domingo, 30 de octubre de 2016

Unigènito













En la Carta a los Efesios, en el primer texto, es un himno de alabanza que San Pablo hace al plan de Dios. Realmente necesitaríamos mucho tiempo para tomar un poquito de cada una de esas frases y saborearla.
Asimilemos lo que nos dice San Pablo: “Dios nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales” Carta a los Efesios 1,3.
Es como si San Pablo nos dijera: "Ea, venid todos, acercaos, hay una fuente en la que se encuentra el bien, sólo el bien y todo el bien". Enseñanza para nosotros: acerquémonos a Jesús buscando el bien, sólo el bien, todo el bien.
Qué maravilloso es acercarse a Jesús, porque es en la persona de Cristo donde Dios Padre nos ha regalado toda clase de bendiciones espirituales y celestiales; qué bueno acercarnos a la persona de Jesús y encontrar el bien, sólo el bien y todo el bien.
Decía una enamorada de Jesucristo,  Santa Catalina de Siena: "Tú eres dulce y no tienes mezcla de amargura"; Él es sólo el bien. Jesús es todo el bien.
Qué bueno acercarnos a Jesús y sentir que todo lo que podemos necesitar está en Jesús: nuestras necesidades corporales, nuestras necesidades materiales, laborales, económicas, de salud, nuestras necesidades afectivas, espirituales, mentales, familiares, sociales.
Acudamos más a Jesús, busquemos más su enseñanza, creamos más en su palabra, confiemos más en su poder, supliquemos más de su Espíritu, porque en Él esta todo.
Jesús es la fuente de los bienes, Jesús es sólo bien y es todo el bien; y no se le puede dar la espalda a Jesús impunemente, porque el que se niega a reconocer el señorío de Jesucristo, proclama en últimas el señorío del capricho, de la pasión, del dinero, del pecado o de cualquier otro ma
Por eso, Jesús es el lugar escogido por Dios para otorgarnos el bien, sólo el bien y todo el bien. Esa es una frase que podemos conservar.
 “Él nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos” Carta a los Efesios 1,5. Nuevamente nos habla San Pablo de la persona de Cristo, estamos destinados a compartir el destino de Cristo, Cristo es "el Hijo", y nosotros estamos llamados a ser "los hijos".
Cristo, que era el Único, el Unigénito, se ha convertido en el Primogénito; el Unigénito era único, pero ese Cristo, por obediencia de amor al Padre, por compasión con nosotros, sin dejar de ser Unigénito, ahora es Primogénito entre muchos hermanos.
Nos ha llamado este Jesús, nos ha llamado a compartir su propia herencia, nos ha llamado a recibir de sus propios bienes, ha querido que nosotros llamemos a Dios con la misma palabra cariñosa que Él utiliza: “Abbá”, Papá; que nosotros podamos sentir que Dios es tan Padre de nosotros como de Él.
En la oración sacerdotal del capítulo diecisiete de de San Juan, Jesús le pide a Dios Padre por los discípulos, es decir por nosotros, y dice: “Para que ellos se sientan, se sepan, para que sean amados con el mismo amor con que tú me amaste” San Juan 17,23.
Jesús no retuvo codiciosamente el ser el Unigénito sino que, compasivamente, quiso convertirse de Unigénito en Primogénito, para que todos nosotros, junto con Él, pudiéramos recibir el amor del Padre, y pudiéramos recibir la herencia.
Dios nos ha bendecido en la persona de Cristo. En Cristo puedo encontrar el bien, sólo el bien y todo el bien.
Cristo, el Hijo, nos hace hijos, porque el que era Unigénito, por compasión a nosotros ha querido convertirse en Primogénito entre muchos hermanos, para que todos, en Él y con Él, gocemos de su misma herencia.

A Él alabanza y honor por los siglos.

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