A
través de la predicación, a través de la gracia del Espíritu Santo, que es el
Predicador interior, como que ese Cristo despierta y aparece ante los ojos del
ser humano, y entonces podemos decir como
San Pablo: "Se dignó revelar a su Hijo en mí" Carta a los Gálatas 1,16.
Es muy
interesante lo que dice el Apóstol San Pablo, "Cristo murió para reunir a
los hijos de Dios dispersos".
La
predicación del Evangelio es para reunir al pueblo que ya le pertenece a Dios;
ya son suyas todas las naciones; son suyas todas las vidas; son suyas todas las
historias.
Los
predicadores, cuando llegan a los pueblos, las naciones, las gentes, no llegan
a introducir un elemento extraño a esas vidas, sino a dar la clave de lectura
de lo que ya esa persona esta viviendo. Cristo, especialmente en su Cruz, es la
clave de lectura de todos los sinsabores, absurdos, cuestionamientos, grietas,
del pensamiento humano.
No
se llega a agregarle algo a la vida, sino llega a despejar, por la fuerza del
Espíritu Santo, a despejar, por una obra nueva de la gracia, eso que ya está,
de algún modo en mi corazón, para que esa persona descubra, también ella, que
desde el seno de su propia madre, Dios la había elegido y la había llamado a la
gracia.
Siguendo
las huellas de San Pablo, y siguiendo
este escrito a los Gálatas, recibamos esta preciosa catequesis
No hay comentarios:
Publicar un comentario