domingo, 9 de octubre de 2016

Gracia








A través de la predicación, a través de la gracia del Espíritu Santo, que es el Predicador interior, como que ese Cristo despierta y aparece ante los ojos del ser humano, y entonces podemos decir como  San Pablo: "Se dignó revelar a su Hijo en mí" Carta a los Gálatas 1,16.
Es muy interesante lo que dice el Apóstol San Pablo, "Cristo murió para reunir a los hijos de Dios dispersos".
La predicación del Evangelio es para reunir al pueblo que ya le pertenece a Dios; ya son suyas todas las naciones; son suyas todas las vidas; son suyas todas las historias.
Los predicadores, cuando llegan a los pueblos, las naciones, las gentes, no llegan a introducir un elemento extraño a esas vidas, sino a dar la clave de lectura de lo que ya esa persona esta viviendo. Cristo, especialmente en su Cruz, es la clave de lectura de todos los sinsabores, absurdos, cuestionamientos, grietas, del pensamiento humano.
No se llega a agregarle algo a la vida, sino llega a despejar, por la fuerza del Espíritu Santo, a despejar, por una obra nueva de la gracia, eso que ya está, de algún modo en mi corazón, para que esa persona descubra, también ella, que desde el seno de su propia madre, Dios la había elegido y la había llamado a la gracia.

Siguendo las huellas de San  Pablo, y siguiendo este escrito a los Gálatas, recibamos esta preciosa catequesis 

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