domingo, 9 de octubre de 2016

Destinatarios







El prójimo es aquel que me rompe mi proyecto, el prójimo es aquel que me interrumpe, es aquel que me interrumpe mi proyecto aquel porque irrumpe en mi vida. En la medida que el prójimo rompe, es la misma raíz de irrumpir; en la medida en que el prójimo rompe con esa lógica, con ese proyecto, con ese deseo que yo tenia, en esa medida se convierte en prójimo mío.
El samaritano, fundamentalmente, se compadece. Ese es otro aspecto hermoso para meditar o para agradecer, por algo se ha llamado al mismo Cristo judío, se le ha llamado el Buen Samaritano.
Ese es Jesucristo, el Buen Samaritano. Y lo es sobre todo por esa palabra, la palabra compasión, la palabra misericordia. Esta es la palabra grande, indudablemente, de la Biblia, la palabra grande que en cierto modo llena todo el Nuevo Testamento: la compasión. Por compasión ha venido Cristo a esta tierra, por su compasión y misericordia somos redimidos, por compasión se abaja.
En el caso de la parábola, sucede ante nuestros ojos, se agacha, se abaja. Tener compasión es eso, es bajar con el otro, bajar a la situación, a la verdad, a la realidad, al dolor del otro. Eso fue lo que hizo el buen samaritano.
Nosotros necesitamos esa misericordia de dos maneras: la necesitamos porque nosotros estamos caídos y necesitamos redención, y la necesitamos para poder darla a otros.
Vienen a la mente las palabras del Apóstol San Pablo cuando dice: "Nosotros llegamos a consolar a los demás con el consuelo que hemos recibido de Dios" 2 Corintios 1,4, dice en algunas de sus Cartas a los Corintios.
Si no hemos sido consolados por Dios, no podemos consolar a otros; si no hemos sido destinatarios de compasión, no podemos ser fuentes de compasión. En la medida que me reconozco como hombre tirado en el camino, que ha recibido la visita del Dios compasivo, en esa medida, transformado por esa compasión, también adquiero el don, la capacidad de agacharme, de abajarme ante el hermano. Necesito recibir misericordia, porque necesito dar misericordia.
Son tantas y tan bellas las reflexiones que nos trae el evangelio,cada uno/a que reciba la visita del Buen Samaritano, a que reciba el aceite, tan bella esa imagen del aceite, la unción. El samaritano ungió al pobre hombre que estaba caído, pues eso también necesitamos nosotros, necesitamos la unción del Espíritu.
Pidamos entonces al Señor que nos de la unción de su Espíritu, para que seamos transformados, para que seamos no sólo objetos de misericordia, sino sujetos capaces de dar misericordia a los hermanos.

Que Dios se alegre en nosotros, que su Evangelio suceda en nosotros, y a través de nosotros, en el mundo 

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