sido llamados, desde que le dijimos a Cristo que queríamos seguirlo, es una configuración entera y total con Él, nuestro modelo, nuestra vida...    Configuración total, por tanto sin excluir las cumbres de su vida de amor y donación que se manifiestan sobre todo en su Pasión dolorosa.  Y todo esto, por mí... por mí, para elevarme a mí a la altura de su amor.
En esta meditación vamos a conocer cuál es el amor que Jesús nos ha tenido; tanto amó Dios al mundo que nos dio a su Hijo Unigénito y no sólo nos lo dio, sino que el Hijo Unigénito por nosotros fue dando todo cuanto podía dar, fue dándolo en la forma del mayor desprendimiento, y tomó sobre sí cuanto podía hacerlo sufrir, y todo por amor. Hagamos un sencillo recorrido de lo que Jesús dejó por nosotros.  Todo lo que puede constituir el bienestar humano lo sacrificó Jesús .  Nació sacrificándolo todo, porque para nacer fue a buscar un humilde establo, lo más miserable que parecía existir sobre la tierra; luego fue prófugo en un país extraño, para darnos ejemplo de ese abandono de todo lo humano y descansar tranquilo en la confianza amorosa del Padre de los cielos...  Vuelve a Nazareth y tiene un humilde pasar.  Pero aún eso quiere dejarlo, porque aún hay algo mas que ofrecer.
Pobre había sido siempre el vestido de Cristo.  Su túnica mojada en su propia sangre... pero ¡es su túnica!  Y la ha de dejar para vestir el vestido de los locos, ser el hazme reír de todos...  Se le despoja de todo: sus vestidos son distribuidos entre sus verdugos y sobre su túnica echaron suertes.  Y el Rey del cielo, el que ha creado los astros, el sol y el follaje de las plantas, que viste a las aves del cielo y a los lirios del campo, por amor al hombre, por amor a mi, para enseñarme la sublime lección de sabiduría, el saber dejarlo todo cuanto está de por medio la voluntad de su Padre de los cielos, muere desnudo.  Nada ha querido retener, ni siquiera un paño que cubra su cuerpo...  ¿Y yo?  Mi vestido...

Durante sus años de predicación comía lo que le daban.  Ahora pide algo que apacigüe su sed, y le dan hiel y vinagre ¡Cuánto ha dejado Jesús! Señor, Señor, ¡qué vergüenza me da mi falta de mortificación llevada al extremo!  Estoy atado por tantas consideraciones cuando se trata de la gloria de Dios.

jueves, 20 de octubre de 2016

Templo




Hay tanta riqueza en el Evangelio, tomado del capítulo once de San Marcos, que uno podría dejarse de reflexionar en lo que dice : Cristo sobre el templo: el templo, llamado a ser casa de oración, ( Mc 11,15-17).

El templo de Jerusalén no tenía un solo recinto, sino que tenía como varios espacios concéntricos, de modo que había un espacio que era el más santo de todos, o el espacio más sagrado, que se llamaba, precisamente, el “Sanctum sanctorum”, o el “Santo de los Santos”, y ahí solo podía entrar el sumo sacerdote. Alrededor de ese espacio, había otro espacio, que correspondía al lugar de los sacerdotes; únicamente los de la tribu de Leví (los levitas: una de las doce tribus de Israel), podían estar en ese espacio. Luego, alrededor de ese, había otro espacio más grande, que era donde podían estar los varones (pues, había una segregación muy fuerte entre hombres y mujeres), que era llamado el “atrio de Israel”; ahí podían estar los hombres. Luego viene otro espacio más grande, donde ya podían estar las mujeres; y luego, otro último espacio, que era el “atrio de los gentiles”, a donde podían llegar los visitantes. 

Seriedad

 Es importante descubrir, la seriedad del amor y su responsabilidad, sì el amor es serio, el amor es serio porque el amor tiene poder en el corazón de las personas; el amor desarma a las personas; el amor quita las barreras, quita la protección, quita los escudos, deja desnuda el alma.
 Ante el amor es necesario recobrar una actitud, yo diría sagrada; el amor que une, a los amigos, el amor que une a la pareja, el amor que une a padres e hijos, el amor a la patria, también el amor a la humanidad.
En una pareja, precisamente porque se aman, sueltan sus armaduras, y en el unbral de cuerpo y alma, muestran lo más débil de su corazón y de su vida al otro.
El mundo necesita recordar hoy la seriedad del amor, "no podemos maltratar a los que amamos". Decía Confucio: “La única ley para que una amistad dure se llama respeto, es lo único que necesita".
El respeto en las relaciones humanas, tiene que saber detenerse ante el umbral del otro y entender que cuanto más nos manifiesta su amor, más débil se hace ante nosotros.
Cuando miro a los papás cargando a sus pequeños niños, cuando miro a las parejas tomadas de la mano, yo digo: ¿serán conscientes de que el amor es serio?
Si nosotros retomamos esta responsabilidad con el niño pequeño, con el amigo de siempre, con el papá, con la mamá, con el esposo, con la esposa, si comprendemos que ahí está sucediendo una especie de milagro, un misterio que es más grande que nosotros, estoy seguro de que obramos de otra manera.
 Necesitamos detener nuestras palabras muchas veces, nuestras actitudes, nuestras miradas.



 Necesitamos recuperar la seriedad del amor, y ahí está Cristo con estas palabras duras recordándonos con firmeza que en el amor hay seriedad.
Papás, ustedes no saben muchas veces el dolor que le han causado a sus hijos,   es tan terrible lo que puede darse, es tan desigual esa relación, el papá por lo menos puede cerrar la puerta e irse a otra parte, el hijo no tiene esa posibilidad.
Papás, hay que orar por los hijos: "Señor Dios, lo que yo no le supe dar a mi hijo, lo que yo no le podía dar a mi hijo, por favor, dáselo tu".
Hijos, ustedes pueden herir y tal vez han herido terriblemente a los papás,  ¡Cuántas renuncias tienen los papás!" Y eso también es desigual.
Necesitamos orar mucho unos por otros, no pierdamos la oportunidad de arrodillarse un momento a solas en su habitación, es tan hermoso  esas oraciones Dios las oye.
Enfrentar la juventud no es fácil ni para los jóvenes ni para los papás de los jóvenes, no es fácil, pero a través del camino de oraciòn Dios abre puertas.
 Jesucristo nos dice: “Tened fe en Dios” San Marcos 11,22. Dios, que te hizo, te puede rehacer, Él sí puede, no hay nada en tu vida que Dios no lo pueda reconstruir, incluso mejor de como estaba.
 Dios puede rehacer todo; ten fe en Dios, con esa fe grande tú puedes cambiar de vida y desde ti puedes recobrar esa seriedad y hermosura del amor, para reconstruir un tejido vivo a tu alrededor.
Es lo que Dios quiere de ti, que por donde tú vayas se pueda decir lo que se dijo de Cristo: "Pasó haciendo el bien"Hechos de los Apóstoles 10,38.
vuélvete a Jesús vuélvete a Él, confía en Él, “tened fe en Dios” San Marcos 11,22, dice Cristo; vuélvete a Él, haz el experimento de sentir la reconstrucción del amor de Dios en tu vida, y empieza a vivir: “Mi mano está llena de su bendición, y al hermano que toque, bendito sea; 

martes, 18 de octubre de 2016

Ungido








El prójimo llega a mi vida sin explicación. No busques el prójimo a través de explicaciones porque no las tiene. El prójimo no llega ante ti dentro de un esquema lógico, dentro de un esquema racional.El prójimo es precisamente aquel que tú no programaste.
 El prójimo es aquel que me rompe mi proyecto, el prójimo es aquel que me interrumpe, es aquel que me interrumpe mi proyecto aquel porque irrumpe en mi vida. En la medida que el prójimo rompe,- es la misma raíz de irrumpir, de interrumpir-; en la medida en que el prójimo rompe con esa lógica, con ese proyecto, con ese deseo que yo tenia, en esa medida se convierte en prójimo mío.
Ante nuestros ojos, nos agachamos, nos abajamos. Tenemos compasión es eso, es bajar con el otro, bajar a la situación, a la verdad, a la realidad, al dolor del otro. Eso fue lo que hizo el buen samaritano.
Nosotros necesitamos esa misericordia,: la necesitamos porque nosotros estamos caídos y necesitamos redención, y la necesitamos para poder darla a otros.
Vienen a la mente las palabras San Pablo cuando dice: "Nosotros llegamos a consolar a los demás con el consuelo que hemos recibido de Dios" 2 Corintios 1,4, dice en algunas de sus Cartas a los Corintios.
Si no hemos sido consolados por Dios, no podemos consolar a otros; si no hemos sido destinatarios de compasión, no podemos ser fuentes de compasión. En la medida que me reconozco como hombre tirado en el camino, que ha recibido la visita del Dios compasivo, en esa medida, transformado por esa compasión, también yo adquiero el don, la capacidad de agacharme, de abajarme ante el hermano. Necesito recibir misericordia, porque necesito dar misericordia.
. El samaritano ungió al pobre hombre que estaba caído, pues eso también necesitamos nosotros, necesitamos la unción del Espíritu.
Pidamos entonces al Señor que nos de la unción de su Espíritu, para que seamos transformados, para que seamos no sólo objetos de misericordia, sino sujetos capaces de dar misericordia a los hermanos.

Que Dios se alegre en nosotros, que su Evangelio suceda en nosotros, y a través de nosotros, en el mundo entero.

sábado, 15 de octubre de 2016

Job

 El libro de Job es una especie de parábola que nos plantea temas de Teología al igual que las parábolas que usó Cristo. La historia de Job va evolucionando, vimos en un primer momento que a Job le sucedieron muchas desgracias y que con todas esas desgracias encima su primera reacción fue sumamente noble, aguantó y dijo: “El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó” (Jb 1,21). Pero nos damos cuenta  Job se ve luego agobiado por la magnitud de su dolor, y esto es hermoso en el sentido de que nos damos cuenta que la Biblia es un libro para gente real, y la gente real pasa por momentos muy duros, y cuando las personas están aplastadas por el dolor, seguramente dicen cosas como las que dijo Job: “para que nací, por qué no me morí chiquito, estaría tranquilo descansando en una tumba” (  Jb 10-13); ese es lenguaje que utiliza Job y eso es lo que muchas personas sienten. Este libro no nos quiere dejar simplemente en el momento de la desesperación, lo mismo que tantos salmos tienen palabras tan fuertes, esto no debe extrañarnos porque la Biblia es como una mano tendida que Dios nos da para agarrarnos ahí donde puede sostenernos y atraernos poco a poco con correas de amor hacía su corazón. Dios que nos sostiene sacándonos de nuestra miseria es el que se manifiesta aquí, es un proceso el que viven las personas.  El salmo que rezó Cristo en la cruz: “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado” (Sal 22,2); si encuentramos una persona que dice: “Dios me abandonó” seguramente le diriamos “¡Oiga pero no hable así! ¡tenga fe!”, pero esa persona tal vez Dios la está llevando por un camino, como el que describe este salmo, y ese camino va desde el dolor del que dice: “Dios me abandonó”, hasta la confianza absoluta del que dice: “Dios es mi victoria”. Es decir que el salmo le ayuda a hacer un camino, lo mismo el libro de Job, el cual toma las palabra de aquellos que están agobiados de dolor pero los va conduciendo a partir de ahí y a través de ese mensaje y de ese camino los lleva a una confesión real de la gloria divina.

 Job, se da cuenta de que Dios es mucho más grande que su cabeza, las ideas y los planes son mucho más grandes; entonces Job que en el momento de la explosión dijo: “!yo para qué nací!” (  Jb 1,10); ahora ya cambia y ahora dice: “Dios es grande, Dios puede estar cerca: “Dios es grande, Dios puede estar cerca y no me doy cuenta” ( Jb 9,11); “Dios puede estar muy cerca de mi vida, Dios puede estar muy cerca de mí y yo no me he dado cuenta, Dios puede tener planes que no alcanzo a escrutar ni a entender”, Dios puede estar también en esto; Job, el mismo que estaba ebrio de dolor y explotando en su indignación ahora ya tiene una palabra diferente.Sigamos en este camino, también nosotros los que hemos pasado por circunstancias dìficiles

Trasmitido

"La Iglesia es Jesucristo transmitido, Jesucristo comunicado". A través de la predicación de la Iglesia, a través de la voz de la Iglesia que me trae esta Palabra, es Cristo que me sale al encuentro.
Hay momentos particulares, hay momentos singulares en que esa presencia de Cristo se hace más patente, se hace más densa, esos son los que nosotros llamamos los sacramentos.
Cuando me acerco a la confesión y el sacerdote me dice: "Te absuelvo de tus pecados, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu", esas palabras ya no son las palabras de un hombre mortal, no es él el que tiene la autoridad para perdonarme, es Cristo presente en ese sacerdote que me está dando el perdón, ahí puedo sentir, a través de la voz de la Iglesia, ahí puedo sentir la voz de mi Cristo.
Cuando la Iglesia te dice, por ministerio del sacerdote, del obispo: "Esto es mi Cuerpo, esta es mi Sangre", el sacerdote no está diciendo que ese es el cuerpo de él, sino está diciendo Cristo, es Cristo en persona el que está pronunciando esas palabras en medio de la comunidad; y cuando tú recibes, esa la Hostia Santísima, cuando tu sientes ese alimento que llega a tu corazón, es Cristo el que está acariciando tu vida.
La Iglesia prolonga esta bienaventuranza del del evangelio de hoy, la Iglesia es Jesucristo mismo, es Cristo transmitido, es Cristo prolongado; y tú recibes, especialmente a través de la predicación y de los sacramentos, tú recibes ese momento, esa presencia del Señor Jesús. Y así con los otros sacramentos.
El día que nos bautizaron, decía San Agustín: "Cuando alguien bautiza, es Cristo quien bautiza", fue Cristo quien dijo esas palabras: "Yo te bautizo en el nombre del Padre". Era Cristo tomando esa voz, tomando esa boca, diciendo esas palabras, metiéndose en su propio misterio, en el misterio de su Cruz, de su muerte, de su resurrección. Era Cristo el que lo estaba diciendo.
El evangelio está invitando a agradecer la humanidad, la corporeidad real de Cristo, agradecerla; pero a entender, que a través de la predicación de la Palabra en el ministerio de la Ïglesia, a través de la presencia de la Palabra en los sacramentos, Cristo nos sigue llamando feliz, recibimos esa Palabra, si la acogemos, si la hacemos nuestra, si la cumplemos, ahí es Cristo el que está visitándonos
Es impresionante. Yo les podría contar tantos testimonios, les cuento sólo uno. Hace poco una pariente de mi cuñada estaba gravísimamente enferma, esperaba un desenlace mortal, se encontraba en cuidados intensivos de alguna clínica allá en su ciudad, y la familia dijo: "Pues bueno, la unción de los enfermos, que no se muera sin sacramentos".
En la unción de los enfermos Cristo toma la humanidad del sacerdote y Cristo acaricia al enfermo y le da vida, y le da salud, y con esa fe grande nos fuimos, porque el sacramento de la unción no es un sacramento para que se termine de morir; es un sacramento, como todos los sacramentos, para la vida, vida en esta tierra, si es voluntad de Dios, vida eterna, si esa es la decisión de Dios.

 Dios está vivo en su Palabra, Dios está en sus sacramentos; Dios quiere acariciar a la gente, Dios quiere consolar a la gente, Dios quiere sanar a su pueblo, a través de la predicación y de los sacramentos, Cristo, el mismo Cristo de ayer, de hoy y de siempre, está presente y está obrando en su pueblo.Cuando entramos a una predicación con alegrìa y gozo tenemos que decir: "Cristo me abrió el entendimiento y como que pude entender la Escritura"; cuando asisitamos a la Misa, tienemos que decir: "Cristo partió para mí su Pan, me dio de sí mismo, sacó de sí para regalarme, para enriquecerme, para sanarme para instruirme".

domingo, 9 de octubre de 2016

Destinatarios







El prójimo es aquel que me rompe mi proyecto, el prójimo es aquel que me interrumpe, es aquel que me interrumpe mi proyecto aquel porque irrumpe en mi vida. En la medida que el prójimo rompe, es la misma raíz de irrumpir; en la medida en que el prójimo rompe con esa lógica, con ese proyecto, con ese deseo que yo tenia, en esa medida se convierte en prójimo mío.
El samaritano, fundamentalmente, se compadece. Ese es otro aspecto hermoso para meditar o para agradecer, por algo se ha llamado al mismo Cristo judío, se le ha llamado el Buen Samaritano.
Ese es Jesucristo, el Buen Samaritano. Y lo es sobre todo por esa palabra, la palabra compasión, la palabra misericordia. Esta es la palabra grande, indudablemente, de la Biblia, la palabra grande que en cierto modo llena todo el Nuevo Testamento: la compasión. Por compasión ha venido Cristo a esta tierra, por su compasión y misericordia somos redimidos, por compasión se abaja.
En el caso de la parábola, sucede ante nuestros ojos, se agacha, se abaja. Tener compasión es eso, es bajar con el otro, bajar a la situación, a la verdad, a la realidad, al dolor del otro. Eso fue lo que hizo el buen samaritano.
Nosotros necesitamos esa misericordia de dos maneras: la necesitamos porque nosotros estamos caídos y necesitamos redención, y la necesitamos para poder darla a otros.
Vienen a la mente las palabras del Apóstol San Pablo cuando dice: "Nosotros llegamos a consolar a los demás con el consuelo que hemos recibido de Dios" 2 Corintios 1,4, dice en algunas de sus Cartas a los Corintios.
Si no hemos sido consolados por Dios, no podemos consolar a otros; si no hemos sido destinatarios de compasión, no podemos ser fuentes de compasión. En la medida que me reconozco como hombre tirado en el camino, que ha recibido la visita del Dios compasivo, en esa medida, transformado por esa compasión, también adquiero el don, la capacidad de agacharme, de abajarme ante el hermano. Necesito recibir misericordia, porque necesito dar misericordia.
Son tantas y tan bellas las reflexiones que nos trae el evangelio,cada uno/a que reciba la visita del Buen Samaritano, a que reciba el aceite, tan bella esa imagen del aceite, la unción. El samaritano ungió al pobre hombre que estaba caído, pues eso también necesitamos nosotros, necesitamos la unción del Espíritu.
Pidamos entonces al Señor que nos de la unción de su Espíritu, para que seamos transformados, para que seamos no sólo objetos de misericordia, sino sujetos capaces de dar misericordia a los hermanos.

Que Dios se alegre en nosotros, que su Evangelio suceda en nosotros, y a través de nosotros, en el mundo 

Gracia








A través de la predicación, a través de la gracia del Espíritu Santo, que es el Predicador interior, como que ese Cristo despierta y aparece ante los ojos del ser humano, y entonces podemos decir como  San Pablo: "Se dignó revelar a su Hijo en mí" Carta a los Gálatas 1,16.
Es muy interesante lo que dice el Apóstol San Pablo, "Cristo murió para reunir a los hijos de Dios dispersos".
La predicación del Evangelio es para reunir al pueblo que ya le pertenece a Dios; ya son suyas todas las naciones; son suyas todas las vidas; son suyas todas las historias.
Los predicadores, cuando llegan a los pueblos, las naciones, las gentes, no llegan a introducir un elemento extraño a esas vidas, sino a dar la clave de lectura de lo que ya esa persona esta viviendo. Cristo, especialmente en su Cruz, es la clave de lectura de todos los sinsabores, absurdos, cuestionamientos, grietas, del pensamiento humano.
No se llega a agregarle algo a la vida, sino llega a despejar, por la fuerza del Espíritu Santo, a despejar, por una obra nueva de la gracia, eso que ya está, de algún modo en mi corazón, para que esa persona descubra, también ella, que desde el seno de su propia madre, Dios la había elegido y la había llamado a la gracia.

Siguendo las huellas de San  Pablo, y siguiendo este escrito a los Gálatas, recibamos esta preciosa catequesis 

Justicia





San Pablo habla de la justificación, habla de llegar a ser justo.  Ser justos en la Biblia es algo más que eso. Ser justos es estar habitado, estar poseído por la justicia de Dios, estar a paz y salvo con Dios.
Allí donde está Dios, no cabe la injusticia, cuando en la Biblia se habla de justicia,  sino se está pensando en la manera de relacionarse con Dios.
Ser justo ante Dios es poder permanecer en su presencia, es estar en una relación abierta con Él, una relación sincera, una relación sin tropiezos. Más o menos como lo que sucede cuando dos personas está en buenos términos, cuando son buenos amigos, cuando no hay problemas entre ellos, cuando se entienden; eso es es lo que quiere decir justo. Es una relación de claridad, de amistad, estar a paz y salvo con Dios, estar tranquilo ante Dios.
 Es una relación de amistad, es una atmósfera en la que no hay nada que ocultar, en la que no hay nada que esconder.
. Llegar a la justificación es estar a paz y salvo con Dios; es poder sentir que no tengo nada que esconder a Dios, que puedo tratarlo con una relación abierta, sincera, como la de un hijo que está feliz al lado de su papá o de su mamá.

La redención es un regalo por el que Dios comprende, por el que Dios abarca, envuelve nuestra miseria y entiende lo que somos.

sábado, 8 de octubre de 2016

Vida Eterna


Poseer a Dios... y llenar eternamente con nuevos y nuevos aspectos mi inteligencia sedienta de verdad.  No es mirar y saciarme, sino penetrar y ahondar un libro inagotable, porque es infinito y mi inteligencia permanece finita.  Es un viaje infinitamente nuevo y eternamente largo.

Hay momentos en que se tiembla de ser perturbado: tan bella es la armonía, tan interesante el pensamiento; más armoniosos y más profundos serán los conocimientos del cielo.  Esto, por toda una eternidad, sin temor que nadie nos perturbe.  Éxtasis de amor en el amor.  ¡El amor sin fin de Dios! ¡Dios es Amor!  Él nos amará, y lo amaremos sin sombras, sin temor de malos entendidos.

¡Hoy estarás conmigo!”, le dijo Jesucristo al ladrón.  No había para que decir en el paraíso, porque estar con Jesucristo es el Paraíso.  Cuando los Apóstoles vieron un rayito de su luz en la transfiguración… qué bueno sería quedarnos aquí.  El corazón más noble, el amigo por excelencia, el que posee todos los secretos de la grandeza humana.  En el cielo, junto a mí, será mi amigo, mi maestro.  ¡Vivir es vivir con Él!

Los seres amados en Cristo, poseídos en Él también en el cielo.  Vivir con mi madre... ¡seis meses de ausencia!  Qué ganas de volver a ver a los seres queridos...  Vivir, conversar, mirarse, unirse... sin que nada los separe porque ambos amarán lo mismo, verán las cosas en la misma forma, no habrá el temor de una incomprensión, y nada, ni la muerte, que no existirá, ni el cansancio, ¡¡ni el sueño vendrá a turbar este amor que será eterno!!

¡Vivir!  ¡Esto es vivir!  Cuando miro el viaje desde el cielo a la tierra...  Desde el amor del Padre a la cruz, ¡algo muy grande debe haber pretendido!  No se explica tamaña humillación sino por un motivo muy grande.  ¿Por qué el Padre nos ha dado su Hijo?  Por algo muy grande: Para darnos la vida... pero ¿qué vida?  La vida divina: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10).  Vino a hacernos sus hijos, verdaderos hijos de Dios, hijos verdaderos de Dios y, por tanto, herederos del cielo. 

¿Demasiado bella esta doctrina?  Sí, ¡demasiado para nuestra concepción humana!  Imposible para la cabeza y el corazón deL SER HUMANO... y por eso quien no se resigna a entrar en los planes de Dios, quedará extraño a la fe cristiana.  “En verdad te digo, que si un hombre no nace de nuevo no puede ver el Reino de Dios.  ¿Cómo puede un hombre nacer de nuevo cuando es viejo?  ¿Puede acaso entrar una segunda vez en el vientre de su madre y nacer de nuevo?  En verdad te digo que si un hombre no nace del agua y del Espíritu Santo no puede entrar en el Reino de Dios (Jn 3, 3-4).

¡Señor que haga yo la verdad, para que llegue a tu luz, luz indefectible, luz alegre, luz verdadera¡  ¡luz que es vida!

Señor yo quiero creer, para llegar a amar.
Señor yo quiero creer, para poder alcanzar.
Señor yo quiero creer, porque quiero vivir tu vida, contigo.
Con Jesucristo mi amigo,
Con mi Madre María,
Con mis seres queridos,
Con tus Ángeles y Santos.
Por siempre jamás.

Amén.  Amén.  Amén.

Anhelo


 El hombre quiere vivir.  Anhelo profundo de nuestro espíritu, el más profundo: vivir.  Si uno ha conocido alguna belleza anhela seguir poseyéndola. La naturaleza se resiste a morir.  Cuesta morir, el hombre se defiende -“No pierde la esperanza” 

La grandeza de nuestro espíritu
Por más grande que sea su amor, siempre le queda una apetencia para algo mayor.  Por eso que el hombre es el rey de la creación.  Porque es el único capaz de comprender y de tender a lo infinito.  Vivir... recordar nuestro destino.  Lo infinito.  Lo que no tiene límites en todo lo que es perfección.
Dios, que es bello, más que el sol naciente; tierno, más que el amor de una madre; cariñoso, íntimo, más que el momento más de cielo en el amor; fuerte, robusto, magnífico en su grandeza.  Santo, santo, santo, sin mancha.  Eso será realidad en todo lo que tiene de belleza, y mucho más... ¿Comprensión, ternura, intimidad, compañía...?  ¡Sí, la tendré!
Mirar mi vida a la luz de la eternidad.  Mis amores a la luz de la eternidad...  Mi profesión... el uso de mi tiempo... a la luz de la eternidad.  Los sacrificios que Dios me pida...  Mi vida de estudios, el tiempo que dé a esas realidades tangibles, mudables, sombra de realidad, frente a la gran realidad, la eterna.
La santidad a la que Dios me llama, que me parece austera; la vida de oración, las mortificaciones, mi apostolado, a la luz de la eternidad...  Toda la santidad, a la luz de la eternidad: ¡¡Eso es vivir!!

Alegría, ¡y qué feliz se vive cuando se piensa en lo eterno!  Allí está mi morada...  ¿Dolores?  Pasan, pero la eternidad permanece.  ¿Muerte?  No, un hasta luego, sí ¡hasta el cielo!  ¡Hasta muy pronto!  ¿Pobreza?  Pero si se aligera gran valor allí.  Bienvenido.  ¿Enfermedades?  La deformidad pasará y con mis ojos veré a Dios para siempre.  ¿Qué puede turbar a quien mira lo eterno?  Con razón decía Santa Teresa: Nada te turbe; nada te espante... ¡Sólo Dios basta!  Es el invencible, el inconfundible, el que siempre ríe, el constante, el esforzado, el caritativo... el que todo lo mira a esa luz, la gran luz, ¡¡la de lo eterno!!
Recordemos lo que decía el Señor: El Reino de los cielos es semejante a un hombre que descubrió un tesoro, y habiéndolo descubierto, ¡vendió todo para comprar aquel campo! (Mt 13,44).  Venderlo todo.  Es lo que han hecho los santos, los mártires, es lo que hacen los cristianos de 

Voz

La voz del profeta y del predicador realizan un ministerio de limpieza, de purificación ( Jn 15,3). También hay acciones que purifican, como la que vemos hoy en la acción de Jesús. Seguramente todos amamos la pureza y todos queremos ser templos vivos del Dios vivo ( 1 Cor 6,19). Pregunta: ¿estamos dispuestos a ser purificados por el Señor, aunque ello implicara algo como la escena que vemos hoy en el Evangelio?
Jesús purifica el templo y luego inicia un intenso ministerio de predicación en el templo purificado. La pureza no es un fin en sí misma, sino un espacio que abrimos para acoger más y mejor la gracia y la palabra. La pureza es como el silencio: nos libera del peso muerto, del pasado estéril, del ruido estorboso, y nos abre el mensaje precioso del Dios Santo y Bello.
 El acto de Jesús se convierte en una especie de sentencia de muerte contra sí mismo. La purificación por la palabra llegará a ser purificación por la Sangre. Puesto en el Lugar Santo por excelencia, según el sentir de los judíos, su palabra barre no sólo los negocios de quienes comerciaban en el templo, sino también las pesadas y engañosas cargas de quienes se tenían por maestros del pueblo. Cristo los desautoriza; clausura un tiempo que ya no daba más de sí, e inaugura una realidad nueva que tiene por centro su mensaje y su vida misma. Es lógico que sus adversarios le vieran como un estorbo chocante en extremo, y que, dentro de esa lógica, buscaran el modo de quitarlo de en medio.
Finalmente, sin embargo, y a precio de Sangre, el templo es ahora nuevo. El Lugar Santo es el Cuerpo de Cristo, presente y vivo en nuestro altar, en nuestras manos, en nuestro corazón. Viene hoy también Jesucristo a dar pureza y a invadir con su diluvio de amor y justicia nuestra existencia.

martes, 4 de octubre de 2016

Sabidurìa








En el libro de la Sabiduría: "Tú te compadeces de todos porque todo lo puedes" 11,23.  por eso, en esa aparente debilidad de Jesucristo, en esa debilidad del Corazón de Dios, debilidad por los débiles, esa atracción que tiene Dios por el más pequeño, por el más humillado, es al mismo tiempo, la muestra más perfecta de su poder.
En este momento, saquemos tres enseñanzas para nosotros.
Primera: este es un mensaje de mucha esperanza, porque de muchos modos nosotros experimentamos nuestra vida como caña resquebrajada y nuestra fe como pábilo vacilante.
Saber que Dios va a mostrar su poder especialmente en nuestra debilidad, es la mejor noticia que se le podía dar a la estirpe humana; saber que nuestra debilidad va a ser ocasión propicia, ocasión próxima y cercana para la obra de Dios, y que nunca Dios mostrará tanto que es Dios como ahí, esa es una noticia de mucha esperanza para nosotros no sólo por las debilidades que tengamos hoy, en este momento, sino porque al mirar el curso de nuestra vida, todos tenemos zonas oscuras, zonas heridas por el pecado, cada quien de acuerdo con su debilidad.
Dios obra con nosotros como el médico al que llega un herido gravísimo, un accidentado espantoso, y el médico cuida con mayor cariño y con mayor ciencia, con mayor cuidado lo que está más herido. Esto nos mueve a una confianza sin límites en Dios y a un deseo irreprimible de entregarle todo lo que somos, empezando precisamente por lo más miserable de nosotros mismos.
 Es verdad que todas nuestras fortalezas y talentos pueden ser ocasión de división, de envidia, de presunción, pero hay un vínculo más profundo que nos une: somos una comunidad de compadecidos, gente de la que Dios se apiadó.
Aprender a descubrir en cada hermano, en cada hermana y en la familia, en el cónyuge, que lo que nos une es: Dios se apiadó de esa persona, como se apiadó de mí". Ese sí es fundamento para la vida comunitaria, este sí.¿Por qué esta hermana aquí? Porque Dios la amó, porque Dios se compadeció de ella, porque Dios quiere conducirla. Estas sí son razones para fundamentar la vida comunitaria.
En la Eucaristía. En la humildad, en esa pobreza última de la Hostia, ahí está la máxima manifestación de Dios.
La contemplación desde la Eucaristía, nos ayuda a recordar continuamente, diariamente este modo singular que Dios escogió para mostrar su poder, su amor y su sabiduría.
Dios sabe construir santos y apóstoles en medio de las tinieblas. Moisés tenía todas las razones del mundo para ser un cómplice del sistema opresor. Era tenido por hijo de la hija del faraón. Había sido criado en la corte.
Este hombre, el que es misteriosa y maravillosamente llamado por Dios para una misión ardua y difícil como pocas, la salida de Israel del país de Egipto. Mire cómo, en ese caso, Dios tenía su propio plan.
Esos son lugares, donde también Dios sabe entrar, y sabe sacar sus santos, y sabe hacer brillar a sus apóstoles, y sabe hacer su obra. Esos son lugares maravillosos, en los que Dios logra sus santos más acabados, las obras más hermosas de la gracia.
De pronto tú eres un salvado de las aguas. De pronto en ti hay una especie de Moisés. De pronto en tí hay la semilla de un gran santo, de un apóstol.
Mira, uno puede apasionarse, uno no puede enamorarse de la belleza de la mirada de Cristo, sin cultivar la pureza en el corazón, no se puede. No se pueden mirar esos ojos, no se puede uno enamorar de esos ojos sin buscar un alma transparente, serena, limpia, luminosa. Uno no puede enamorarse de las palabras de Jesucristo, de de la belleza de la palabra de Jesucristo sin volverse oyente, sin volverse contemplativo y adorador de Jesucristo.
Jesucristo es el amor grande de nuestras almas, y Jesús se apodera de nuestros corazones con esas dos herramientas que estamos viendo en la lectura de hoy: con la hermosura de su vida, con la hermosura de su alma, con la hermosura de su palabra y con la compasión que tiene ese corazón.

Descubrir el corazón compasivo, el corazón misericordioso de Jesucristo y fascinarnos por esa misericordia, este es el otro gran antídoto.